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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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79 Maestra Noa, intenta atacar por su espalda
Con razón, desde que entró, Noa sintió que esa armadura se veía demasiado bonita y bien cuidada…
Resulta que era el verdadero protagonista quien estaba dentro.
Aunque no sabía por qué su papá se había colado en el examen, ya que estaba ahí, Noa no pensaba desaprovechar esta oportunidad de oro.
A juzgar por los intercambios de hace un momento, papá no estaba conteniéndose demasiado.
Mucho más serio que cuando jugaron al juego del timbre durante el «Hombre lobo en vivo» en Ciudad Cielo.
Y eso le encantaba a Noa.
Por fin tenía la oportunidad de medirse de verdad con su papá.
Llevaba muchísimo tiempo esperando esto.
Claro, ella sabía que aún había una gran diferencia de nivel entre los dos… pero si no se enfrentaba a los fuertes, ¿cómo sabría hasta dónde podía llegar?
—
—Nada mal. Cambió su estrategia de ataque a medio camino… Esta chiquilla es muy ágil.
—Noa tiene mucha variedad táctica, eso es innegable. Pero su cuerpo aún está en desarrollo. No tiene ventaja en altura, y eso limita bastante su estilo. Una pena.
—Yo no lo veo como una pena. Para su edad, ya ha alcanzado un nivel altísimo. Que tenga esas “limitaciones” físicas es más bien una etapa. Un proceso de maduración. Algo que la está formando.
—Tienes razón. Con ese talento de combate tan brutal, cuando crezca un poco más… podría entrar rápido al nivel Rey Dragón.
—…
Los profesores no paraban de elogiarla. Y no exageraban nada.
Solo que lo que ellos no sabían… era que quien estaba en el examen con ella era su padre.
Y si bien es cierto que papá la adoraba, León era un papá cuerdo.
Sabía que esto era una prueba. Sabía que Noa tenía estándares muy altos consigo misma.
Si salía de aquí con la sensación de que no lo dio todo… se iba a quedar con las ganas.
Los demás profesores no conocían del todo a Noa. No sabían cuál era su verdadero límite. Por eso, era común que se contuvieran y le bajaran la dificultad.
Pero solo León, su primer maestro, el que mejor la conocía, podía manejar la intensidad justa para empujarla al límite sin hacerle daño.
—
En el centro del campo, Noa analizaba la postura de su papá.
Ya no estaba completamente erguido como al principio: ahora tenía el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante.
Claramente, su ataque anterior había hecho que él se pusiera serio.
Padre e hija se miraban a la distancia, con tensión.
—Así que… si se trata de ti, entonces tiene sentido que conozcas mis movimientos de ataque. Si quiero hacerte daño de verdad, no puedo usar las mismas técnicas de siempre que tú mismo me enseñaste, viejo tonto.
Desde dentro de la armadura, León también reflexionaba sobre lo que venía.
—Uf, qué susto. Estuve a punto de comerme ese rayo de la niña… Tendré que ponerme más serio. A ver, Noa… ¿de dónde vendrá tu próximo ataque?
Tras una breve pausa…
Noa fue la primera en lanzarse otra vez.
Pero esta vez, su velocidad de arranque era visiblemente más lenta, y no estaba reuniendo magia.
—¿Ataque físico…? Bien. Si no hay magia, puede concentrarse mejor en leer mis movimientos.
Y tal como León lo suponía, Noa lo estaba observando con atención mientras se acercaba.
—¿Izquierda? ¿Derecha?… No, no. Ese papá idiota ya debe tener esos ángulos cubiertos. No puedo usar los mismos trucos.
—Entonces…
Su mirada bajó.
Vio las piernas de su papá.
¿Y si usaba su baja estatura como ventaja para atacar desde abajo y hacerlo perder el equilibrio?
Pero… él estaba bien plantado. Había bajado su centro de gravedad.
Eso significaba que el ataque sería inefectivo… o peor: que él lo usaría como una abertura para contraatacar.
La distancia entre ambos se acortaba.
Los jueces aguantaban la respiración, expectantes.
Noa apareció frente a él con una finta fácil de leer, que León evitó sin problema.
Entonces ella agachó el cuerpo, acumuló fuerza en las piernas…
¡Y saltó!
—¿Ese salto…? ¡Qué potencia! ¿Cómo lo hizo?
—Debe haber usado alguna técnica física para mejorar sus atributos temporalmente. Pero… hasta donde recuerdo, nosotros no damos clases de combate cuerpo a cuerpo en la sección infantil, ¿no?
La tutora de Noa respondió enseguida:
—Correcto. No tenemos ese tipo de curso. Pero… Noa tiene unos padres excelentes. Me imagino que ellos fueron quienes se lo enseñaron.
—¡Ohh! Si desde tan pequeña puede usar técnicas físicas con esta soltura, ¡sus padres deben ser extraordinarios! Me encantaría conocerlos algún día.
No hace falta, profesor.
Ya estás viendo a uno de ellos ahora mismo.
—
En el aire, Noa formó un rayo en su mano derecha.
Un agudo chillido eléctrico atravesó el aire.
—¿Quiere usar la fuerza de caída para potenciar el impacto del Chidori? Buen intento… pero muy fácil de leer, mi pequeña.
León ya tenía varias formas de contraatacar en mente.
—Hmpf. Después de todo el esfuerzo que hizo para acercarse, pensé que intentaría caer a mi espalda. Pero si solo va a atacar desde arriba… no es una buena táctica.
—Sí, además, en el aire no puede cambiar de postura. Eso es un gran riesgo. Fácil de contraatacar.
—Se nota que se apresuró. Como los lados y la parte baja de 9527 están bien protegidos, la única opción era desde arriba. Pero no pensó en la potencia de su magia… ni tiene aliados que la cubran. Demasiado frontal.
En el campo, tal como los profesores decían, Noa descendía con su Chidori en mano, directa a la cabeza de su papá.
Pero al estar en el aire, no podía hacer ajustes.
Y como su velocidad de caída no era tan rápida, León tenía tiempo de sobra para reaccionar.
Los otros “tanques negros” que miraban también negaban con la cabeza:
—La niña se lanzó muy alocadamente. 9527 no se va a andar con juegos. Se la va a devolver con todo…
—Aunque, siendo justos… llegó más lejos que todos los anteriores.
—Yo, si estuviera en el lugar de 9527, no habría defendido con tanta perfección. Le habría dejado un par de huequitos, al menos…
Desde las gradas, los profesores también comentaban:
—Eso le va a costar puntos.
—Y yo que pensé que este año íbamos a tener un estudiante con puntaje perfecto. Ya me hice ilusiones.
—Lydia, no te ofendas. Sí, tu alumna es buena… pero no al nivel que tú esperabas, me temo.
Lydia, su tutora, mordía el labio, mirando fijamente a Noa mientras caía.
Por dentro, rezaba:
—Noa… eso no debiste hacerlo…
Todos pensaban que Noa estaba a punto de fallar estrepitosamente.
Pero solo ella seguía cayendo con la fuerza de una flecha, decidida.
Como una espada afilada abriéndose paso entre el viento.
—Tu ataque tiene demasiadas aberturas, Noa…
León se movió, alzó la mano. Desde ese ángulo, podía atraparla fácil del brazo.
Después de todo, en el aire no podría esquivar.
Pero—
—¿No estás hablando demasiado pronto, 9527?
—¿Qué…?
En ese momento, el chillido eléctrico cesó de golpe.
El rayo en la mano de Noa cambió de forma… ¡a una cabeza de lobo!
Magia de rayo nivel A: Lobo de Rayo Destructor.
—¡Qué cambio de técnica tan rápido! ¡Y tan fluido! —exclamó el subdirector Wilson.
Pero el director Olette bajó el entusiasmo:
—No servirá. A esa distancia, ni el Chidori puede alcanzar a 9527… mucho menos un Lobo de Rayo.
—Pero, ¿y si…?
Wilson, exaltado, apuntó al campo:
—¿Y si ese Lobo de Rayo no es para atacar… sino para redirigir su trayectoria en el aire?
—¿¡Qué!?
Olette volvió a mirar.
Noa, aún en el aire, había cambiado su técnica a Lobo de Rayo Destructor.
Pero no lo lanzó hacia León…
¡Lo lanzó hacia otro lado!
El impulso del hechizo hizo que su cuerpo girara en el aire, cambiando completamente la dirección.
¡Y en un ángulo imposible… cayó detrás de León!
—¡Qué locura! ¡Desde el principio nunca pensó atacar de frente! ¡Su blanco siempre fue la espalda de 9527!
—¡En un momento así de crítico fue capaz de usar la fuerza de retroceso del hechizo para redirigirse en el aire… y convertir su desventaja en su mayor arma!
—¡¡Puntos extra!! ¡¡PUNTOS EXTRA!! ¡Quiero una montaña de puntos para esta niña!
—¡Pana! ¡Te van a meter mano por detrás~!
El chillido eléctrico volvió a sonar.
Pero esta vez, con un tono triunfante.
El rayo iluminaba su rostro decidido, el aura mágica agitaba su cabello como llamas.
Papá…
—¡Una sola técnica… va a decidir todo!