Capítulo 34
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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León despertó de un agotamiento extremo.
La cálida luz del sol se colaba por la ventana, sin dejar rastro del huracán que había azotado la noche anterior.
Bajo él había una cama suave… pero hecha un desastre.
No.
«Desastre» se quedaba corto.
Lo que había bajo su cuerpo era una escena dedevastación total.
Alzó la mano para frotarse las sienes doloridas, pero incluso ese gesto provocó un sonido seco en su articulación —crac, crac— seguido por una oleada de dolor explosivo.
—¡Tss…! —León soltó un quejido ahogado, mientras intentaba recordar lo ocurrido anoche.
Lo último que recordaba era a Roshwitha preguntándole por el «potenciador dracónico».
Luego… esa maldita dragona le advirtió que un cuerpo humano no podía soportar los efectos de un medicamento para dragones.
Y luego, él… se lo tomó de un golpe.
Después de eso…
Nada.
Su memoria tenía…lagunas.
Shh—shh
El sonido de tela rozando piel le llegó a los oídos, y León giró la cabeza en dirección al ruido.
Frente al escritorio, una figura femenina esbelta y elegante estaba sentada de espaldas.
Su larga melena plateada caía como una cascada sobre la espalda, y los finos tirantes de su camisón amenazaban con deslizarse de sus hombros pálidos.
—¿Despertaste? —dijo la bella mujer de cabellos de plata, sin girarse, con voz suave.
León humedeció sus labios y preguntó con cautela:
—¿Llegaste esta mañana o… nunca te fuiste anoche?
—No me fui.
Perfecto.
Entonces eso explicaba por qué la cama estaba así.
—Tampoco es que pudiera irme.
Roshwitha se giró lentamente. Se cruzó de piernas con elegancia, apoyando una mano en su mejilla, mirándolo con aire lánguido y provocador.
León frunció el ceño.
—Este es tu santuario. ¿No puedes irte cuando quieras?
Ella arqueó una ceja fina.
—¿No recuerdas nada?
Parecía levemente sorprendida, aunque en el fondo, era más bien como si lo hubiera esperado.
—¿Recordar qué…?
Roshwitha sonrió. Tomó un plato del escritorio y lo colocó sobre la mesilla al lado de la cama.
—Anna los trajo esta mañana. Come algo.
—¿Qué es esto?
—Profiteroles con crema. ¿Nunca los probaste?
—Claro que sí. Sólo no pensé que los dragones comieran este tipo de dulces.
—Normalmente no. Pero pensé que quizás este postre podría ayudarte… a recuperar ciertos recuerdos de anoche.
León parpadeó, sin entender.
¿Unos profiteroles iban a despertar sus recuerdos?
¿Esta dragona otra vez andaba con sus juegos extraños?
Negó con la cabeza.
—No tengo hambre. Tampoco quiero recordar nada de anoche…
—Esono se puede olvidar, cazador de dragones.
Dicho esto, Roshwitha tomó uno de los profiteroles, le dio un mordisco… y una corriente espesa de crema comenzó a deslizarse por la comisura de sus labios.
Se limpió suavemente con los dedos, aunqueno del todo.
La crema restante resbaló por su perfecta línea mandibular, y cayó, gota a gota, sobre su pecho… justo encima del tatuaje dracónico.
León la observó, atónito.
¿Qué demonios…?
¿Esto era algún tipo de provocación matutina?
¿»Tentación dracónica» edición desayuno?
¿Acaso esta mujer creía que después de todo lo que había pasado, un cazador de dragones como él no iba a resistirse a esa trampa tan obvia?
Hmph.Ingenua.
Dos segundos después.
No.
Un instante después, una serie de imágenes estallaron en su mente como fragmentos desordenados: crema deslizándose por los labios y el pecho de Roshwitha… sus breves intentos de resistirse… cómo, en pleno apogeo de la tormenta, habían alcanzado esa última fase:la unión de dragón y humano.
Y cómo, ya exhausta, Roshwitha había intentado parar… pero él la había abrazado con ternura, susurrándole que sólo una vez más… una y otra… y otra vez más…
—Oh…
León se llevó ambas manos a la cabeza, entrelazando los dedos en su cabello.
—¡N!!O!!! Ugh——
Antes de que pudiera gritar, Roshwitha le metió en la boca el profiterol que acababa de morder.
El sabor de la crema, mezclado con el leve aroma de sus labios, estalló en su boca.
—Ni siquiera he gritado. ¿Por qué lo haces tú? —refunfuñó ella con fastidio.
León dio un par de mordiscos, tragó con dificultad, luego dejó el dulce en el plato, nervioso.
—Yo… nosotros anoche… ¿qué hicimos exactamente?
Roshwitha estiró los brazos, recorriendo con la mirada el cuarto y la cama.
—Lo que había que hacer, lo hicimos. Y además, fuiste tú quien me rogó que lo hiciera.
Hizo una pausa.
—No, espera. Fue que meengañaste para hacerlo. Mmm… —frunció el ceño, pensativa—. En realidad fue una mezcla desuplicar y manipular.
León tragó saliva al ver el estado de la habitación, peor que un campo de batalla.
—Yo… ¿por qué habría de rogarte para hacer algo así?
Roshwitha cruzó los brazos y, con expresión inexpresiva, comenzó a imitar su voz de la noche anterior:
—“Cariño, vamos una última vez, ¿sí?”
—“Amor, de verdad no aguanto más. Ayúdame. Sólo esta vez, lo prometo.”
—“¿Tienes que ir al baño? Si no, vamos otra vez. Te juro que esta sí es la última.”
—“Amor, tú——”
—¡Basta, basta! —León alzó las manos—. ¿No estarás inventando todo eso?
—Tengo pruebas.
—¿Qué pruebas?
—Bueno… la mayoría ya las lavé, pero…
Roshwitha se acercó a la cama, y le mostró su cuello, brazos y pecho.
Estaban cubiertos de marcas rojas —claras huellas de su boca.
Luego alzó un pie sobre la cama, levantó su camisón y mostró el muslo: también cubierto de besos y mordidas.
—Y más arriba… y más adentro… ¿quieres mirar?
—¡No no no no! —León agitó las manos como loco.
Roshwitha resopló, alzó su cola y la acercó a él.
—Incluso en la cola. ¡Te dije que la cola arrastra por el suelo y no es higiénica! ¡Aun así la mordiste! Empiezo a sospechar que tienes alguna clase de fetiche con mi cola…
Y aún no terminaba.
Se giró, levantó su melena plateada y mostró su espalda.
Sobre la blancura de su piel se veían varias marcas rojas brillantes.
Era difícil imaginar la intensidad de lo que habían hecho. ¿Cuánta energía había puesto León anoche…?
Ese potenciador dracónico era…
demasiado potente.
Pero bueno. Al menos esto le recordó a León cuál era el propósito de esa droga: restaurar su cuerpo para poder «darle una lección» a Roshwitha… aunque la situación se le hubiera ido de las manos.
Con ese pensamiento, se recompuso, y dijo con cierta satisfacción:
—Admito que anoche me pasé un poco… ¿no te hice daño, verdad?
Roshwitha lo miró de arriba abajo, con los brazos cruzados. Captó al instante la arrogancia en su voz.
—Estoy bien —respondió con frialdad.
—¡Vamos! Después de todo esto, ¿me vas a decir que estás bien? Señorita Roshwitha Melkve, le ofrezco una disculpa sincera por haber… desatado toda mi verdadera fuerza.
Hablaba con falsa solemnidad, pero luego cambió de tono:
—Entonces, ahora ya tienes claro qué tan “bien” está mi cuerpo, ¿no?
Seguía con esa sonrisa de suficiencia.
Roshwitha entrecerró los ojos y bajó los brazos. Caminó hacia él.
León borró su sonrisa. Se echó levemente hacia atrás.
Pero ella lo sujetó por el mentón, obligándolo a alzar la cabeza y mirarla a los ojos.
Sus pupilas dracónicas plateadas destellaban, llenas de picardía y tentación.
—Claro. Tu desempeño anoche me dejó muy satisfecha, cazador de dragones. Espero quepuedas mantener ese nivel… para siempre.
León: …
¿Pero en qué momento me volví trabajador del sexo?!