Capítulo 48
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Tres días después, en la ceremonia de ingreso de la Academia Saint Heath.
Los dragoncitos que lograron pasar el exigente examen de admisión, junto con sus tutores (¿dragones?), llenaban el auditorio, creando un ambiente de lo más animado.
Dentro y fuera del recinto, las risas se escuchaban por todas partes.
Pero…
¿Adivina quiénes son los tres pobres desgraciados que no podían reírse?
León, Noa y Roshwitha estaban ahora mismo parados en el escenario del auditorio, recibiendo la atenta mirada de por lo menos cien dragones presentes.
León siempre pensó que eso de “sentirse como un pollo al horno” era solo una expresión para describir una situación incómoda y vergonzosa.
Pero ahora, sinceramente, ¡preferiría que lo metieran al horno de verdad!
Justo entonces, el subdirector Wilson —el mismo que los había entrevistado días antes— subió al escenario, presentándolos con entusiasmo:
—Silencio, silencio, por favor. Es un honor presentarles a esta familia ejemplar: ¡los Melkve! Han obtenido la puntuación más alta en esta evaluación. ¡Escuchemos cómo han logrado construir un hogar tan armonioso en apenas dos años!
León fulminó al subdirector con la mirada y murmuró entre dientes:
—Viejo desgraciado, de verdad que ya te estás pasando de listo…
La familia de cuatro había llegado para asistir a la ceremonia de ingreso de Noa.
Esta vez, también llevaron a Moon con ellos.
Como aún quedaba tiempo para que comenzara la ceremonia, los llevaron a una sala privada de espera.
Apenas se sentaron, alguien llamó a la puerta.
Al abrir, se encontraron con el subdirector Wilson.
—Felicidades a los dos. Y también felicidades a la pequeña Noa por haber pasado el examen —dijo muy cortés.
Roshwitha y León devolvieron las palabras con modestia.
Una vez sentados, el subdirector continuó:
—En la prueba de hace tres días, Noa obtuvo casi el puntaje perfecto. Para que se hagan una idea, en los últimos años el promedio de ingreso a nuestra academia apenas llega a 80. Me alegra mucho que tengan una hija tan destacada. Hace mucho que no veíamos tanto talento en una alumna.
—Y si no me equivoco, Noa tiene apenas un año de edad, ¿cierto? Recién empieza a tener capacidad de aprendizaje, así que además de su talento, su maestro inicial también debe haber sido excelente. ¿Puedo saber quién fue?
Roshwitha y Noa voltearon a mirar a León.
León se lamió los labios y se acomodó un poco.
—Eh… no, no tuvo maestro como tal. Solo le enseñé unas cosas básicas. Lo que pasa es que mi hija es muy dedicada, eso es todo.
—El señor León tiene una presencia impresionante, pero por lo que veo, no pertenece a la tribu de los dragones plateados. ¿Puedo preguntar de qué clan proviene? —inquirió el subdirector.
—Ah, él… —empezó León.
—Mi esposo proviene de un pequeño clan que fue absorbido por las tribus mayores hace mucho tiempo —intervino Roshwitha rápidamente, salvándole el pellejo.
El subdirector asintió.
—Ya veo.
No lo decía por molestar ni por cortesía. Es solo que hasta ahora, León no había mostrado la cola, lo cual despertó su curiosidad.
Después de todo, la cola de un dragón no solo indica su edad aproximada, también señala su linaje.
Pero bueno, si no quería mostrarla, tampoco pasaba nada. Hay que respetar la privacidad ajena.
¿Y por qué no pensaron que León podría ser humano?
Pues porque estaba justo frente a sus narices. Ningún dragón se imagina que un humano pudiera estar aquí tan campante, ¡y con esposa e hijas!
—Oh, y además de Noa, quizás ustedes no lo saben, pero también obtuvieron el primer lugar en la evaluación familiar.
León y Roshwitha se miraron sorprendidos y se enderezaron de inmediato.
—¿En serio, subdirector? ¿Nosotros también quedamos primeros? —preguntó León con emoción.
Como buen nerd académico, los resultados le importaban muchísimo.
Pensaba que, con lo improvisado de la entrevista, su desempeño habría sido un desastre.
¡Pero resultó que fueron los mejores!
Totalmente inesperado.
—Así es, señor León. Tanto usted como su esposa sacaron una excelente puntuación en la parte escrita, y su desempeño en la entrevista fue igual de impresionante —el subdirector no escatimó elogios—. La forma en que entienden lo que es una familia, y cómo conviven día a día, nos mostró lo que debería ser un verdadero hogar.
Ambos se quedaron un momento en blanco.
“Un verdadero hogar…”
Subdirector, ¡usted sí que sabe ver más allá!Cof cof, quiero decir, qué ojo tan agudo, ¡notó de inmediato que somos una verdadera familia!
Sí, sí, no se equivocó: una familia real, unida, llena de amor y armonía.
—La mayoría de las otras familias entrevistadas dieron respuestas muy idealizadas, hasta falsas, como si todo fuera actuado —suspiró el subdirector—. Pero ustedes, señor León, señorita Roshwitha… el amor entre ustedes se siente sólido, firme y sincero. Deben ser una pareja muy cariñosa en su día a día, ¿cierto?
Una pareja. Muy cariñosa. En el día a día.
Subdirector, usted…
Usted…
¡Está ciego!
—¿Eh? ¿Dije algo incorrecto? ¿Por qué tienen esa cara tan rara los dos?
—¡No, no, para nada! Jajaja… subdirector, nosotros… —Roshwitha se giró y se colgó del brazo de León con una sonrisa forzada—. Claro que nos queremos mucho. ¿Verdad, León?
—…Sí.
—Entonces… —el subdirector se levantó de golpe, con entusiasmo—. ¿Podrían subir al escenario como familia modelo para dar unas palabras?
León y Roshwitha: ¿¿¿???
Y así fue como llegaron a esta escena del principio.
—Viejo desgraciado, de verdad que te pasas —gruñó León por lo bajo.
Roshwitha tuvo que darle un apretón en la muñeca.
Como no se calmara, seguro que su “instinto profesional” iba a explotar.
Y Noa…
Su hija mayor estaba parada entre ambos, con cara de total resignación.
Ella solo quería ingresar a la escuela, estudiar magia tranquilita, y graduarse sin hacer escándalos.
¿Eso de hablar en el escenario como familia ejemplar? ¿Por qué no le tocó a otra familia?
De los cuatro, la única que se salvó de este suplicio fue Moon.
Porque se quedó abajo del escenario.
Eso sí, no se quedó callada: agitaba los brazos y animaba más que el mismo subdirector.
Al ver que los tres en el escenario no eran precisamente buenos oradores, el subdirector decidió intervenir:
—Noa, eres la estudiante más joven de este examen, ¡y aun así obtuviste una puntuación perfecta! Eso sin duda se debe a la educación que recibiste en casa, ¿cierto?
Noa asintió, seria.
—¿Tienes algunas palabras para tu familia?
Parece que, si no decía nada, el viejo no la iba a dejar en paz.
Noa pensó un momento y dijo:
—Durante la preparación para el examen, agradezco mucho los ánimos de mamá, y también la compañía de mi hermana.
León sintió un pequeño pinchazo en el corazón.
Otra vez… como en la primera cena, se iba a quedar fuera.
Pero bueno, mientras su hija pudiera entrar a la academia, él ya estaba feliz.
—Y sobre todo, quiero dar las gracias a… a mi papá. Me ayudó muchísimo. Gracias. Eso es todo…
Después de decirlo, Noa giró la cabeza y lo miró.
León estuvoa nadade echarse a llorar.
—Parece que ha hecho un gran trabajo como padre, señor León. ¿No tiene algo que decirle a su hija?
León se contuvo, confundido.
—¿Decir… cómo?
—¡Pero claro! Abrázala, bésala, haz algo por tu hija tan maravillosa —dijo el subdirector.
—Abrazar todavía va… pero besarla… —pensó León.
Subdirector, ¿usted no quiere que esta ceremonia acabe en parricidio?
—En la mejilla está bien —susurró Noa de repente.
—¿Eh?
—¡Rápido! Así acabamos de una vez con esta ceremonia socialmente humillante.
León no perdió el tiempo. Abrazó a su hija mayor y, en medio de los aplausos del público, bajo la mirada atónita de Roshwitha y los vítores de Moon, le dio un suave beso en la mejilla.
Muy suave. Muy ligero. Pero Noa pudo sentir lo cuidadoso y nervioso que estaba León.
Y para León, eso ya era más que suficiente.
Después de todo, hace apenas un mes, Noa ni siquiera lo dejaba acercarse.
Roshwitha también suspiró de alivio.
Padre e hija… al fin estaban rompiendo el hielo.
Además, por suerte el subdirector no dijo que la besara a ella… pensó aliviada.
—Y si ya besó a su hija, ¿cómo va a olvidarse de su esposa, señor León?