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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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62 — Luna de pesadilla
La persecución de Sombra y Adam seguía en curso.
En su ruta hacia el sur, el equipo había logrado reunir aún más información.
Esa noche, León, Rebecca, Martin y Nacho se sentaron alrededor de la fogata, organizando y resumiendo toda la información recopilada hasta ahora.
—Nos topamos con varias razas más o menos amistosas durante el viaje —comentó León—. Y lo interesante es que sus reportes coinciden casi al cien por ciento.
—Hace no mucho, una enorme criatura apareció por estos lares, y luego siguió volando hacia el sur.
—Y todos la describen igual: un dragón colosal, alas que cubren el cielo, escamas gris oscuro, ojos rojos… Aunque parece que su ojo izquierdo está dañado, siempre lo tiene cerrado.
Nacho asintió y continuó:
—Durante la guerra entre humanos y dragones, esta región al sur fue una de las menos afectadas. Aquí conviven muchas razas, y hay demasiados intereses cruzados. Ni los humanos ni los dragones querían desatar conflictos aquí. A lo sumo, hubo roces menores.
—Lo que significa que ver un dragón en esta zona es extremadamente raro.
—Y, sin embargo, todos vieron al mismo dragón casi al mismo tiempo.
—Por cierto, León —añadió—, ¿tu esposa te habló alguna vez sobre la apariencia del Rey Dragón del Martillo, Adam?
León negó con la cabeza.
—Adam es una figura de alto rango dentro de los dragones. Puede pasar décadas, incluso siglos, sin mostrarse. Mi esposa es joven aún, tiene poco más de doscientos años… Así que no conocerlo en persona es bastante normal.
Rebecca parpadeó un par de veces y murmuró en voz baja:
—Poco más de doscientos años y joven…
Remarcó ese “poco” con tono burlón.
—Capitán, me parece que convivir tanto con tu esposa ya te hizo perder toda referencia humana sobre la edad.
—¿Cómo que “su referencia humana”? ¿¡Yo no soy humano!? ¿¡No soy humano, acaso!?
Originalmente, Rebecca estaba sentada entre León y Martin.
Pero apenas soltó eso, se corrió más cerca de Martin, riéndose:
—Eh, bueno… considerando que llevas un pedazo de tu esposa implantado, técnicamente es difícil definir si sos humano o dragón, capitán… ¡Ay!
León le dio un coscorrón seco.
—Volvamos al tema.
El capitán retomó el hilo con seriedad:
—Así que, por ahora, lo único que podemos hacer es asumir que el dragón que vieron en el sur es Adam. Y tiene sentido, considerando la información que conseguimos de aquel implantado de escamas: Sombra y Adam sí están activos en esta zona.
—Ajá. Pero la gran duda es… ¿qué demonios están haciendo aquí?
—Y esa —respondió León, mirando fijamente las llamas— es justo la razón por la que vinimos hasta acá.
El fuego se reflejaba en sus ojos negros, donde ardía una resolución feroz.
—Descubrir sus planes. Y después, exterminar a estos restos del pasado.
—Y si hace falta… podemos saltarnos la primera parte.
Martin, que se mantenía callado como siempre, observaba atentamente al capitán.
No hablaba mucho, pero sabía leer el ambiente.
Y lo notaba: el capitán estaba tenso.
Toda esta misión al sur le recordaba a los días en que andaban en campaña con la unidad cazadragones. Viajaban durante el día, descansaban por la noche, cazaban monstruos salvajes para comer, asaban conejos o faisanes cuando había suerte…
Y en aquel entonces, el capitán era frío y calculador. Jamás se lanzaba a una batalla a lo loco.
Pero ahora… con Sombra y Adam, León parecía inquieto. Incluso ansioso.
O quizás… preocupado.
Martin entendía por qué. León ya no era solo un guerrero.
Era el líder de la Hermandad del León.
Hijo de la familia Tiger.
Padre de varios niños.
Y esposo de la reina dragón plateada.
Cuantos más roles, más responsabilidades. Y más cosas que proteger.
La ansiedad… era natural.
Martin solo podía rezar en silencio para que todo terminara pronto.
Porque incluso alguien tan fuerte como su capitán no podía soportar tanto estrés eternamente.
—Nacho, ¿cuál es nuestro próximo destino?
Nacho sacó el mapa y señaló una zona.
—Según los informes, el dragón que vieron probablemente se dirigía hacia un bosque en el sur. Es una zona donde suelen aparecer criaturas peligrosas. Me da la impresión de que podría estar relacionado con los planes de Sombra.
Y no era una mala suposición.
El Imperio también había cazado muchas bestias peligrosas para sus experimentos de fusión, creando abominaciones con corazas de escamas protectoras.
El viejo Kon fue el más abominable de todos.
Así que si Sombra se había dirigido a esa zona… era muy probable que buscara algo parecido.
León también estuvo de acuerdo.
—¿Cuánto nos falta para llegar a ese bosque?
Nacho hizo cálculos rápidos.
—Más o menos una semana.
—¿Y tenemos información más específica sobre esa área?
—Sí. A pesar de que hay muchos peligros en el Bosque de la Luna de Pesadilla, la mayoría de criaturas son de nivel A o B. Las razas cercanas suelen hacer sus pruebas de madurez ahí, o celebran rituales de iniciación. Además…
—¡Espera!
León lo interrumpió bruscamente.
—¿Cómo dijiste que se llama ese bosque? ¿Luna de Pesadilla?
—Ajá. ¿Qué pasa?
El rostro de León se volvió súbitamente serio.
Sacó un sobre del bolsillo interior de su chaqueta y desplegó la carta en su interior.
Era la carta que Roswitha le había enviado hace un mes.
En ella, le contaba que estaba embarazada. Y también mencionaba que Noa, su hija mayor, tenía pronto el examen de ascenso en la academia.
¿Y el lugar del examen…?
Justamente ese: el Bosque de la Luna de Pesadilla.
Hizo cuentas mentales. En unos cuatro o cinco días, comenzaba el examen. León conocía bien el calendario escolar de su hija.
Apretó los labios, guardó la carta y se puso de pie con urgencia.
—Tenemos que apurarnos. Nacho, avisa al equipo. Tres horas de descanso más, luego salimos. Rumbo: Bosque de la Luna de Pesadilla.
Todos captaron la gravedad de su tono.
Rebecca, Martin y Nacho se levantaron sin hacer preguntas.
—¿Capitán? ¿Pasó algo? —preguntó Rebecca, mucho más seria que de costumbre.
León miró hacia el sur.
La noche era tan densa que parecía tragarse el horizonte.
—Rebecca. Martin.
Apretó los puños. La imagen de Noa sonriendo apareció en su mente.
—Vamos contra el reloj.
Marcharon toda la noche, reduciendo enormemente el tiempo estimado para llegar al bosque.
León no dijo casi nada en todo el camino.
Y no solo Martin lo notó. Rebecca y Nacho también podían sentirlo.
En una pausa, León les explicó por qué la urgencia: su hija podría coincidir con el Rey Dragón del Martillo durante la evaluación.
No es que no confiara en las medidas de seguridad de la Academia Saint His…
Pero estamos hablando de Adam.
Un mercenario despiadado, sin límites.
Fue él quien, hace más de treinta años, hirió gravemente a la hija recién nacida de Konstantin, obligándolos a encerrarla en un cristal durante décadas.
Y por eso mismo, León —ese padre obsesivo con su hija— estaba que se le salía el corazón por la boca.
No iba a permitir que la tragedia de Konstantin y Heffy se repitiera con él y Noa.
Jamás.
Jamás.
—¡Capitán! ¡Tenemos algo adelante!
Corrieron al lugar desde donde venía el grito.
Encontraron el cadáver de una gigantesca bestia salvaje.
—Un mamut blindado de acero. Nivel S. Extremadamente resistente y poco común —dijo Nacho.
Pero su cara se torció.
—Aunque… la forma en que murió es…
No encontraba palabras para describirlo.
El pecho de la criatura estaba reventado, con los pulmones y el corazón destruidos, las costillas quebradas;
El costado estaba completamente hundido, como si lo hubieran embestido con una fuerza descomunal;
Y la cabeza tenía marcas de garras. Por el tamaño de los cortes, quien lo mató era mucho más grande que él.
—Un dragón —dijo Martin.
Las garras eran inequívocamente de dragón.
Como ex mago de apoyo, analizar escenas de batalla era parte de su especialidad.
—Pero… no sé qué clase de dragón podría aplastar así todo un costado de un mamut blindado.
León sabía lo resistente que era esa criatura. Konstantin usó partes de uno cuando revivió por primera vez.
Ni él, ni Roswitha, ni Isa pudieron atravesar esa armadura sin usar magia primordial.
—Y con golpes físicos simples… es imposible hacerle este tipo de daño.
—A menos que… —agregó Rebecca— hayan usado algún arma contundente. Pero… ¿qué tipo de arma podría…?
—Un martillo.
León lo dijo con voz baja.
—Un martillo de guerra…
Era él.
Ese mercenario.
Está aquí.
—Rebecca, prepárame papel y tinta. Martin, tráeme un dragón mensajero.
—¡Sí, capitán!
Llevaban varios dragones mensajeros. No había forma de ir sin ellos.
Una vez que todo estuvo listo, Rebecca preguntó:
—¿Vas a avisarle a la jefa?
León negó con la cabeza.
Roswitha estaba embarazada. No podía venir aquí.
Y el territorio del Clan Marino estaba demasiado lejos. Ni siquiera un dragón mensajero llegaría en pocos días.
Así que solo quedaba una persona.
Una que pudiera venir sin condiciones…
Y que también tuviera una cuenta pendiente de sangre con el Rey Dragón del Martillo.
Solo una.
Ese tipo.