Capítulo 189
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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**Capítulo 189: El jugador en control**
Esa noche, Leon se vistió elegantemente y entró al hotel del banquete con Victor.
Como siempre, el maestro vigilaba afuera. Al primer signo de peligro, daría la señal y todos huirían rápidamente.
Las medidas de seguridad de Leon eran simples pero efectivas:
– Él vigilaría a Victor.
– Rebecca vigilaría a Martin.
Así, sin importar quién fuera el topo, estarían cubiertos.
Martin había sido mago de apoyo en el equipo, con poca habilidad en combate cuerpo a cuerpo. Rebecca podría controlarlo fácilmente.
En cuanto a Victor, ser vigilado por el «eterno campeón» (Leon) no causaría sospechas.
—
**En el banquete**
—¿Dónde está Rebecca? —preguntó Victor, notando su ausencia.
Leon, con las manos en los bolsillos de su traje (comprado con el dinero de Rebecca, quien ya planeaba cobrárselo al fondo de pensiones de Teg), respondió casualmente:
—Dijo que tenía una forma de acercarse a Martin sin llamar la atención.
Victor frunció el ceño.
—Si puede encontrar a Martin, ¿por qué no vino directamente aquí? ¿Para qué arriesgarse?
Leon lo miró fijamente.
—Victor, no pienso perderte de vista.
—…Entiendo. Estaba pensando demasiado simple.
No hablaron más del tema. Se quedaron en un rincón del salón, observando cómo el banquete se animaba.
—Hace tres años que no veo a Martin. Me pregunto cómo habrá cambiado —murmuró Leon, lanzando una mirada discreta a Victor.
Notó cómo los ojos del cantante se movían levemente, un detalle revelador.
—Yo tampoco lo veo hace mucho —respondió Victor.
—Parece que no han mantenido contacto —comentó Leon.
Victor sonrió amargamente.
—Sin ti, el equipo se deshizo. Ya no somos un grupo.
Leon no comentó.
—
**La revelación**
A las 8 p.m., el banquete comenzó.
La madrastra de Martin bajó lentamente desde el segundo piso. Vestía un elegante traje negro, con el cabello recogido. Aunque atractiva, para Leon no se comparaba ni de lejos con *cierta dragón plateada*.
—Qué atuendo tan lujoso —murmuró Victor—. El vestido es de una boutique exclusiva. El collar y el anillo deben valer una fortuna.
Leon bostezó internamente.
—Especialmente… ese pasador —añadió Victor.
—¿Pasador?
—Está hecho de marfil de mamut ártico, una especie peligrosa de rango S.
Leon fingió desinterés, pero Victor continuó:
—Los herreros descubrieron que ese marfil no solo es maleable, sino que también tiene afinidad mágica. *Puede usarse como arma*, con gran poder de penetración.
Esta vez, Leon mostró interés.
—¿Un arma?
—Sí. Dicen que fue un regalo de Martin a su madrastra.
Leon giró lentamente la cabeza hacia Victor.
—Pero según supe, Martin no se lleva bien con ella. ¿Por qué le daría un regalo tan valioso?
Victor dudó un instante.
—Quizá para ganarse su favor.
—
**En el segundo piso**
Martin y Rebecca observaban desde arriba.
—Victor ha cambiado mucho —comentó Martin.
—No todos tienen tu suerte de ser el hijo de un ministro —respondió Rebecca, dándole una palmada en el hombro.
Martin sonrió con amargura.
—Si pudiera, cambiaría mi lugar contigo, Rebecca.
—No, gracias. Con tu madrastra, terminaría disparándole por irritante.
—¿Por qué volviste a ser como antes después de que el capitán se fue? —preguntó Rebecca.
Martin bajó la mirada.
—La gente necesita una luz que los guíe. Sin el capitán… me perdí.
—Tienes que aprender a crecer, Martin.
—Suena raro viniendo de ti, Rebecca. Solo eres un año mayor que yo.
—¡Un año igual cuenta!
Martin rió, evitando discutir.
—
**La trampa**
Más tarde, Leon ajustó su llamativa corbata plateada (un gusto adquirido durante su estadía con los dragones). Era la señal para *»prepararse para retirarse»*.
Rebecca lo captó al instante. Condujo a Martin hacia la salida trasera; Leon y Victor los siguieron.
En un callejón cercano, Teg los esperaba con un carruaje.
Dentro del vehículo, el ambiente era tenso. Victor y Martin se sentaron frente a frente, conscientes de que uno de ellos era el topo.
—
**La confrontación**
En una casa abandonada de los barrios bajos, los cuatro se reunieron alrededor de una mesa.
Leon sacó una pistola, quitó el seguro y la sostuvo con firmeza.
—Ya sé quién es el topo.
Todos contuvieron la respiración.
—Lamento que nuestro reencuentro después de tres años termine así.
Apuntó directamente a…
**Martin.**
—¿Capitán? ¿Estás seguro? —preguntó Rebecca, horrorizada.
Victor intervino:
—Martin, ¿no tienes nada que decir?
Martin estaba paralizado, el sudor bañando su rostro.
**¡BANG!**
El disparo impactó en el pecho de Martin, quien cayó al suelo, con expresión de shock.
Rebecca gritó, arrodillándose junto a él.
Leon, pálido, arrojó el arma sobre la mesa.
—Deshazte del cuerpo. Hay un pantano cerca.
Victor se acercó a Leon, poniendo una mano en su hombro.
—No te culpes, capitán. Él tomó la decisión equivocada.
Leon no respondió, cerrando los ojos.
Victor miró el arma sobre la mesa… y vio su oportunidad.
La tomó y apuntó a la sien de Leon.
—Así que… eras tú —murmuró Leon, abriendo los ojos.
—Diez minutos de ida y vuelta. Suficiente para matarte y huir —Victor sonrió fríamente—. Mañana los periódicos dirán: *»Exvicecapitán ejecuta al traidor Leon Casmode»*.
—Qué imaginativo. Antes no tenías sentido del humor.
—La gente cambia, Leon. ¿Matar a Constantine te hizo creer que podías desafiar al imperio?
—Así que el imperio y los dragones… *realmente* están coludidos.
Victor apretó el gatillo…
**¡Click!**
El arma no disparó.
Victor, en pánico, intentó varias veces más.
Antes de que pudiera reaccionar, el puño de Leon lo envió al suelo, rompiéndole la nariz.
—Te dije que sabía quién era el topo desde el principio —Leon se levantó, pisando la pierna de Victor—. Deberías haber confesado cuando te lo dije.
—¿Cuándo… empezaste a sospechar de mí?
—Hace tres años. Solo tú y yo conocíamos las posiciones de los equipos de asalto.
Leon se agachó:
—Pero eso no era suficiente. Así que *tendí una trampa*.
—Creíste que yo era tu peón, pero *yo era el jugador*.
Victor jadeó, negando con desesperación.
Leon continuó:
—Me guiaste para pensar como tú querías:
1. **El regalo inexistente**: Dijiste que Martin le dio un pasador de marfil a su madrastra, pero Rebecca me confirmó que *nunca se llevaron bien*.
2. **El marfil como arma**: Mencionaste que podía usarse para armas penetrantes… *justo como la que me traicionó*.
—Y tu púa de guitarra… ¿cómo puede un cantante pobre permitirse una de *marfil de mamut*?
Victor gritó:
—¡El imperio me vengará!
Leon negó con la cabeza.
—Ser el eterno segundo no fue tu error. Convertirte en su lacayo, sí.
Cargó otra pistola (esta vez, con balas reales) y apuntó a la frente de Victor.
—¿Algo más que decir sobre el imperio?
Victor, enfrentando la muerte, suplicó:
—¡No me mates, Leon! ¡Lo siento!
—No lo sientes. Solo temes morir.
**¡BANG!**
El silencio llenó la habitación.
—
**Epílogo**
La puerta se abrió. Rebecca ayudó a entrar a… **Martin**, quien se sostenía el pecho.
—Capitán… esa bala de fogueo *igual dolió*. Creo que me rompí dos costillas.
—Aguanta, hombre. Mira a Victor: le rompí la nariz y ni lloró —Leon señaló el cuerpo sin vida.
Rebecca le pasó otra pistola a Leon, quien la cargó con calma.
—¿Listos para lo siguiente?