57
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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57. La voz del león
La granja de su maestro se había convertido en la “Residencia Conmemorativa del General León”.
La academia donde aprendió a cazar dragones, ahora era una atracción turística.
Así que, dentro de este enorme Imperio, tal vez el único lugar donde León aún podía sentir algo de nostalgia era el orfanato Casmod.
Cuando León llegó allí con Rebecca y Martin, justo coincidieron con la hora de la cena.
Los niños habían montado largas mesas de madera en el patio y estaban colocando bancos alrededor.
Dejaron intencionalmente libres los asientos a ambos lados del centro de la mesa.
Eran los sitios para los maestros.
Las jóvenes monjas llegaron cargando las bandejas y fueron colocando los platos uno a uno:
Una comida sencilla, pero cálida.
León, Rebecca y Martin se quedaron de pie en la entrada del orfanato, observando la escena en silencio.
—Oh, llegamos justo para la cena, podemos aprovecharnos un poco —dijo Rebecca, dándose golpecitos en la barriga.
—¿Tú piensas en otra cosa que no sea comer? —resopló Martin.
Rebecca lo pensó un segundo, luego respondió con toda la seriedad:
—Dormir, jugar y…
Alargó intencionalmente la última palabra, vendiéndole misterio al tonto otaku que tenía al lado.
Martin, tal como se esperaba, cayó en la trampa.
—¿Y… qué más?
—Y tú.
“…”
El pobre Martin, sin experiencia alguna en el amor, fue manipulado una vez más por su igualmente inexperta pero astuta compañera.
La carita del joven se puso roja de inmediato. Desvió la mirada torpemente.
—¡Seguro te refieres a trabajar en equipo en combate! Sí, eso debe ser…
—La guerra ya terminó, Martin. No tenemos que luchar más.
—¡E-entonces debe ser… por las rondas diarias, porque somos compañeros!
—Tampoco, es solo porque estoy pensando en ti, sin más.
—¡No digas esas cosas raras, Rebecca!
—Lo digo, lo digo~ ¡Martin se puso rojo, Martin se puso rojo~!
León miró de reojo a sus dos antiguos compañeros.
Como hombre casado desde hace cinco años, le bastó una sola mirada para entender la situación.
Su conclusión fue:
—Estos dos… son realmente muy buenos amigos.
(Y pensar que la Reina Plateada se enamoró de un idiota tan denso… lo suyo sí que fue un milagro)
(Aunque, conociendo a Roswitha, seguramente llegaría a la misma conclusión que yo si los viera así…)
—Vamos, entremos a ver —dijo León.
—Sí, capitán.
Los tres cruzaron el patio.
Un par de niños se acercaron con curiosidad.
—Hola, ¿ustedes vinieron por algo?
El que preguntó era uno de los mayores. Aunque decir “mayor” era mucho decir: apenas se notaba la diferencia. Sus ojos grandes y confundidos reflejaban cierta timidez.
Rebecca se agachó frente a él, sonriendo:
—¿Qué crees tú? ¿Para qué venimos?
—Mmm… tía, tú eres muy joven, así que supongo que no vienes a adoptar, ¿verdad?
Rebecca ?( ° ? °
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