Capítulo 69
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 69 — Te conozco demasiado bien, amigo
Esa tarde Kaizer y Moon estuvieron charlando durante mucho tiempo.
Aunque en realidad, la mayor parte de lo que tenía que decirle lo había dicho en los primeros momentos.
Después Moon le dijo que le resultaba muy interesante la historia de él y Safina de cuando eran pequeños, así que Kaizer básicamente no dejó de hablar de su infancia con su hermana.
Moon lo escuchaba muy atenta, y sin darse cuenta ya estaba anocheciendo.
Kaizer no sabía si la chiquilla había guardado algo de lo que le había dicho, pero consideraba que había cumplido bien con aquella «misión»…
Lo suficientemente bien como para rendirle cuentas a quien le había pedido que lo hiciera.
—Más o menos eso es todo.
Después de cenar, Kaizer se reunió con Leon y Rosweisse en la azotea del albergue de la Ciudad Flotante.
Los tres charlaban mientras les daba el fresco de la noche.
—Bien, gracias Kaizer. Nos has ayudado mucho —dijo Leon con sinceridad.
Kaizer sacudió la cabeza:
—No hay de qué.
Hizo una pausa y luego preguntó:
—Pero si vosotros ya os habíais dado cuenta de lo que le pasaba a Moon, ¿por qué no la consolasteis vosotros mismos y me pedisteis que lo hiciera yo?
En realidad, que Moon hubiera encontrado extraño que Kaizer se le acercara proactivamente esa tarde era del todo correcto.
Si Leon y Rosweisse no hubieran pedido ayuda, Kaizer con su cabeza de madera, que necesitaba que le recordaran hasta que tenía que contestar cartas, jamás habría detectado tan rápido el decaimiento de Moon.
Kaizer había querido hacer esa pregunta desde el principio, pero al ver la urgencia y la preocupación de los dos esposos, no insistió y accedió de inmediato.
Ahora, con la tranquilidad de la noche, sin nadie que los interrumpiera, Kaizer por fin expresó su duda.
Ante la pregunta de Kaizer, Leon y Rosweisse se miraron con una sonrisa, y luego Leon fue el primero en explicar:
—La verdad es que tanto yo como mi esposa nos dimos cuenta muy pronto de que el estado de ánimo de Moon podría verse afectado por el hecho de que Noa estuviera haciendo nuevas amistades. Pensamos muchas maneras de abordarlo, pero ninguna nos parecía viable.
—¿Ninguna viable? ¿Por qué? —preguntó Kaizer.
—Porque la chica ha crecido.
Rosweisse se inclinó ligeramente hacia adelante, con los dos antebrazos cruzados apoyados en la barandilla de la azotea. La brisa nocturna movía su cabello plateado y sus ojos dracónicos miraban el cielo oscuro y profundo a lo lejos:
—A esta edad los chicos entienden perfectamente todas las razones. Por eso, por mucho que les digamos, no sirve de gran cosa. Pero luego, mientras pensábamos y pensábamos, llegamos a otro punto clave.
Kaizer arqueó una ceja con curiosidad:
—¿Cuál?
—El sentido de identificación.
Rosweisse dijo:
—Las chicas adolescentes son muy sensibles por dentro. Rechazan la orientación y el consuelo de quienes las rodean, y no quieren escuchar la experiencia de nadie que haya pasado por algo similar.
»Solo confían en alguien que haya vivido algo parecido a lo que están viviendo ellas.
Dicho eso, Rosweisse y Leon miraron juntos a Kaizer. Y fue Leon quien continuó:
—Antes de que mi maestro y mi maestra me adoptaran, crecí en un orfanato. En aquel entonces, igual que Noa, era el que cuidaba a los hermanos y hermanas pequeños.
»Así que no tengo muy claro cómo se siente exactamente, al entrar en la adolescencia, quien siempre ha sido el que recibía los cuidados.
Kaizer parpadeó y comprendió más o menos lo que Leon quería decir:
—Eso lo entiendo. Leon, tú eras el que asumía las responsabilidades, y tu posición en la familia es diferente a la de Moon. Por eso Moon no puede identificarse con tu experiencia.
Hizo una pausa y miró a Rosweisse:
—Pero tú, Rosweisse, tienes a la señorita Isabelle. Como hermana menor, ¿no habrás tenido de pequeña experiencias similares a las de Moon?
Ante eso, Rosweisse sacudió la cabeza con una sonrisa:
—Lamentablemente, no, Kaizer.
»Antes de los cinco años sí viví con mi hermana en un desfiladero de entrenamiento y siempre fue ella quien me cuidó.
»Pero tampoco estábamos juntas todos los días. Ella tenía que ocuparse de los asuntos del clan de los Dragones Rojos y también de las pruebas para convertirse en Reina Dragón.
»Y en cuanto desarrollé suficiente conciencia, la abuela Verónica me llevó de vuelta al clan de los dragones de plata. Fue a partir de entonces cuando dejé de vivir con mi hermana.
La Reina se encogió de hombros:
—En pocas palabras, yo ya era bastante independiente antes de entrar en la adolescencia. Así que… tampoco puedo entender del todo a Moon en este momento.
Después de escuchar la explicación de los dos esposos, Kaizer reflexionó un instante y luego asintió con una expresión de comprensión…
Pero se detuvo medio segundo y se dio cuenta de que algo no cuadraba del todo. Se apresuró a añadir:
—Pero… pero eso tampoco tiene sentido. Vale, yo también tengo una hermana mayor, pero ¿cómo sabéis vosotros que lo mío de entonces era parecido a lo de Moon ahora?
Ante la duda del chico directo, Leon se acercó, le dio una palmada en el hombro con total seriedad y le dijo con tono sentencioso:
—Chico, llevas «hermana-dependiente» escrito en la cara. ¿Cómo crees que lo sabemos?
—…¿Cómo?
Rosweisse también se acercó y añadió:
—Leon exagera un poco, pero a juzgar por el trato que hemos tenido contigo estas semanas, la verdad es que dependes mucho de… Safina.
—No es así, Rosweisse, en realidad yo…
Sin dejar que Kaizer terminara su negación, el general Leon le cortó el conjuro antes de que lo lanzara:
—En pocas palabras, Kaizer: si no entendemos a Moon, ¿crees que a ti no te entendemos?
—…
En ese momento Kaizer recordó los años en el Palacio del Tiempo observando el pasado de ese grupo de personas.
Mientras admiraba que aquel hombre llamado Leon Casmod era poderoso, fiable y además amado por su esposa, Safina no olvidó advertirle expresamente:
«Cuando salgas, ten cuidado con la familia Melkwei. Especialmente con Leon.»
En su momento Kaizer no acababa de entender por qué había que tener cuidado.
La familia Melkwei era toda tan buena gente, tan agradable para hablar. Le encantaban.
Pero ahora Kaizer lo entendía.
Que el hermano Leon peleara fuerte era real. Que amara a su esposa y a sus hijas también era real. Pero que fuera una persona bastante singular… eso también era real.
Kaizer suspiró en silencio, sacudió la cabeza con una sonrisa y luego dijo:
—Sea como sea, ya he compartido mi experiencia con Moon. Espero que le sirva de algo.
—Moon es muy lista. Tarde o temprano lo entenderá.
Mientras conversaban, desde abajo, en el albergue, llegaron las risas y los juegos de las chicas.
Al mirar, estaban jugando al escondite.
Helena hacía de «buscadora», con los ojos tapados, a tientas intentando atrapar a las demás.
En poco tiempo, gracias a su oído afinado, Helena capturó a Moon, a Muse y a Xiaoxue.
—¿Y las que faltan dónde están…? Xiaoguang~, Viviane~, y…
«¡Noa, Noa!!»
Academia Saint-Hiss. Dormitorio de la División de Dragones Adultos. Takk se despertó de golpe de una pesadilla.
Se quedó sentado en la cama jadeando con fuerza, todavía sin recobrarse del susto.
Al cabo de un rato, Takk se calmó un poco, se frotó la frente con la mano y recordó el sueño que acababa de tener.
En él, se había convertido en el capitán general de la División de Dragones Adultos, había acumulado un sinfín de logros y glorias, y el mismísimo director Wilson le había entregado personalmente su condecoración.
Pero al final del sueño, Noa aparecía de la nada, lo reemplazaba y le arrebataba todos los honores que le pertenecían.
Takk apretó las sábanas en silencio. La imagen de Noa resonaba una y otra vez en su mente.
—Noa… maldita chiquilla… ¡Voy a demostrarle a todo el mundo que soy más fuerte que tú!
Estos días no dejaba de pensar en cómo superarla.
Aunque de boca nunca lo había admitido, Takk sabía perfectamente en su fuero interno que la capacidad y el talento de Noa estaban muy por encima de los suyos.
¿Qué tenía que hacer para ser más fuerte que Noa…?
¿Qué tendría que…?
—¿Quieres vengarte de Noa?
De repente, sin previo aviso, una voz ronca y grave resonó en la mente de Takk.
—¿Qué? ¿Quién… quién está hablando? ¡Ah!
Un zumbido doloroso estalló en su cabeza. Takk cerró los ojos apretando los dientes.
Y en medio de aquella oscuridad, le pareció ver un enorme y perturbador…
globo ocular.