80
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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79 Maestra Noa, intenta atacar por su espalda (Continuación)
—
—¡Entonces vamos, papá! Pero no te contengas demasiado…
Noa exprimió hasta la última gota de magia que le quedaba en el cuerpo y la canalizó toda en su Chidori.
—Oye, mocosa… si quieres que te ayude a darle una paliza a tu viejo, yo encantado, ¿eh?
Una voz conocida sonó repentinamente en su cabeza.
Desde la batalla contra Adam, el ancestro había entrado en un largo sueño, agotado por el uso excesivo de poder.
Y ahora, de repente, había despertado…
—¿Y tú por qué te despertaste así nada más?
—Con un momento tan emotivo entre padre e hija… ¿cómo no voy a asomarme a mirar? Lo veo y luego vuelvo a dormir —respondió el ancestro, igual de desvergonzado que siempre.
Noa soltó una risita, pero negó con la cabeza.
—No hace falta. La vez pasada, cuando jugamos al timbre, tú me ayudaste y ganamos juntos. Pero esta vez, quiero ver hasta dónde puedo llegar por mí misma.
—Sé perfectamente que no soy rival para papá… pero igual quiero saber qué tan lejos puedo ir.
El ancestro sonrió satisfecho, cerró los ojos.
—Esa es la chiquilla que tanto me gusta.
Cuando salió del espacio mental, Noa ya tenía completamente cargado el Chidori.
Esta sí era su última carta.
No tenía idea de cuál sería el resultado.
—
Padre e hija se miraban fijamente.
Ninguno se movía. Nadie atacaba.
Pero unos segundos después, como si lo hubieran acordado en silencio, ambos se lanzaron al mismo tiempo.
Era la primera vez que León atacaba primero en un combate contra su hija.
Eso solo significaba una cosa: se lo estaba tomando en serio.
Y eso… era una muestra de respeto hacia Noa.
Los profesores observaban la escena sin perder un solo detalle.
La estudiante más prometedora frente al oponente más duro de toda la escuela, el que jamás se contenía… ¿quién saldría ganando?
En el centro del campo, dos relámpagos cruzaron la pista y se encontraron de frente tras una corta embestida.
Uno alto, uno bajo.
Sus cuerpos chocaron.
La magia de ambos se entrelazó, creando una onda expansiva que estalló hacia todos los rincones.
El estallido del Chidori sonó como una tormenta partiendo el bosque en dos.
Rayos. Ruido. Vibraciones.
El espectáculo dejó boquiabiertos a todos los jueces.
—Lydia… tu alumna… ¿no será demasiado?
—Cuando pase a la División Juvenil, ¡que venga a mi clase!
—¿Y por qué a la tuya? Lydia, háblale tú, que se venga conmigo.
—¡Oye, viejo! ¡Tú enseñas magia de fuego y eso no va con Noa!
—¿Y qué? Me consigo un asistente.
Todos peleaban por tenerla.
Esa… era la mayor prueba de que Noa se había ganado el respeto de todos.
Pero eso vendría después.
El combate todavía no terminaba.
—
Por su estatura, Noa tuvo que levantar el brazo en un ángulo de 45 grados para alcanzar el impacto.
Sujetaba con fuerza su muñeca derecha con la mano izquierda.
El rayo explotaba en su palma.
Ambos estaban en un punto muerto.
Pero, en medio de ese duelo de magia, Noa sintió algo…
Papá había aflojado un poco la fuerza.
Ella lo entendió al instante: si seguían así, el primero en ceder… sería él.
Aunque esta fuera una prueba, su papá jamás la dejaría salir herida.
Pero Noa también sabía algo más:
Papá odiaba perder.
Ese viejo cabezón nunca había perdido en su vida. Aunque fuera su hija quien le ganara, eso no lo hacía más fácil.
Y Noa, que ya había llegado a su límite, no quería hacerle tragar una derrota así de fea.
—Gracias…
En medio de los rayos y la presión mágica, Noa murmuró una palabra.
León la escuchó claramente.
Pero… no entendía por qué le agradecía.
Aunque, a decir verdad, a estas alturas eso ya no importaba.
El combate… había llegado a su fin.
León bajó gradualmente la intensidad de su Chidori.
Y finalmente, retiró el ataque por completo.
Iba a dar un salto hacia atrás, por si acaso Noa no reaccionaba a tiempo y lo alcanzaba con lo poco que quedaba del hechizo.
No era que tuviera miedo de salir herido.
Solo quería evitar que Noa se sintiera culpable por pegarle.
Pero lo que no esperaba era que, justo al mismo tiempo, Noa también retrocediera y se alejara.
—¿Los dos se retiraron al mismo tiempo…? —comentaron los jueces—. Vaya, tienen buena sincronía.
—Entonces, Lydia… creo que ya puedes dar la señal de terminar, ¿no?
—Sí. Gracias a todos.
—Muy bien.
Uno de los profesores se levantó y anunció en voz alta:
—Simulación de combate con armadura negra, examen final de la Academia Saint Heath. Duelo entre Noa K. Melkwei y el participante 9527… ¡completado!
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