Capítulo 19
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Roshwitha organizó una cena familiar.
Por un lado, como recompensa para Moon, que adoraba los filetes que cocinaba su madre;por otro, era la oportunidad perfecta para que cierto insensato cazador de dragones conociera por fin a la hija mayor por la que tanto suspiraba.
Todos los platos fueron preparados personalmente por Roshwitha.
Su habilidad en la cocina no era nada despreciable; no es de extrañar que Moon se muriera por comer otro de sus filetes.
Después de más de una hora de trajín, la cena quedó servida con todo su esplendor.
Roshwitha se quitó el delantal y miró hacia un lado de la mesa, donde estaba Leon.
Su cara lo decía todo: “no puedo esperar”.
—Moon, ve a llamar a tu hermana para cenar.
—¡Sí, madre!
Moon saltó de su silla y salió de la habitación dando brincos.
Roshwitha, por su parte, se sentó en la cabecera de la mesa. Sostenía una liga entre los labios mientras alzaba los brazos y recogía su largo cabello plateado en una coleta, que aseguró con agilidad.
Al terminar, se dio cuenta de que Leon seguía mirándola con esa expresión entretenida, así que preguntó:
—¿Qué pasa?
—¿Qué se siente tener dos hijas de una sola vez?
—Tch…
Roshwitha se esperaba otra cosa.
Pero este idiota seguía colgado de ese detalle como si fuera su máximo logro.
—Ay, qué lástima… —Leon suspiró con fingido pesar.
—¿Lástima de qué?
—De no haber podido presenciar personalmente el nacimiento de nuestras hijas. Qué vergüenza, de verdad.
Roshwitha respondió con una sonrisa fría ante su burla:
—No pasa nada. Si realmente quieres verme parir, podemos…
La sonrisa de Leon se congeló. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—¿Po… podemos?
—Podemos intentarlo más veces. Preparamos con entusiasmo el segundo embarazo.
—…No hace falta. En serio.
—Tonto.
—…Maldita sea…
Ese “tonto” sonó exactamente igual que el tono de Noa al mediodía.
Tal madre, tal hija.
Apenas terminaron de lanzarse pullas, se oyó el clic de la puerta abriéndose y pasos que se acercaban.
—¡Papá, madre, aquí viene mi hermana~!
La voz infantil resonó alegremente justo cuando dos pequeñas dragonas idénticas cruzaban el umbral del comedor.
Cabello largo y negro con reflejos plateados, vestidos elegantes, medias blancas decoradas con encaje.Sus rostros, sus alturas… eran como copias exactas, imposibles de diferenciar.
La única diferencia física visible era el mechón rebelde sobre la cabeza de Moon, que se erguía o caía según su estado de ánimo. Noa no tenía uno.
Claro, aparte del mechón, también se podía distinguir a una de la otra por sus expresiones.
Moon siempre sonreía, como un rayo de sol.Noa, en cambio, mantenía el rostro serio, como una pequeña adulta.
—Buenas noches, madre —saludó Noa con respeto.
—Bien. Preséntate. Esta es la primera vez que se ven oficialmente, ¿no? —dijo Roshwitha.
—Sí, madre.
La mirada fría de Noa se dirigió lentamente hacia Leon.
—Soy Noa K. Melkve, primogénita de la Reina Dragón Plateada Roshwitha. Tengo un año y dos meses.
Sus palabras eran impecables, cuidadas, incluso algo altivas.Nada que ver con lo que uno esperaría de una niña de su edad…
Bueno, al menos tomando como referencia a Moon, la única otra criatura de esa edad que Leon conocía.
Su lenguaje corporal, su dicción, su actitud… todo era radicalmente distinto a la de su hermana.
—Leon —intervino Roshwitha—, ¿no te vas a presentar tú?
—Ah, claro… Perdón.
Leon se aclaró la garganta y se agachó frente a Noa, poniéndose a su nivel.
—Hola, Noa. Me llamo Leon Kasmode. Soy tu padre.
Noa lo miró directamente a los ojos, sin bajar la mirada, y respondió con precisión militar:
—Leído.
Leon parpadeó, perplejo.
¿Leído…? ¿Qué carajos fue eso?
¿Qué clase de niña de un año y dos meses responde a su padre con “leído”?
Antes de que pudiera procesarlo, Moon se le acercó a Noa y le tiró suavemente de la manga.
—Hermana, di algo más. No dejes a papá así…
Noa la miró de reojo con gravedad.
—Los niños no interrumpen cuando los adultos están hablando.
—Mmh…
Moon infló las mejillas, bajó la cabeza y se puso a jugar con sus deditos mientras se escondía tras su hermana.
¡Pla, pla!
Roshwitha se contuvo para no reírse demasiado. Aplaudió levemente y dijo:
—Muy bien, la presentación terminó. Es hora de cenar.
Noa tomó la mano de Moon y la condujo hasta la mesa.
Ambas eran tan pequeñas que no alcanzaban por sí solas a las sillas, pero Noa alzó a su hermana y la sentó primero, sin pensarlo.
Luego, apoyó una mano, hizo palanca con el pie y se subió ágilmente a su asiento.
Roshwitha miró a Leon, que seguía con la mirada perdida.
—¿Qué pasa? ¿No vas a sentarte? ¿O ya se te fue el hambre?
Leon reaccionó y se sentó torpemente en su lugar.
Roshwitha ocupaba la cabecera; Leon estaba frente a sus hijas.
Sobre la mesa brillaba una cena impecable y tentadora.
Moon, impaciente, tomó cuchillo y tenedor para atacar el filete.Pero antes de que pudiera cortar, Noa la detuvo.
Sin cambiar la expresión, Noa tomó la servilleta de la mesa y cuidadosamente la colocó en el cuello de Moon.
—Cuchillo en la derecha. Tenedor en la izquierda. Esta vez no lo olvides, Moon.
—¡Sí, hermana! No lo olvidaré.
—Bien. Come.
Leon observaba la escena sin decir nada. Aunque acababa de recibir una bofetada verbal de su hija, no podía evitar admirarla.
Esa pequeña era mucho más madura de lo que aparentaba.Y no estaba claro si era una pose o algo natural, pero… vaya que superaba con creces sus expectativas.
Roshwitha, en cambio, lo miraba con una tranquilidad que sugería que aquello no la sorprendía en lo más mínimo.
Como si la madurez precoz de su hija mayor fuera algo que ya diera por sentado.
Las tres mujeres de la casa comenzaron a disfrutar del filete. Leon bajó la vista y tomó su tenedor.
La carne estaba en su punto exacto. Jugosa, tierna, y su aroma cálido le acariciaba las fosas nasales.
—Hermana, no puedo cortarlo… —dijo Moon con tono apenado.
Noa asintió, tomó sus cubiertos, y con elegancia cortó el filete para su hermana.
—También tienes que hacer fuerza con el pulgar.
—Ajá, ya entendí.
—Listo. Come.
Le devolvió el tenedor a Moon, luego levantó la vista hacia Roshwitha.
—Madre, ¿quieres que te corte el tuyo también?
—No, gracias.
—Entendido.
Leon levantó la mirada en ese momento y se encontró con los ojos de Noa.
¡Justo a tiempo! Pensó.
¿Acaso su hija también le iba a ofrecer ayuda a él?
¿Debería aceptarla? ¿O rechazarla con tacto para no parecer inútil?
Mientras se debatía mentalmente, Noa abrió ligeramente los labios.
Leon esperó, con ilusión.
Los volvió a abrir.
¿Estaría nerviosa?
No pasa nada, pensó. Somos padre e hija. Esto es solo el comienzo.
¡Dilo ya, preciosa hija mía!
—No es para ti.
La boca de Noa pronunció las palabras en silencio.
Leon lo vio con claridad. No estaba sordo. Ni ciego.
Y justo cuando estaba por reaccionar…
—¡Achís!
Noa estornudó con delicadeza y tomó dos servilletas.
—Perdón, madre. No lo pude evitar.
Roshwitha se cubrió la boca para no soltar la carcajada, moviendo la mano:
—Tranquila… tranquila, hija. Yo tampoco… tampoco pude evitarlo…
Moon parpadeó, curiosa:
—Madre, ¿por qué de repente estás tan feliz?
Roshwitha se tapó la sonrisa con la servilleta.
—Porque si papá está feliz, yo también lo estoy.
Los ojos de Moon brillaron.
—¿Eh? ¿Papá está feliz?
—Claro que sí. Al fin conoció al miembro de la familia que tanto deseaba.Y por fin comimos juntos en una cena familiar. Dime, ¿no estaría feliz?
Moon miró con esperanza a su padre:
—¿Es cierto, papá? ¿De verdad estabas esperando esta cena con tantas ganas?
Leon: ………
En realidad… no… tanto.
—¡Vamos, responde! —le espetó Roshwitha, sin piedad—. ¿No querías conocer a tu hija mayor? Pues aquí la tienes.Así que, si estás feliz, deja de esconderlo. Sonríe, Leon. Sonríe.
—Ja, ja, ja, ja… estoy feliz… de la hostia, familia.
Su sonrisa era tan falsa como una moneda de tres caras.
—¡Yupi! Entonces vamos a cenar así todos los días, ¿sí? —propuso Moon con emoción.
Roshwitha sonrió, encantada con la idea de seguir torturando a Leon.
Moon volvió a mirar a su padre.
—¿Papá? ¿No te gusta mi propuesta? ¿Por qué no estás sonriendo otra vez?
Leon: Hija…Adivina por qué no me río. 🙂