Capítulo 26
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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¡¿Cómo se atreve a decirme eso?!
—Leon, tu cuerpo… ya no es lo que era…
Ya no es lo que era……no lo que era……lo que era…—
“¡Ah—!”
Leon soltó un grito y se despertó de golpe del sueño.
Respiraba con dificultad, el sudor empapándole la frente y la espalda.
Se sentó en la cama para tranquilizarse, luego su cuerpo se venció y se recostó contra el cabecero.
Desvió la mirada hacia la ventana, por donde entraba la luz tenue de la luna. El canto de las cigarras llenaba el aire, persistente y monótono.
Leon tragó saliva y se llevó una mano al pecho, intentando calmar el frenético latido de su corazón. Cerró los ojos para repasar el sueño que acababa de tener.
En realidad, no fue una pesadilla.
Ni siquiera se le podía llamar “sueño”.
Era simplemente un recuerdo especialmente nítido del encuentro con Roshwitha en el almacén, durante el día.
Después del sexo, él estaba sentado en el suelo, conversando con Roshwitha.
Y ella, con un deje de escepticismo en la voz, comentó que su cuerpo ya no era lo que solía ser…
—Tsk…
Leon abrió los ojos de inmediato, sacudió la cabeza con fuerza para borrar esa escena vergonzosa de su mente.
Claramente, esas palabras de Roshwitha le habían calado hondo.
¡Tan hondo que lo hicieron despertarse del sueño, y que hasta el simple recuerdo lo hacía encogerse de vergüenza!
Tras calmarse un poco en la cama, se levantó y fue al baño para lavarse la cara con agua fría.
Luego, arrastrando el cuerpo pesado, volvió a acostarse.
El cansancio lo envolvió de inmediato. El sueño volvió a dominarlo, y Leon se hundió otra vez en la oscuridad.
Pero justo antes de dormirse por completo, murmuró entre sueños, con voz apagada:
—Maldita dragona… ¿cómo se atreve a decirme eso…?
A la mañana siguiente, el sonido de golpes en la puerta lo sacó del sueño.
Se puso la ropa como pudo y fue a abrir, aún tambaleándose.
Creyó que sería Moon, pero se sorprendió al ver que afuera estaban Roshwitha y Noa.
La mula terca…
Y su testaruda hija.
—Buenos días, Leon —saludó Roshwitha con cortesía.
—Buenos días.
Leon bajó la mirada hacia Noa.
—Tú también, buenos días, Noa.
—Ajá, buenos días.
Viendo que su hija seguía sin prestarle mucha atención, Leon no se molestó en insistir. Se volvió hacia Roshwitha.
—¿Qué se les ofrece?
—Noa dijo hace unos días que quería entrar en la división de crías del Instituto Saint Hisis. Como sabes, la academia tiene un examen de ingreso bastante estricto. Espero que puedas ayudarla con las materias teóricas este mes.
Leon alzó las cejas, pensativo.
No respondió de inmediato, sino que se agachó a hablar con Noa:
—Quiero hablar un momento a solas con tu madre. ¿Puedes entrar mientras tanto?
Noa asintió y se metió en la casa.
—¿Qué pasa? —preguntó Roshwitha.
—Puedo enseñarle las bases de las materias, sí. Pero a cambio, quiero algo de valor equivalente. Algo como ese paseo que tuvimos el otro día, cuando Moon aprendió a escribir su nombre. O algo por el estilo.
Roshwitha alzó una ceja.
—¿Me estás negociando?
—Si no te parece, puedes buscar a alguien más. Total, en tu raza todos son unos genios y se expresan divinamente.
—Como su padre, es tu deber educarla, Leon.
Aun así, Roshwitha reflexionó unos segundos y cedió:
—Está bien, puedo aceptar. Pero tus condiciones no pueden ser exageradas.
—Por supuesto.
—Bien. Trato hecho.
Leon pestañeó, como si recordara algo, y soltó una risa irónica.
—¿Trato hecho? Qué raro… según recuerdo, hace unos días alguien me dijo que no necesitaba hacerme promesas.
Roshwitha se limitó a sonreír con desdén.
—Tenía miedo de que cierto alguien volviera a fingir una grave enfermedad, todo por darse el gusto de una venganza momentánea, solo para luego caer inconsciente durante tres días tras recibir un solo puñetazo mío.
—Tch. ¿Y la que está insatisfecha no eres tú?
—Ya basta, no tengo tiempo para discutir contigo.
Roshwitha cortó la conversación de golpe.
—En un rato, las sirvientas te traerán los libros. Enséñale bien a tu hija, espero que puedas hacerlo.
—Claro que sí.
—Eso espero. Después de todo…
La reina bajó la mirada y, como si fuera sin querer, echó un vistazo a la entrepierna de Leon. Luego, con un tono enigmático, añadió:
—Después de todo… ya que en ese aspecto no puedes hacer mucho, al menos que sirvas en otras áreas.
¡Pff—!
Sus palabras afiladas fueron como una daga directa al corazón vulnerable de Leon.
Roshwitha, viendo su cara de querer maldecir pero sin tener cómo defenderse, sonrió satisfecha.
—Entonces, estudien mucho. Yo me retiro.
Dicho eso, se dio media vuelta y caminó por el pasillo.
Leon también iba a cerrar la puerta.
Pero justo cuando estaba por cerrarla por completo, la voz de Roshwitha volvió a sonar desde el fondo del pasillo, rematando con otra cuchillada:
—Ah, cierto, querido esposo… ¡no te vayas a agotar~!
Adoptó un tono exageradamente preocupado, y al terminar, alzó la mano junto al rostro, moviendo los dedos en un pequeño gesto de despedida.
—¡¿Vas a dejar de joder de una vez, maldita dragona?! (????)?????
¡Pum!
Leon azotó la puerta con fuerza.
—¿Qué pasó? ¿Volviste a pelear con mamá? —preguntó Noa, asomando la cabecita desde la habitación.
—No, solo una charla diaria. Yo… espera un momento. ¿Cómo la acabas de llamar?
—Mamá.
Los ojos de Leon brillaron y se acercó emocionado, agachándose frente a Noa.
—¿Fue ella quien te pidió que la llamaras así?
—Ajá. Esta mañana, mientras hablábamos, me lo pidió.
¡Vaya! Ayer mismo él se lo había sugerido a Roshwitha… y hoy ya lo había puesto en práctica.
Esa dragona será muy perversa, ¡pero hay que admitir que actúa con rapidez!
Emocionado por la sorpresa, Leon preguntó:
—Oh~ ¿Y tú qué piensas? ¿Te gusta más cómo la llamabas antes o te gusta más ahora?
Noa lo pensó un poco y respondió con seriedad:
—Ahora.
¡Conozco a mi hija mejor que nadie!
¿Lo ves, dragona? ¡Esto es el instinto natural de un padre!
Noa observó a Leon, que de repente se veía feliz sin razón aparente, y le lanzó una mirada de fastidio antes de preguntar:
—¿Cuándo empezamos a estudiar?
Leon se calmó un poco y dijo:
—Roshwitha dijo que las sirvientas traerían los libros en un rato, así que nosotros…
Knock knock—
—Príncipe Leon, señorita Noa, traemos los libros —se oyó la voz de la jefa de las sirvientas, Anna, desde afuera.
Leon se apresuró a abrir la puerta.
Anna le entregó varios libros gruesos.
Leon los tomó. Pesaban bastante.
—Estos libros abarcan teoría básica de magia, historia general de la raza dragón y conocimientos comunes. Todo eso entra en el examen de ingreso a Saint Hisis —explicó Anna.
—Entiendo —asintió Leon.
—Entonces no los molestamos más. Le deseamos éxito enseñando a la señorita.
Justo cuando Anna se disponía a marcharse, Leon la detuvo:
—Espera, Anna.
—¿Sí, príncipe?
—Tráeme un par de libros sobre hierbas medicinales más tarde.
Anna parpadeó, sin entender por qué el príncipe querría libros sobre hierbas, cuando eso no entraba en el examen.
Aun así, si era una orden suya, ella la cumpliría sin dudar.
—Entendido, príncipe. Se los haremos llegar pronto.
—Gracias, Anna.
—No hay de qué, señor.
Anna hizo una leve reverencia y se retiró.
Leon regresó a la habitación con los libros y los dejó caer sobre la mesa con un golpe sordo.
Le dio unas palmadas al libro de encima y miró a Noa.
—¿Empezamos?
—Ajá.
Como Roshwitha no lo había avisado con antelación, Leon no tuvo tiempo de prepararse. Así que lo único que podía hacer era comenzar por lo básico.
Pero al revisar un libro titulado“Fundamentos Fisiológicos de los Dragones”, estuvo un buen rato sin decir palabra.
Noa no pudo evitar preguntar:
—¿Y no vas a empezar?
¿No será que este tipo no entiende nada de lo que está leyendo y solo está fingiendo?, pensó.
—Si no puedes, puedo estudiar sola —añadió con frialdad.
Leon no despegó la vista del libro.
—Esto es demasiado básico para ti. Puedes revisarlo tú sola más tarde. No vamos a perder el tiempo en cosas tan simples.
Ayer, durante una conversación, Roshwitha le habló a Leon sobre Noa.
Sabía que su hija era muy inteligente y tenía gran capacidad de comprensión.
Si se usaba como referencia a Moon, Noa estaba claramente por encima.
Así que no tenía sentido explicarle cosas que podía entender sola.
El método de enseñanza que usó con Moon no aplicaba aquí.
Al escuchar esas palabras, en el rostro helado de Noa apareció una leve expresión de sorpresa.
¿Eso… fue una forma de reconocer su habilidad?
¿Acaso no la estaba tratando como a una simple niña?
Apretó los labios y jugueteó con la punta de su cola, sin saber bien cómo sentirse.
La verdad, antes de venir, no tenía muchas expectativas.
¿Qué podría enseñarle un tipo que parecía un niñero casero?
Pero tras convivir con él a solas, su impresión sobre Leon empezó a cambiar.
Tal vez… esta “clase privada de padre e hija” le permitiría conocer mejor a este hombre.