Capítulo 188
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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**Capítulo 188: Preparativos**
Rebecca consiguió la ubicación del hotel del banquete de cumpleaños de la madrastra de Martin en el mercado negro de cazadores de recompensas del imperio.
Le costó medio mes de sueldo, y pidió que se lo descontaran de la cuenta de Leon después del asunto.
Leon dijo que no había problema, *»si es que puedes retirar dinero de la cuenta de un muerto»*.
Rebecca sonrió maliciosamente: *»Si no tienes dinero, lo sacaré de la pensión de papá. ¡No pierdo en los negocios!»*
El pobre Teg, con su billetera más vacía que su honor, consideró vender al burro para financiar los caprichos de Rebecca…
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**Dos días después, tarde en la tarde**
*Seis horas antes del banquete*
Leon y Rebecca se mezclaron con el personal del hotel, ayudando a preparar el salón de fiestas. Teg permaneció afuera del bar de Victor, vigilándolo.
En el lobby, los empleados trabajaban a toda prisa. No podían permitirse errores: era el cumpleaños de la esposa de un ministro real, una mujer conocida por su severidad. Eso se notaba en el rostro atribulado del joven a cargo de los preparativos.
Ese joven era Martin, el hijo menor del ministro.
En realidad, esta tarea no le correspondía, pero su madrastra siempre lo menospreciaba. Organizar el banquete era solo otra forma de humillarlo.
Y Martin, de carácter débil, no se atrevía a enfrentarla. Solo podía apretar los dientes y hacer bien el trabajo, sabiendo que, de todos modos, ella encontraría fallas.
*¿Qué más podía hacer?*
Desde el incidente de hace tres años, Martin no solo había abandonado el Cuerpo de Cazadores de Dragones, sino que se había vuelto cada vez más introvertido y cobarde.
Cada vez que su madrastra lo menospreciaba, no podía evitar preguntarse: *si el capitán no hubiera muerto, si su equipo no se hubiera disuelto… ¿habría sido lo suficientemente valiente para resistir?*
Pero la realidad no ofrecía segundas oportunidades.
La Batalla del Dragón Plateado había sido un desastre. Todos decían que el capitán era un traidor, responsable de la muerte de innumerables compañeros.
*¿Cómo podía Martin creer eso?*
Había intentado usar la influencia de su padre para limpiar el nombre del capitán, pero fue rechazado. Incluso quiso vindicarlo por sus propios medios…
Hasta que Rebecca lo contactó y le dijo que dejara de intentarlo. Para entonces, ella ya vestía el uniforme del equipo de patrulla.
Así que Martin se rindió. Regresó a casa, convirtiéndose en el *»pequeño lord»*, recordando ocasionalmente los días con el capitán y la versión valiente de sí mismo que alguna vez existió.
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**En el salón de fiestas**
Mientras supervisaba los arreglos, Martin sintió algo frío y duro presionando su espalda baja.
Intentó mirar, pero la *»empleada»* a su lado lo advirtió en voz baja:
—Quédate natural, Martinito. No te pongas nervioso. *Porque si tú te pones nervioso, yo me pongo nerviosa… y esta pistola podría dispararse sola~*
Martin reconoció esa voz al instante.
—¿R-Rebecca? ¿Qué haces aquí?
—Tu madrastra cumple años. Vinimos a celebrar —respondió ella.
—¿*Vinimos*? ¿También vino Victor?
—No. La *superestrella* está ocupada. Cuando digo *»vinimos»*, me refiero a… *otra persona*.
—¿Otra persona…?
Antes de que pudiera terminar, un brazo se apoyó en su hombro, tan familiar como el de un viejo amigo.
Martin no se atrevió a voltear (Rebecca aún tenía el arma en su espalda), pero alcanzó a ver la mano: ancha, fuerte, llena de cicatrices.
—Cuánto tiempo, Martin.
Al escuchar esa voz, una descarga eléctrica pareció recorrer su columna.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente. *No podía ser.* Después de tres años, volvía a escuchar *esa* voz.
Nunca olvidaría al dueño de esa voz.
Era quien le había enseñado a ser valiente, a enfrentar su verdadero yo.
Sin él, Martin jamás habría tenido el coraje de unirse al Cuerpo de Cazadores.
Aunque su valentía se había desvanecido tras la *»muerte»* del capitán, ahora, al escucharlo de nuevo, sintió una chispa tratando de encenderse en su corazón.
—C-Capitán… ¡Cap!
—Shh~ Aquí no hay ningún capitán. Solo dos empleados del hotel que simpatizan contigo —susurró Leon.
Martin contuvo a duras penas su conmoción. Le tomó diez segundos recuperar la compostura. Su mano temblaba ligeramente sobre la barandilla.
Al verlo más calmado, Leon resumió su propósito (por cuarta vez en dos días).
—Me siento como un camarero recitando el menú —bromeó, aliviando la tensión.
Martin procesó la información antes de hablar:
—Capitán, ¿cómo debo ayudarte a investigar al traidor? Dime qué hacer.
Leon arqueó una ceja.
—Pensé que primero intentarías limpiar tu nombre —como había hecho Victor.
Martin esbozó una sonrisa amarga.
—Tú no eres de los que prefieren matar a un inocente antes que dejarlo escapar. Confío en que tomarás la decisión correcta. Así que no necesito defenderme. Pregunta lo que necesites, y responderé.
Esa confianza inquebrantable era la misma de sus días en el Cuerpo. Martin había sido asignado al equipo de Leon por admiración.
Un *fanboy* exitoso.
Leon le dio una palmada en el hombro.
—Bien. Entonces, lo primero: ¿hoy es *realmente* el cumpleaños de tu madrastra?
—Sí.
*Ajá.* Parece que no era una trampa, solo coincidencia.
Aun así, Leon no bajaría la guardia. Tenía un plan de escape listo para él, Teg y Rebecca, incluso si no lograban exponer al traidor.
—Otra cosa: ¿cómo es tu relación con tu madrastra?
—Eh… —Martin vaciló.
—No respondas si es muy personal.
—No es eso. Es que… no nos llevamos bien.
—¿Te ha dado algún regalo?
—¿Regalos? Si no me echa de casa, ya es mucho —respondió Martin con ironía.
Vaya, *definitivamente* no se llevaban bien.
—¿Y tú le has dado regalos? ¿Ropa, bolsos… joyas, tal vez?
—No.
La respuesta fue firme, sin vacilación.
Leon asintió, satisfecho.
—Bien. Solo queda una cosa más.
—Dime, Capitán.
—En el banquete, Rebecca se quedará contigo todo el tiempo. Dos excompañeros paseando juntos no levantarán sospechas, ¿verdad?
—¿Quieres que Rebecca me vigile? —Martin captó al vuelo.
—Noooo, Martinito —Rebecca presionó el cañón contra su espalda—. Esto es *mucho* más divertido que solo vigilarte.
Martin sudaba frío, pero asintió.
Leon lo entendió. Esto no tenía que ver con si Martin era el traidor. Cualquiera sudaría con una loca apuntándole con un arma.
Con todo listo, si todo salía bien… *esta noche todo terminaría.*