Capítulo 037
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 337: 37 ¡Mi pareja favorita se está yendo al carajo!
La entrevista comenzó rápidamente.
León y Roswitha tomaron asiento. Frente a ellos estaban los mismos tres entrevistadores de hace dos años.
Los dos de los extremos mantenían el mismo rostro serio y neutral de siempre, pero el subdirector Wilson… estaba claramente emocionado. Se notaba que esperaba mucho de esta pareja.
Qué pena, viejo.
Hoy te vas a decepcionar.
—Si están listos, podemos comenzar —dijo el subdirector.
Ambos asintieron.
—Listos, subdirector.
—Muy bien.
El subdirector revisó los papeles sobre la mesa, luego levantó la vista.
—Empecemos con el cambio más notorio en su familia estos dos años.
Roswitha parpadeó.
—¿A qué se refiere, subdirector?
—A su tercera hija, Aurorita.
—Generalmente, en las familias de dragones vivíparos no es común tener una segunda camada, y mucho menos cuando la primera fue de gemelas. Así que tengo curiosidad: ¿qué los llevó a decidir tener otro bebé?
¿Motivo?
Si “embarazo no planeado” cuenta como motivo, entonces tenemos mucho que contarte.
León y Roswitha se miraron.
Sí, el embarazo de Lucecita había sido un accidente. Eso era un hecho.
Pero ni locos iban a decirlo así de frente.
Si llegaban a mencionar algo como “fue sin querer”, los entrevistadores podían considerar que no eran padres responsables.
Y si bien eso serviría para bajar la nota —como ellos querían—, también podría hacer que las niñas no pasaran el examen de ingreso.
Así que… ¿cómo responder esto?
Después de pensarlo unos segundos, Roswitha habló con calma:
—Verá, subdirector, mi esposo y yo llevamos varios años casados. Hemos pasado por muchas cosas juntos. Y, como ocurre en muchos matrimonios, con el tiempo la pasión del inicio fue dando paso a una rutina más tranquila.
—Empezamos a preguntarnos si podíamos hacer algo… para revivir esa chispa entre nosotros.
—Probamos varias cosas, pero ninguna funcionó del todo.
—Entonces, mi esposo sugirió que quizás tener otro bebé podría ayudarnos. Como lo hicimos con Noa y Moon, criar a Lucecita juntos… podría unirnos otra vez.
—Acepté la idea. Y poco después… nació Lucecita.
Una respuesta perfecta: evitaba por completo mencionar que fue un accidente, y además dejaba caer que la relación ya no era tan apasionada.
Cuando terminó, León echó un ojo al entrevistador de la derecha, el que llevaba la hoja de evaluación. Lo vio escribiendo con el ceño fruncido y gesto serio.
Perfecto. La respuesta no fue de su agrado. ¡Vamos bien!
Aunque… había un pequeño error en su estrategia. Un detalle que se les escapó.
—Si tuvieron a su tercera hija para reavivar su relación… ¿entonces el cariño que sienten por ella es distinto al que tienen por las otras dos? —preguntó el entrevistador de la izquierda.
Lo dijo con tacto. Pero en esencia, acababa de preguntarles si usaban a Lucecita como pegamento matrimonial.
León ni lo pensó. Respondió al instante:
—Queremos a Lucecita igual que a Noa y a Moon. No hay ninguna diferencia.
—¿Oh? Pero ustedes mismos dijeron que nació para recuperar la pasión, ¿no?
El entrevistador jugueteaba con una pluma lujosa. A diferencia del subdirector y del otro juez, este tipo era más incisivo.
Lógico. En toda entrevista formal, alguien tiene que hacer de “el malo”.
Y evidentemente, el subdirector no iba a ser quien pusiera cara de ogro. Si lo dejaban a él, seguro en dos preguntas los dejaba pasar con puntuación perfecta.
—Mire, señor entrevistador —dijo León, firme—, que hayamos decidido tener otra hija no tiene relación con el amor que sentimos por ella. ¿De verdad cree que unos padres que criaron a una niña tan increíble como Noa serían tan irresponsables?
Una buena contra-pregunta siempre ayuda a disimular.
Roswitha lo notó enseguida: el marido ya estaba algo molesto.
Sí, ellos mismos se habían inventado esta historia para sonar más “normales”, pero cuestionar el amor de un papá obsesionado con sus hijas… no era algo que pasara sin consecuencias.
Si no fuera porque estaban jugando al perfil bajo, León ya habría volteado la mesa y lanzado un chidori.
El entrevistador sonrió levemente, dejó de jugar con su pluma y empezó a escribir de nuevo.
—Señorita Roswitha, hace un momento mencionó que su matrimonio ya no tiene la misma pasión de antes. —El subdirector frunció las cejas—. ¿La llegada de la tercera princesa ayudó con eso?
Roswitha se arregló el cabello con elegancia.
—Sí ayudó. Pero volver a lo que teníamos recién casados… lo veo difícil.
León captó la señal cuando Roswitha le dio un leve codazo por debajo de la mesa.
Y siguió con naturalidad:
—Para ser sincero, ni siquiera podemos volver a como estábamos hace dos años, cuando Noa ingresó a la academia.
Así, entre uno y otro, iban respondiendo con una precisión quirúrgica, navegando justo al filo de lo aceptable.
¿Que se quieren divorciar? No tanto.
¿Que aún están locos de amor? Nah, tampoco.
Un punto medio perfectamente “normal”.
Eso era lo que necesitaban: una nota mediocre.
Y lo estaban logrando. Veían a los jueces anotar en silencio. Parecía que el plan iba viento en popa.
Pero…
Habían calculado la narrativa, los límites, las respuestas… menos una cosa: al subdirector Wilson, el fan número uno de su pareja.
El viejo se había tomado varios tragos de agua. Intentaba calmarse. Era evidente.
Después de algunas preguntas más, los otros dos entrevistadores se acercaron a murmurarle algo al oído.
Wilson echó un vistazo a las hojas de evaluación.
Las notas eran suficientes para pasar la entrevista, pero apenas.
Nada del amor puro y radiante que él había esperado. Nada de superación, ni de “¡el amor todo lo puede!”.
Se secó el sudor de la frente con un pañuelo que sacó del bolsillo de su saco.
Apretó los labios, mirando a la pareja sentada al frente.
Ellos estaban tan tranquilos, apoyados sobre la silla, con las piernas cruzadas, completamente relajados.
A ojos de cualquiera, era una escena armoniosa.
Pero para el subdirector… su pareja favorita estaba a punto de colapsar.
Frunció los dedos con fuerza.
Dudó un momento, pero al final se armó de valor y preguntó con voz solemne:
—Solo una última cosa… ¿ustedes aún se aman?
Roswitha arqueó una ceja.
—Claro que sí.
León también afirmó:
—Puede que ya no sintamos la pasión de antes, pero yo aún amo a mi esposa.
Jamás admitirían que ya no se amaban.
¿Con o sin plan “no morir de vergüenza”? Da igual. No lo admitirían.
¿Aunque quizás… quizás sin plan… tampoco lo harían?
Ejhem… eso ya no se puede saber.
Aunque ambos declararon con la boca que sí se amaban, para el subdirector eso solo fue parte de la actuación.
Wilson apretó el puño en silencio.
¡No puede ser!
¡No puedo permitir esto!
¡Mi pareja favorita no se va a romper! ¡NO LO PERMITIRÉ!