Capítulo 49
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Quizás… ¿haber dejado que León matara a ese viejo dragón durante la entrevista de hace tres díasnofue tan mala idea después de todo?
Roshwitha estaba de pie en el estrado, mirando a las cientos de dragones chismosos del público. Todos esperaban con ansias ver cómo el esposo de la “familia más feliz del año” besaría a su esposa.
Roshwitha no tenía escapatoria con tantas miradas encima.
—Ay…
Justo en ese momento incómodo, León suspiró con fingida resignación.
Roshwitha entrecerró los ojos para mirarlo. Sabía que ese tipo iba a pasarse de listo.
—Probablemente no lo sepan, pero mi esposa y yo somos personas muy reservadas, incluso tímidas. Rara vez mostramos cariño, ni siquiera frente a nuestros propios pares. Pero hoy, para estar a la altura del honor que nos ha otorgado la academia, he tomado una decisión audaz y rebelde…
León se giró hacia Roshwitha, que casi se convirtió en piedra de la sorpresa, y le tendió el brazo.
—¡Y esa decisión es… besar a mi esposa frente a todos ustedes, mis hermanos y hermanas dragones!
En cuanto terminó de hablar, el público estalló en vítores, gritos, aplausos y silbidos por todos lados.
No importaba si eran nobles o plebeyos, humanos o dragones: todos adoraban ver el espectáculo.
La alegría se desbordaba por todo el auditorio, incluso Noa no pudo evitar mirar hacia atrás, curiosa de ver cómo su mamá —tan poco expresiva con sus sentimientos— reaccionaría ante ese beso público.
—Vamos, querida esposa mía. Somos la familia más feliz y unida, ¿cierto? Entonces demostremos que es verdad.
León le tendió la mano, invitándola.
Roshwitha dio un pequeño paso atrás, sacudió apenas la cabeza y, en voz tan baja que solo él pudo oírla, murmuró:
—¿No me digas quede verdadvas a besarme frente a cientos de dragones?
Ahora que lo pensaba, aunque ella y León ya se habían acostado juntos y se habían tomado de la mano… en realidad nunca se habían besado.Bueno, exceptoesedía, hace dos años, con un único beso que lo cambió todo.
Y ahora, no solo iban a besarse… ¡sino delante de cientos de dragones!
¡Eso era…! ¡Qué vergüenza más grande!
Cuanto más se acercaba León, más se sonrojaban las mejillas de Roshwitha.
En realidad, podría haberlo detenido con un grito tajante. Podría haberse excusado con un simple «los niños están presentes, no es apropiado», y nadie la habría juzgado.
Pero…
Incluso cuando León le rodeó el brazo con delicadeza, ella no lo rechazó del todo.
¿Será que, en el fondo, ella también estaba… esperando ese beso?
Esperando…ese beso.
Un segundo después, una sombra cubrió su vista y—
¡Chu!(?)
Un suave y cálido contacto le tocó la mejilla izquierda. Solo por un instante.
Roshwitha quedó tan sorprendida que casi pierde el alma del susto. Pero en ese breve momento, sintió claramente cómo su corazón se disparaba como nunca antes.
La sombra desapareció. Las luces del auditorio volvieron a iluminar su rostro.
León le tomó la mano, aún fría, y con una sonrisa dirigida a los dragones chismosos, dijo:
—Eso es todo, amigos. Solo hasta aquí.
Cualquier cosa más… y los mato, ¿sí?
—¡Yujú! ¡Papá besó a mamá! —gritó Moon, aplaudiendo como loca.
Y hasta las familias de reproducción asexual presentes, al ver una escena tan “amorosa y feliz”, no pudieron evitar sentirse un poquito tocadas.
Pero claro, el orgullo y la dureza son una maldición común entre los dragones.
—¡Y-y qué si no tenemos papá! ¡Ni lo necesitamos! ¡No es envidia!
—¡Exacto, exacto! ¡Para nada celosas! ¡Ni un poquito!
Eso sí, aunque lo negaban de palabra, todas esas crías de «familias monoparentales» empezaron a sentir cómo sus manitas eran apretadas con fuerza por sus madres.
Ah… así que eso de que los niños no deben interrumpir a los adultos… ¿era solo para no hacerlos quedar mal?
Aprovechando el bullicio general, León se quedó mirando al frente, sonrió, y murmuró:
—Ajá… qué bien. Ahora sí, desestresado. Gracias, Roshwitha.
Campeón de aguante, no.Campeón de liberar estrés, sí.
Si no fuera porque hay tanta gente aquí… ¡Roshwitha ya lo habría agarrado ahí mismo y…!
El subdirector, viendo que el evento había llegado a su clímax, dio por concluida la presentación:
—Muchas gracias a nuestra familia modelo del año por llenarnos de alegría y risas. Pueden ir a descansar.
León asintió, tomó la mano de una Roshwitha aún aturdida, y bajaron del estrado, con Noa siguiéndolos de cerca.
La ceremonia de ingreso continuó con normalidad.
Más de una hora después, el acto terminó.
La vida académica de Noa estaba por comenzar.
La familia de cuatro se despidió frente a la puerta principal de la academia.
Moon le dijo un montón de cosas a su hermana, pero todas tenían un solo mensaje central:
—¡No te olvides de pensar en Moon!
Noa, por supuesto, estaba dispuesta a cumplir cualquier deseo de su hermanita.
La siguiente en despedirse fue Roshwitha.
No era buena con las palabras. Solo le acarició la cabeza y dijo:
—Cuídate, Noa.
—Sí, lo haré, mamá.
Entonces, algo apenada, le pellizcó la mejilla y se dio media vuelta, de espaldas a ellos.
El último fue León. Se arrodilló frente a Noa para quedar a su altura.
—Tengo muchas cosas que quiero decirte. ¿Quieres escucharlas?
Noa mantuvo su rostro inexpresivo, pero asintió con seriedad.
—Sí, quiero.
—Recuerda llevar la ropa sucia con las señoras del departamento de vida estudiantil. Ellas te la lavarán.—Desayuna a tiempo, levántate un poco más temprano si es necesario. No querrás pasar la mañana con hambre.—No seas quisquillosa con la comida. Estás en edad de crecer, y necesitas todos los nutrientes.—Si algún compañero tiene mal carácter, no lo provoques. Mantén distancia.—Y sobre las clases… si no te gusta un profesor o su manera de enseñar, trata de tener paciencia. Si no entiendes algo, puedes preguntarme en las vacaciones.
—Y lo más importante: si te enfermas,ve al médico de la escuela. Nada de aguantar como si nada.
Sí, habló un montón.
Pero Noa escuchaba con atención. Grabándose cada palabra.
Aunque… no pudo evitar echarle una mirada a la espalda de Roshwitha.
Comparado con León… ¿no fuedemasiado pocolo que dijo mamá?
León se dio cuenta del gesto y le acarició la cabeza con una sonrisa.
—Todo eso que te dije… tu mamá me lo contó cuando se emborrachó el otro día. Le da vergüenza decírtelo, así que me pidió que hablara por ella. Tienes que entenderla, Noa. No se le da bien expresar lo que siente.
Ante esas palabras, por primera vez, la carita fría de Noa mostró un atisbo de emoción.
Mordió su labio inferior y asintió con fuerza.
—Bueno, y lo único que yo quiero decirte es simple: sé feliz, sin presiones. Aunque eso sí…
León miró a ambos lados, luego se inclinó y le susurró al oído:
—Si alguien se atreve a molestarte… no te preocupes por castigos o puntos. Le das una buena paliza. Yo te cubro.
Noa apenas pudo contener una sonrisa.
—¿Tú también hacías eso cuando ibas a la escuela?
—Claro, solo que cada vez que terminaba la «primera ronda» en la escuela… tu abuelo me llevaba a casa para la «segunda ronda».
León rió.
—Pero tranquila, contigo solo habrá una ronda. ¡Yo no pienso pegarte nunca!
Noa asintió.
—Lo recordaré. Me cuidaré bien.
—Eso es. ¡Ánimo! Te vemos el próximo fin de semana.
—Está bien.
León se puso de pie y le dijo adiós con la mano.
—¡Adiós, hermana! ¡No te olvides de Moon!
—Claro. Te voy a extrañar. Pórtate bien en casa, ¿sí?
—¡Sííí, lo prometo!
Y entonces, el dragón plateado extendió sus alas. León subió con Moon en brazos.
Justo antes de despegar, Roshwitha miró por última vez hacia Noa.
Noa levantó su bracito y saludó con fuerza:
—¡Cuídate, mamá!
El dragón asintió levemente, luego batió sus alas y se elevó hacia el cielo.
XX
Días después de la ceremonia de ingreso, una noche, Roshwitha estaba sentada en su escritorio, leyendo un libro tituladoGran Enciclopedia de Magia de Sangre.
—»Seducción de sangre… solo puede usarse una vez en la vida, y después de usarla, el lanzador queda extremadamente débil y agotado…»
Roshwitha pensó para sí:
—Así que León estuvo inconsciente por dos años no solo por estar gravemente herido, sino también porque la seducción de sangre agotó su cuerpo demasiado.
Mientras intentaba recordar esa noche fatal, escuchó un ruido leve en el balcón.
Dejó el libro y fue a investigar.
Era su asistente de confianza, Shirley.
—Has vuelto, Shirley.
—Sí, majestad.
—¿Ya investigaste lo de Teague Lawrence y su esposa?
León le había pedido que visitara a su maestro, Teague Lawrence.
Shirley se arrodilló levemente en la puerta del balcón y dijo con respeto:
—Lo siento, majestad, no pude encontrar información sobre Teague… o más bien, no encontré evidencia de que exista tal persona.
Roshwitha frunció el ceño.
—Es solo un granjero con habilidades de caza, una persona común en el imperio, ¿cómo podría no existir?
Si fuera un noble o alguien importante, se entendería que no se pueda investigar, pero León dijo que su maestro era un anciano normal. Por eso envié a alguien a investigarlo.
Pero, ¿cómo no se encontró nada?
—Disculpa, majestad, pero realmente no hay pistas sobre esa persona.
Roshwitha pensó un momento y dijo:
—Está bien, no te culpes.
—Gracias, majestad. ¿Debo seguir investigando?
—Continúa solo si es seguro para ti. Cualquier novedad, avísame de inmediato.
—Sí, majestad.
Después de decir esto, Shirley desapareció en la oscuridad de la noche.
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