Capítulo 35
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 35: Papá, ¿esta medicina no sirve…?
Leon se dio cuenta de que había caído en un callejón sin salida.
—Tu cuerpo ya no es lo que era antes, ¿eh?
¡Ataque directo al corazón!
—Tu desempeño anoche… me dejó muy satisfecha. Sigue así.
¡Otro ataque directo!
Sus defensas frente a Roshwitha eran como papel mojado: bastaba una palabra para derrumbarlas.
Leon preferiría enfrentarse a esta dragona en un sangriento campo de batalla durante trescientas rondas, que seguir siendo víctima de sus ataques psicológicos…en la cama.
¡Maldita sea!
¡La maldita academia de cazadores de dragones nunca enseñó una asignatura llamada «resistencia emocional»!
Roshwitha le dio un par de palmadas suaves en la cabeza.
—Bueno, ve arreglándote. Dentro de un rato tienes que darle clases a Noa.
Leon apenas pudo mover sus brazos y piernas medio muertos.
—Con lo que me dejaste anoche, estoy como si hubiera retrocedido cien años. Mejor descanso un día antes de retomarlo.
Roshwitha asintió con tranquilidad, sin presionarlo.
—Está bien.
Qué dócil.
Parece que anoche sí quedó satisfecha.
Leon suspiró de nuevo en silencio.
Había logrado desarrollar esa medicina con mucho esfuerzo, y al final todo el efecto se gastó…en eso.
¿Cómo no iba a quedar satisfecha?Aunque fuera de acero, después de eso también se derretiría.
Roshwitha recogió su juguetona actitud y empezó a limpiar el desastre del cuarto con tranquilidad.
Leon la observó mientras se movía ágilmente entre la escena de guerra que habían dejado.
—Yo sí ayudaría a recoger si no fuera porque literalmente no puedo levantarme…
—No te preocupes.
Hay que admitir que Roshwitha también era muy buena en las labores del hogar.
En apenas unos minutos, el cuarto caótico ya tenía un aspecto aceptable.
Viéndola moverse con tanta destreza, Leon no pudo evitar preguntarse: con tantos chupetones por todo el cuerpo y lo que había pasado anoche, ¿cómo era que se levantó como si nada?
Tsk. Así que esta es la resistencia de los dragones… realmente aterrador.
Pronto empezó a limpiar con más detalle, con una soltura que hablaba de años de práctica.
Leon pensaba que una reina como ella, una dragona plateada, nunca se rebajaría a hacer estas cosas.
Y por un momento, en medio de la neblina del pensamiento, creyó ver en ella la figura de su maestra:esa mujer sencilla y trabajadora de la granja, que también hacía las tareas del hogar con la misma seriedad y cuidado.
El pensamiento le nubló el corazón.
Aunque no recordaba del todo la noche anterior, sí tenía una vaga imagen:había dicho… que extrañaba su hogar.
Ya llevaban más de dos años separados…¿Cómo no iba a extrañarlos?
¿Cómo estarían su maestro y su esposa ahora…?
Leon jugueteó con los dedos, dudó un poco, y al final le habló a Roshwitha:
—Oye… ¿te acuerdas de aquella apuesta que hicimos? Esa de que si nuestras hijas te llamaban mamá, veríamos si se ponían más felices.
Roshwitha se detuvo un momento, se giró y dijo:
—Sí, me acuerdo. ¿Ya pensaste qué quieres pedir?
¡Huy, qué directa!Eso significaba queella también se dio cuenta de que, desde que las niñas la llaman “mamá”, se han acercado mucho más a ella.
—Sí, ya lo pensé. ¿Puedes enviar a alguien al Imperio… a ver cómo están mi maestro y su esposa?
Leon agregó:
—Sé que los dragones suelen infiltrar agentes en los países humanos. Incluso tienen una unidad entrenada para eso, ¿verdad?
Roshwitha parpadeó, luego dijo:
—Ese tipo de misiones de infiltración no se nos da muy bien a los dragones plateados. Lo hacen mejor los que son buenos disfrazándose. Pero si solo es para visitarlos, no hay problema.
Los ojos de Leon brillaron.
—¿En serio? Muchas gra—… digo, muchas gracias por adelantado.
Roshwitha soltó una risita.
—Decir gracias a tu archienemiga… eso sí es raro.
Leon desvió la mirada sin responder.
Roshwitha volvió a agacharse para seguir limpiando en silencio.
El cuarto ya estaba casi listo cuando se oyó el giro de la cerradura en la puerta.
A los pocos segundos, dos pequeñas siluetas entraron al cuarto una detrás de la otra.
—Buenos días, mamá.
—¡Buenos días, mamá!
—Buenos días, Noa, Moon.
Las dos pequeñas miraron entonces a Leon en la cama, y al ver su expresión demacrada, se detuvieron en seco.
Moon recordó la “pastillita de chocolate” de ayer.
Papá dijo que era una medicina para mamá;pero mamá le dijo que en realidad erapapáquien estaba enfermo, solo que no podía decirlo y tenía que fingir que era para ella.
Así que…¡Mamá tenía razón!
Moon corrió hasta la cama, la carita llena de preocupación.
—¿Papá? ¿Te sientes mal?
Leon la miró desconcertado.
—¿Eh…? No, no, estoy bien, solo un poco cansado.
—¡Yo lo sé todo, papá! ¡No te hagas el fuerte!
Leon se quedó de piedra.
—¿Tú… tú sabes qué cosa?
Miró de inmediato a Roshwitha.
No puede ser que esta madre dragona le haya dicho algo a la niña… ¿cierto?
¡Oye! ¡¿No tienes sentido común?!
¡No se le cuenta ese tipo de cosas a los niños!
¿Dónde queda mi dignidad como padre?
Noa también frunció un poco el ceño, mostrando una preocupación leve. No dijo nada, pero se quedó cerca, observando.
—Papá, dijiste que era mamá la que estaba enferma, ¿pero en realidad eres tú, verdad?
Moon tiró de la manga de su padre, con un leve temblor en la voz.
—Yo lo sé… Papá es un hombre. Y los hombres no pueden admitir que están enfermos. Pero… pero ahora tu cara está más pálida, y Moon está muy preocupada por ti…
—No llores, no llores, papá está bien…
Leon intentó abrazarla, pero estaba tan débil que le costaba incluso cargar a su pequeña hija dragona.
Al final, fue Noa quien le ayudó, empujando suavemente a Moon desde abajo para que se sentara sobre sus piernas.
Después del gesto, Noa volvió a su lugar, quieta, pero con los ojos atentos a su padre.
Leon limpió las lágrimas del rostro de Moon y le sonrió.
—Papá está bien. Si no lo estuviera, ya estaría…plop, tieso en una camilla. ¿Tú crees que podría estar aquí charlando contigo?
Pensaba que ese chiste tonto funcionaría como siempre, pero Moon seguía con cara preocupada.
—Papá, estás mintiendo. Estás enfermo.
Moon se sonó la nariz y dijo:
—Ah, cierto. ¿Y la pastilla que preparaste ayer, ya te la tomaste?
—…Sí… sí, ya me la tomé…
—¿Entonces por qué no te has curado?
—…Ehhhhh…
—¿No hizo efecto?
—…Uhm…
—¿Tomaste muy poca?
—…
—¿Te equivocaste de medicina?
Mi pequeña chaqueta de algodón, si sigues preguntando así, ya te estás pasando de lista 🙂
—¡Papá, di algo! ¡No me asustes! ¡Responde!
Noa observó la cara de Leon. Parpadeó y pareció entender lo que pasaba.
Este tipo sí está mal físicamente, mintió y dijo que era mamá la que estaba enferma. Se tomó la medicina, no le funcionó, y ahora está incluso peor.
En resumen: se le volteó el juego.
Luego miró a su madre.
Estaba allí, limpiando sin decir nada,pero con los hombros temblando… de aguantar la risa.
Ajá. Todo en orden entonces.
Al menos, no se va a morir.
—¡Papá! ¡Papá! ¡Moon no puede vivir sin ti! ¡Tienes que ponerte bien, buaaaah!
Noa le jaló la colita a su hermana.
—Bájate, Moon. Vamos a jugar, y esta noche venimos a verlo otra vez.
—¡No! Si papá no tiene mucho tiempo, Moon quiere estar con él todo el rato.
—¿Qué eso de “no tiene mucho tiempo”? ¡Deja de usar mal los modismos! Bájate ya. Está bien, te lo prometo: en la cena va a estar saltando de nuevo.
Moon parpadeó, con sus grandes ojos brillando.
—¿De verdad, hermana? ¿No me estás mintiendo?
—No te miento.
—Bueno… entonces papá, tú descansa mucho. ¡Nos vemos en la cena!
—…Sí, está bien.
Moon bajó de la cama. Noa le tomó la mano y ambas salieron del cuarto.
—¡Papá, descansa! ¡No te olvides de tomar mucha medicina! —gritó Moon justo antes de cerrar la puerta.
¡Clac!
La puerta se cerró.
—¡Pffff…! —Roshwitha por fin no aguantó más y estalló en carcajadas.
Leon, con cara de derrota total, se cubrió el rostro.
—…¿Quién me entiende a mí, eh? ¿¡Quién!?