Capítulo 122
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 122: Hay que pagar más
A la mañana siguiente, después de estudiar durante más de una hora, Leon llevó a Muen a dar un paseo por el jardín trasero del templo para despejarse.
Padre e hija se sentaron en una banca bajo la sombra de un árbol, conversando sobre lo que acababan de aprender.
No muy lejos, varias doncellas dragón charlaban entre ellas mientras sostenían un pedazo de pastel en las manos.
Como el pastel de cumpleaños que Leon había preparado para Roswitha el día anterior era excesivamente grande, ni siquiera entre los tres—él, Roswitha y Muen—podrían terminarlo, aunque se lo propusieran durante toda la semana.
Así que esa mañana, Roswitha ordenó a Anna que cortara el pastel en porciones pequeñas y las repartiera entre las doncellas.
Sin embargo, aún quedaba mucho pastel.
Roswitha dijo:
—Leon, esto es un derroche.
Leon respondió:
—Madre dragón, esto es tirar el dinero bueno tras el malo. Es quemar el puente después de cruzarlo. Es beber agua y olvidar quién cavó el pozo. ¡Es leer las escrituras y golpear al monje! Una total ingratitud.
Roswitha no sabía de dónde sacaba tantos dichos y no se molestó en discutir con él.
Además, había pasado un cumpleaños feliz el día anterior. Aunque no fue una celebración formal—de esas que sólo ocurren una vez cada diez años—, sí tuvo cierto sentido ceremonial.
Así que decidió darle un poco de cuerda a Leon por un par de días, para evitar que después la acusara de desagradecida.
Muen parpadeaba con sus grandes y hermosos ojos, mirando fijamente los pasteles en manos de las hermanas doncellas, tragando saliva con ansias.
En la mente de la pequeña dragoncita, los pasteles eran la segunda comida más deliciosa del mundo—la primera siendo el filete a la plancha (preparado por mamá).
Pero ya se había comido un trozo por la mañana. Papá había dicho que no debía comer demasiada crema en el desayuno, que esperara hasta el almuerzo o la tarde.
Pero la tentación de esos pequeños pasteles era demasiado grande, y Muen, en una rara ocasión, empezó a usar su cabecita de una forma poco habitual.
Después de pensarlo un momento, miró a Leon.
—Papá.
—¿Qué pasa?
—¿Tienes algún arrepentimiento?
Leon quedó desconcertado, sin entender por qué su querida hija le hacía de repente una pregunta tan profunda.
Normalmente, siempre preguntaba cosas como:
—Papá, ¿podemos comer filete en el almuerzo?
—Papá, ¿podemos comer filete en la cena?
—Papá, ¿podemos comer filete en la merienda?
Sin embargo, Leon se lo pensó en serio por un momento. ¿Arrepentimientos? Sí, claro que tenía, y muchos.
Pero no eran apropiados para que los escuchara una niña. Así que Leon negó con la cabeza.
—Papá no tiene arrepentimientos desde que tuvo a ti y a tu hermana.
Al escuchar esto, la pequeña dragona no se mostró feliz, sino que suspiró fingiendo pesar.
—Ay, pero Muen sí tiene arrepentimientos.
Mi ciela, ¡si apenas tienes poco más de un año! ¿Qué podrías lamentar? ¿Que tu estómago es muy pequeño para comerte una tina entera de filete?
—¿Y cuáles son los arrepentimientos de Muen? —preguntó Leon.
Muen no respondió de inmediato, sino que preguntó:
—Papá, ¿crees que si una dragona tiene arrepentimientos, ya no será feliz?
A Leon se le agitó un poco el corazón, sintiendo que su astuta hija tenía algo más que decir. Después de reflexionar un momento, asintió con cautela.
—Sí.
—Entonces, papá quiere que Muen sea feliz siempre, ¿verdad?
—Eh… por supuesto.
—Entonces eso significa que papá va a ayudar a Muen a resolver sus arrepentimientos, ¿cierto?
—…Sí.
Después de recibir esa respuesta afirmativa de su anciano padre, la carita seria de Muen se iluminó con una sonrisa.
—Entonces, papá, el arrepentimiento de Muen es que sólo comió un trozo de pastel esta mañana. ¡Muen quiere más!
Leon casi se atraganta con el giro repentino.
¡Momentos desesperados requieren medidas desesperadas, Muen K. Melkvi!
¿Cuándo pasaste de ser una pequeña dragona adorable e inocente a una dragoncita astuta que le pone trampas a su viejo?
¿Será que la mitad de genes de Roswitha en su cuerpo están haciendo travesuras? ¿Dándole un talento natural para engañar a su padre?
Hmm, seguro que sí.
Así que todo es culpa de Roswitha.
¡Dragona maquiavélica, devuélveme a mi hija!
Recuperando la compostura, Leon estiró la mano y le pellizcó la mejilla a Muen.
—Primero, si quieres algo de papá en el futuro, puedes decírmelo directamente, no hace falta rodeos como estos.
Muen asintió con seriedad.
—Papá, quiero pastel.
—Segundo, no puedes comer demasiado pastel.
Muen ( ´? ??`): —¿De verdad, papá? ¿No puedo?
Leon: —No puedes.
Muen ( •? ? •? ): —¿De verdad, de verdad no puedo?
A Leon le empezó a temblar un ojo.
—No… no puedes de verdad…
Muen (??????c): —Papáaaa~~ Papáaaaa~~~
Leon se cubrió el rostro con ambas manos, completamente derrotado.
Tres “Papá” bastaron para convertir al cazador de dragones más temido en el esclavo de su hija.
Está bien, te compro cincuenta filetes con tal de que me dejes en paz.
Después de ceder, Leon levantó un dedo.
—Uno. Como mucho, sólo uno más.
—¡Yay! ¡Papá es el mejor! ¡Viva papá!
La pequeña dragona se lanzó emocionada y le plantó un beso enorme en la mejilla. Una oleada de calidez le llenó el pecho. Ser esclavo de tu hija… tampoco es tan malo, ¿verdad?
Pero en medio de la alegría, Leon pareció darse cuenta de algo.
¿Será que estas dos hermanas descubrieron una forma infalible de hacer que su papá cumpla cualquier capricho?
El otro día, Noia le pidió que le enseñara magia de rayo. Él aceptó… y Noia le dio un beso.
Ahora, Muen quería más pastel. Él aceptó… y Muen también le dio un beso.
¡Eso no es justo!
¿Desde cuándo un beso alcanza para aprender magia?
¿Desde cuándo un beso basta para conseguir más pastel?
¿Acaso no saben que su padre es un hombre de principios, justo e incorruptible?
Así que, si quieren que haya una próxima vez…
Van a tener que darme unos cuantos besos más.
—Dragoncita glotona, espera aquí. Papá va a buscarlo.
—¡Yay~!
Pero antes de que Leon pudiera levantarse, la jefa de doncellas, Anna, llegó con dos trozos de pastel.
—Su Alteza, princesa Muen, por favor, disfruten.
—Gracias, Anna~
—A sus órdenes, Su Alteza —respondió Anna con una sonrisa.
Leon también tomó un pedazo, el cual tenía una rodajita de naranja encima.
No se lo comió de inmediato, sino que levantó la vista y preguntó:
—¿Cuánto queda?
—Aún queda bastante, Su Alteza. El pastel de cumpleaños que preparó para Su Majestad fue… bastante majestuoso —dijo Anna, encogiéndose de hombros.
—Los cumpleaños deben ser majestuosos, ¿no? —respondió Leon, encogiéndose de hombros también.
Anna asintió.
—Sí. Ah, por cierto, Su Alteza, anoche vi los rayos en la montaña trasera. También fue algo que usted preparó para Su Majestad, ¿cierto?
—Eh…
No quería hablar mucho de eso, porque eso sólo serviría para que Anna y las demás dragonas chismosas tuvieran tema para rato.
Con la comida se puede jugar, pero con los barcos (relaciones), no.
En serio, no estoy tan cerca de su reina…
—¿Usó una matriz mágica para activar energía mágica y lograr ese efecto? —preguntó Anna.
Leon asintió en silencio.
Coincidentemente, luego de explicarle a Muen los principios y el funcionamiento de las matrices mágicas, Noia mencionó que a su madre le gustaban las bellezas efímeras. Así que a Leon se le ocurrió la idea de combinar ambas cosas, creando así el efecto de bendición de rayos que se vio anoche.
—Digno de Su Alteza. Muchas de nosotras lo vimos anoche y lo elogiamos por ser tan romántico y sentimental, ganándose el corazón de Su Majestad.
Hmm, con un simple gesto, este tipo es un maestro del romance. Ustedes, dragonas, deberían aprender… pensó Leon, sintiéndose orgulloso.
—Ya estoy deseando que llegue el próximo cumpleaños de Su Majestad, Su Alteza. ¿Qué clase de sorpresa preparará entonces? —dijo Anna con anticipación.
Leon sonrió con picardía y soltó un par de risitas.
¿¿Próxima vez??
¡No hay próxima vez!
En El sufrimiento del cautivo puede haber “Fiesta de cumpleaños dragón”…
¡Pero definitivamente no puede haber dos!
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