Capítulo 23
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Dormir con una dragona.Tener hijos con una dragona.Pasear con una dragona.Y ahora… tomarse de la mano con una dragona.
Si esto ocurriera en una época con redes sociales, y todo lo que había hecho León saliera a la luz, no importaría con qué intención lo hiciera: de una forma u otra, acabaría en la horca.
Después de que Moon se marchara, ambos siguieron tomados de la mano.
Pero cuando la incomodidad alcanza su punto máximo, uno termina por dejar de sentirla.
Ya lo dice el dicho: el que no tiene nada que perder no le teme a nada.
Después de llegar a este punto, ¿qué tanto más incómodo podía volverse?
Además, al verlos así, tomados de la mano, los dragones chismosos de alrededor solo se dedicaban a shippearlos y a fangirlear en silencio. ¿Quién iba a tener tiempo para preguntarse si Su Majestad y su esposo se conocían de antes o no?
León, con el rostro encendido como un tomate, carraspeó dos veces. Aunque todavía sostenía su mano, ya casi tenía la cara mirando hacia el otro hemisferio.
“Ehh… si no quieres seguir así, puedes soltarme.”
Roshwitha bajó un poco la mirada. Su delicado rostro estaba completamente teñido de rojo, como si una llamarada hubiera subido por su cuello.
“N-no importa. Así está bien… para que no hablen.”
“Ah… vale.”
León tragó saliva y lanzó una ojeada rápida a Roshwitha.
Recordó el tono dulce con el que ella le había sugerido que se acercaran un poco más, y al mirar su expresión tímida de ahora, como la de una colegiala enamorada, no pudo evitar preguntarle:
“Hoy estás especialmente… dócil.”
Para una dragona, «dócil» era la forma más precisa que tenía León de describir algo parecido a «tierna». Usar “tierna” en voz alta con una dragona le parecía un poco… peligroso.
“¿Ah, sí?”
“Sí.”
Los ojos de Roshwitha brillaron un segundo, como si estuviera evaluando algo, pero esa expresión desapareció tan rápido como vino. Enderezó el rostro, recuperando la frialdad y seriedad de siempre.
“Parece que ya te domesticaron, cazador de dragones. Ahora que me llevo bien contigo, ¿te resulta incómodo?”
Ah, eso sí que le gustaba.
¡Sí, justo eso! ¡Ese tono!
León también adoptó una actitud altiva, listo para intercambiar puyas con ella.
“Je, incómodo ni que nada. Es solo que el tigre ha caído al llano y ahora lo acosan los perros.”
Roshwitha arqueó una ceja y apretó con más fuerza la mano de León.
“Error. No es que el tigre caído sea acosado por perros…”
Alargó la última palabra con deliberación.
Eso se llama «crear suspenso».O en lenguaje simple: “no lo voy a decir, para dejarte con las ganas”.Nombre técnico: cortar capítulo.
Tal como era de esperarse, León volteó la cabeza.
“¿Acosado por quién?”
“Por un dragón.”
“…¿Qué?”
“Por un dragón… montándolo.”
“¡¿Qué carajos?!”
León puso los ojos en blanco y trató de zafarse instintivamente, pero sus dedos aún estaban entrelazados con los de Roshwitha.
Con los dedos así, separados entre sí y cruzados con los del otro, no era tan fácil soltarse.
Pero justo ese movimiento involuntario hizo que ambos sintieran aún más la sensación real de tener las manos entrelazadas.
Palma contra palma, el calor no podía escapar entre los huecos, se quedaba atrapado entre su piel, aumentando poco a poco la temperatura entre sus manos.
Muy pronto, una fina capa de sudor se acumuló en sus palmas, haciendo que ese leve contacto se sintiera aún más suave, húmedo… íntimo.
El balanceo del caminar hacía que, sin querer, se acariciaran con las yemas de los dedos.
Una sensación como de cosquilleo, que rascaba justo en el centro del pecho.
“Ahí adelante hay un banco. ¿Nos sentamos un rato?” dijo Roshwitha.
“Mm.”
Ambos se sentaron, y aprovecharon ese instante para soltar las manos con naturalidad.
“Phew~”
Al mismo tiempo, exhalaron como si se hubieran quitado un peso de encima.
Pero apenas se separaron, sintieron un hueco en la palma.
El calor se esfumó de inmediato.
Una sensación un poco… fría.
León no volvió a tomar la iniciativa de agarrarle la mano.
Se recostó contra el respaldo del banco, alzando ligeramente el rostro, dejando que el cálido sol del mediodía le acariciara la piel.
Alguien con el cuerpo debilitado, como él, realmente necesitaba recibir un poco de sol. Era cómodo. Reconfortante.
Tal vez así podría olvidar, aunque fuera por un rato, esa nostalgia que lo carcomía por dentro.
Roshwitha, por su parte, se sentó erguida. Era su costumbre de siempre: espalda recta, abdomen contraído, postura impecable incluso al sentarse.
Giró el rostro hacia León, que disfrutaba del sol con los ojos entrecerrados, y le preguntó:
“¿Extrañas tu casa?”
“Mm.”
Respondió con un murmullo nasal, sin mucho entusiasmo.
Pero a pesar de su aparente desgano, en el fondo lo decía en serio.
La verdad era que sí. La extrañaba.
Roshwitha bajó un poco la mirada, sus pupilas vibraron levemente.
“¿Y tus padres…?”
“Crecí en un orfanato. Nunca los conocí. Fueron mi maestro y su esposa quienes me adoptaron.”
“Ah… entonces somos parecidos.”
“¿También eres huérfana?”
…Vaya forma de sonar como un insulto.
Pero León era directo y hablaba sin filtro, no lo decía con mala intención.
Por suerte, Roshwitha no entendía muy bien el sarcasmo humano. Solo negó con la cabeza y respondió con seriedad:
“No. Me refiero a que tampoco conocí a mis padres. Mi hermana y yo fuimos criadas por nuestra abuela.”
Al decir eso, bajó aún más la cabeza. Finalmente se permitió cambiar un poco su rígida postura.
León entreabrió los ojos apenas, espiándola por una rendija.
La altiva reina… ahora parecía algo melancólica.
Volvió a cerrar los ojos, sin intención de empatizar con ella, y simplemente soltó una de sus burlas:
“Ah, con razón.”
Roshwitha giró el rostro. “¿Con razón qué?”
“Con razón no sabes cómo ser madre.”
“¿Qué tiene de malo cómo soy de madre?”
“Fíjate, cuando Moon y las demás no están, tú siempre usas la palabramadre.”
Roshwitha frunció el ceño. “¿Y qué tiene de malo esa palabra?”
“¿Cómo te llaman ellas a ti?”
“Te dicen papá.”
León se encogió de hombros. “¿Ves? Lo normal es que papá y mamá vayan juntos. Si Moon prefiere decirme papá y nopadre, quiere decir que le resulta más cercana esa forma.”
“¿Y decirmadreno es cercano?”
“Claro que no. O bueno, no es que no sea cercano, es que suena demasiado… formal. Como si estuvieran distantes.”
Roshwitha reflexionó en silencio. No respondió de inmediato.
Después de un rato, León propuso:
“¿Qué tal si hacemos una apuesta?”
“¿Qué clase de apuesta?”
“Haz que Moon y Noa te llamen ‘mamá’, y veamos si eso las hace acercarse más a ti.”
Roshwitha se quedó pensando un momento, luego asintió.
“De acuerdo.”
“¿No quieres saber cuál es la apuesta?”
“No hace falta. Si pierdo, puedes hacer lo que quieras.”
Después de una pausa, añadió:
“Excepto dejarte volver a casa.”
León soltó una risa irónica, sin decir nada más.
Roshwitha bajó la mirada, murmurando para sí:
“¿Realmente hay tanta diferencia entre ‘madre’ y ‘mamá’…?”
León no continuó con el tema.
Al fin y al cabo, lo decía en serio. Si iban a seguir fingiendo esta familia, mantener un tono cálido también era parte del papel.
Además, escuchar a Moon y Noa diciendomadretodo el tiempo… era raro.
Una familia que debería ser cercana… se sentía como si vivieran con extraños.
Después del tema de los nombres, ambos se quedaron en silencio unos veinte minutos.
Roshwitha se levantó lentamente.
“Vamos. Aún hay un sitio al que quiero llevarte.”
“¿Qué sitio?”
“Bueno… la verdad es que este paseo no era solo para caminar. También quería mostrarte algo.”
“Sé que no puedo dejarte volver a casa, pero tal vez esto pueda ayudarte a sentirte un poco menos mal.”
León no preguntó qué era.
Se limitó a entornar los ojos, escudriñándola.
“Hoy estás muy rara, dragona.”
Roshwitha se encogió de hombros.
“Si no me crees, entonces da igual. Volvamos.”
Dicho eso, se dio media vuelta y comenzó a caminar por el camino por el que habían venido.
Pero no había dado ni dos pasos cuando escuchó a León detrás de ella:
“¡Oye! Llévame a ver eso que ibas a enseñarme.”
Roshwitha, de espaldas a él, dejó que una sonrisa asomara en la comisura de sus labios.
—Al fin… mordió el anzuelo.