Capítulo 33
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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A Roshwitha se le contrajo levemente la comisura del labio.
—¿Q-quién es tu esposa? ¡Suéltame ahora mismo!
Mientras hablaba, intentó tirar de su cola para sacarla de las manos de Leon.
Pero él simplemente la abrazó entera contra su pecho.
Las rodillas de Roshwitha temblaron, pero aun así estiró el brazo, sujetándose la base de la cola, intentando arrebatársela a la fuerza.
Sin embargo, este desgraciado parecía haber enloquecido por completo. No sólo no la soltó, sino que empezó a restregarle la cara encima.
—¡Ya basta, maldito! ¡Devuélveme mi cola!
Estaba tan acostumbrada al Leon firme y obstinado de siempre, que este comportamiento de ahora…
Ugh, ¿cómo se supone que debería llamarse esto?
¿Borracho escandaloso?
¿Mimado desesperado?
¡Da igual cómo se llame!¡Solo que le devuelva su cola a esta reina de una vez!
Roshwitha tiraba con una mano de su cola mientras apoyaba el pie en el pecho de Leon para hacer palanca, empezando así una guerra de “tira y afloja”.
—¡Es-po-sa~!
Esa palabra la gritó con una claridad tan ceremonial, que parecía que estaba alistándose al ejército.
Una leve rojez empezó a extenderse por la cara de Roshwitha, pero ella se mantuvo firme, sin responderle mientras seguía luchando por recuperar su cola.
—¡Esposa! ¡¿Por qué no me haces caso?! —insistía él.
—¡Te haré caso, sí, te haré caso a patadas!
Después de meterse el “Refuerzo de Dragón”, la recuperación física de Leon era impresionante.
Roshwitha, solo con fuerza bruta, no podía arrancarle la cola de vuelta.
—Esposa~, te fuiste a casa de tu mamá por dos años, ¡y yo te extrañé tanto que casi muero!
Roshwitha se detuvo a descansar con las manos en la cintura.
—Créeme, cazadragones… Si tu futura esposa se va dos años a casa de su madre, eso solo puede significar una cosa: que ya eres su exmarido.
—¡Esposa, no te enojes conmigo~! ¡Prometo no volver a ensuciar tus vestidos!
Rascándose la nariz, Roshwitha no pudo evitar fruncir el ceño.
La forma en que Leon hablaba ahora, a pesar de estar delirando… le resultaba familiar.
Pensó un poco y de repente se dio cuenta.
—Moon…
Cuando se pone serio, se parece a Noah.
Pero cuando se le va la cabeza… es igualito a Moon.
No en vano es su padre, ¿no?
Incluso Roshwitha tuvo que admitirlo para sus adentros con resignación.
Aunque… ¿qué fue lo que provocó este ataque?
Roshwitha se tocó la barbilla, frunciendo el ceño con preocupación.
El “Refuerzo de Dragón” solo debía tener efectos de fortalecimiento físico. No debería causar pérdida de conciencia ni alucinaciones.
Leon estaba sentado al borde de la cama, acunando su cola como si fuera un tesoro, moviéndola de un lado a otro con ternura.
Roshwitha se miró el pecho, intentando sentir la reacción del tatuaje del dragón.
…Nada.
—Parece que está simplemente delirando.
Nunca antes había visto un caso así. No sabía cuánto iba a durar, pero dado que su tatuaje no reaccionaba, y las niñas seguramente ya estaban dormidas, no tenía por qué irse aún.
Roshwitha soltó un suspiro y se sentó a su lado.
Le dejó abrazar la cola, sin pelear por ella esta vez.
Pero Leon no se quedó quieto.
—Esposa~
—…
—Esposa, esposa~
—Lárgate.
—Esposaesposaesposaesposaesposa——
—¡Aaaah, está bien está bien! ¡Aquí estoy, ¿qué quieres ahora?!
Roshwitha no pudo con él. Estaba en plena crisis inducida por el “Refuerzo de Dragón”.
Aun así, por mucho que se quejara, el rubor en su cara seguía intensificándose.
Ni ella misma se dio cuenta, pero… cuando Leon la llamaba “esposa”, había una pequeña, ínfima… chispa de felicidad en su corazón.
—Quiero otro hijo, esposa —dijo Leon con una expresión seria.
—¿Otro? Si apenas te las arreglas con los dos primeros… Ahórratelo.
—¡Pero quiero otro! ¡Vamos a tener otro mañana mismo!
Roshwitha se cubrió la cara con la mano.
No podía con esta versión“Moon adulto y enloquecido”. La semejanza era perturbadora.
¿De verdad ese temido cazador de dragones tenía una faceta tan… absurda en el fondo de su alma?
—Vamos, di algo, esposa. ¿Tendremos otro bebé?
—Sí sí, está bien, vamos a tener otro. ¡No solo otro! ¡Tendremos tres, cuatro, los que quieras!
Roshwitha ya solo seguía el juego.
—Total, en nuestra raza no hay planificación familiar.
—¡Yeees! ¡Esposa, eres la mejor! ¡Muuu~!
Leon le lanzó un beso con los labios fruncidos.
Roshwitha le puso la mano en la cara de inmediato.
—Ni se te ocurra aprovecharte, imbécil.
Pero ese “mu” no se le iba a escapar hoy.
—¡Muuua!
Y así, le plantó un beso directo en la punta de la cola.
……
……
Esa fue, sin duda, la noche más absurda de los últimos doscientos años de Roshwitha.
Y lo peor… es que probablemente esto recién comenzaba.
—Esposa… —la voz de Leon cambió de tono, tornándose grave de pronto.
—¿Y ahora qué?
Thump.
Se recostó contra su hombro sin previo aviso.
Roshwitha se sobresaltó un poco, pero no lo apartó. Lo dejó allí, apoyado en ella.
—Mamá y papá también te extrañan.
Leon bajó la mirada, hablando con una melancolía que no podía disimular.
—Hace dos años que no volvemos a casa. ¿Cuándo vendrás conmigo a visitarlos?
¿Mamá y papá…?
Ah, debe referirse a sus maestros.
Roshwitha giró la cabeza. Su mentón rozó sin querer su cabello. Alzó la mano y le acarició suavemente la mejilla.
—Volveremos… cuando nos hayamos establecido.
—¿En serio, esposa?
Ella dudó un momento, pero asintió.
—Sí. En serio.
—Lobau chu ni ni si fa jie gui… ¡Eres tan buena!—dijo él balbuceando, y volvió a besarle la cola.
Pero esta vez, la reina no se quejó.
No lo rechazó.
Solo lo miró, en silencio.
No… En ese instante, él no era un temido cazador de dragones.
Era simplemente… un muchacho que extrañaba su hogar.
Pero el destino es cruel, y aunque quiera volver, ya no puede.
Así que, mientras esté en este estado medio aturdido, que se dé un gustito.
—Esposa.
La voz de Leon la sacó de sus pensamientos. Roshwitha respondió sin pensar:
—¿Hmm?
Y en cuanto contestó, se quedó helada.
¿Acaso acababa de responder… como si realmente fuera su esposa?
Sacudió la cabeza, intentando convencerse de que solo estaba siguiendo la actuación de un lunático.
—Me… me siento mal.
Roshwitha lo miró de reojo.
—¿Dónde te duele?
—No lo sé… —Leon se rascó el pecho—. Está caliente, como si me picara por dentro…
Roshwitha entrecerró los ojos. Algo se le encendió en la cabeza.
Tiró de su camisa para verle el pecho.
—Maldición…
El tatuaje del dragón brillaba intensamente, cada vez más fuerte.
Y justo cuando Leon empezó a sentirse mal, ella también notó algo extraño en su cuerpo.
—Ayúdame… Esposa… me siento fatal…
Se le acercó aún más, presionando su cuerpo contra el de ella.
Le sostuvo el mentón, intentando besarla.
Roshwitha, aún con algo de cordura, giró el rostro y apartó su mano.
—No hagas esto, Leon…
—Pero me duele mucho… tú puedes ayudarme, ¿verdad?
—Yo… yo… ¡no… ah!
De repente, Leon la empujó con fuerza sobre la cama, sujetándola por los hombros.
—¡Maldito! ¿¡Qué estás haciendo!?
Intentó zafarse, pero él la tenía completamente atrapada.
Con la punta de la cola en su boca, la sujetó para liberar ambas manos… y hacer cosas más “útiles”.
Se arrancó la camisa con una sola mano. El tatuaje de su pecho ardía como una marca viva.
Pero esta vez… había algo más.
Además del brillo, empezaron a aparecer destellos eléctricos.
—¿Eso es… energía de rayo?
Roshwitha abrió los ojos sorprendida, pero enseguida notó otra cosa.
Miró la punta de su cola atrapada entre los labios de Leon.
—Mi cola arrastra por el suelo todo el día. ¿No te da asco tenerla en la boca?
Con la boca llena, respondió:
—La cola de mi esposa huele rico~ Está limpísima.
—¡Eso no importa! ¡Suéltala!
Roshwitha la jaló con fuerza, liberándola al fin.
Pero el tatuaje brilló aún más.
No sabía qué efectos tendría esta reacción extraña con la energía del rayo…
Pero el deseo físico era tan abrumador que sobrepasaba cualquier episodio anterior.
Apretó las sábanas con fuerza, mordiéndose los labios, resistiéndose con todo lo que le quedaba.
—No, Leon… no podemos…
Él alzó la mano, y le puso un dedo sobre los labios.
Ese gesto, tan simple, la dejó muda.
Ya no era el payaso de hace un rato.
Ahora… era un loco. Un hombre al borde de perder el control.
—L-Leon…
Quiso decir algo, pero no pudo.
No sentía enojo. No se sintió ultrajada.
Al contrario…
Había algo de… anticipación.
—Roshwitha… estás hermosa esta noche —susurró él con una voz rasposa.
La belleza de cabellos plateados tembló, sus pupilas dilatadas, el alma a flor de piel, entre asombro y deseo.
—Está bien… pero solo por esta noche.
Aflojó su cuerpo tenso, su rostro encendido por un rubor carmesí.
Y su consciencia… se empezó a entregar por completo al placer que el tatuaje traía consigo.
¡BOOM!
Un relámpago rasgó el cielo, como si fuera el disparo de salida de una batalla.
Dentro de la habitación, los sonidos eran íntimos y desbordantes.
Afuera, la tormenta rugía con furia.
Rayos y lluvia caían sin tregua. Cada trueno traía un nuevo embate del aguacero.
Las gotas golpeaban las ventanas con fuerza.El viento se colaba por las rendijas, mezclándose con el calor denso y dulzón del cuarto.
Una lluvia interminable.
Y por como iba la cosa… no parecía que fuera a parar hasta bien entrada la mañana.