Capítulo 041
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 341: 41 ¿Vino la Parca? ¡No, vino Lucecita!
Hasta el mismísimo instante en que puso un pie sobre el escenario, León seguía sin poder creer lo que estaba pasando.
Antes del examen de ingreso, él y Roswitha se habían pasado noches en vela elaborando estrategias para bajar deliberadamente sus calificaciones, con tal de que sus hijas aprobaran, pero sin llegar a convertirse en la “Familia Ejemplar del Año”.
Simularon al menos veinte tipos distintos de entrevistas;
Prepararon casi mil posibles preguntas que les podrían hacer los profesores;
Incluso intentaron separarse por unos días, pensando que así podrían apagar un poco la chispa romántica entre ellos —aunque, bueno, no sirvió de nada.
Porque estos dos tontos enamorados nunca se dieron cuenta de cuánto se querían. Separarse era como ponerse una curita en medio de una tormenta.
Después de todo ese esfuerzo, creían que ya estaba todo controlado. Que incluso con Moon quedando en segundo lugar, habrían esquivado por completo al temido monstruo del ridículo público.
Pero…
Justo cuando estaban listos para celebrar su victoria con champán en la cima de la montaña, la Parca se quitó la máscara…
¡Y debajo estaba la cara de Lucecita!
En ese momento, León sintió que su vida era como una mesa de centro… llena de puras tragedias (tazas rotas y vasos caídos).
—¡Papá~ papá~, saqué el primer lugar! ¿Por qué no estás feliz? —preguntó Lucecita, tirándole de la ropa con sus manitas regordetas y esos ojazos brillantes.
León le acarició la cabeza, forzando una sonrisa mientras le temblaba el alma.
—Claro que estoy feliz, hijita… mira, hasta me estoy riendo: ja, ja, ja…
—Papá, tu risa suena más triste que un llanto —dijo Lucecita, tan directa como siempre.
—…
—Mira a mamá, ella sí está contenta, aunque intenta mantener la compostura.
¿Compostura?
León miró a Roswitha.
A simple vista, su expresión seguía igual de fría que siempre. Pero si uno prestaba atención, podía ver un ligerísimo arco en la comisura de sus labios.
¡Estaba sonriendo! ¡Estaba feliz por dentro!
¡¿Feliz de qué, Roswitha, feliz de qué!?
¡Nos acabamos de estrellar! ¡Nuestro plan maestro fue destruido por nuestra propia hija menor! ¡Todo se desmoronó como castillo de arena en plena tormenta!
—Mantén la clase, León —dijo ella—. Aunque hayamos perdido, mira el lado positivo.
—¿Qué lado positivo?
—Tu hija te ha conseguido otro primer lugar.
Y tras una pausa, remató con el cuchillo bien afilado:
—Ah, y también un segundo lugar.
—¡Muchísimas gracias por recordármelo!
Vale, el título de “Familia Ejemplar” se lo habían dado a la combinación Lucecita + León + Roswitha, pero como Moon había quedado en segundo lugar, el subdirector Wilson decidió dejarla subir al escenario también.
Era lo justo. ¿Cómo iban a dejar sola a la niña en la audiencia mientras el resto de su familia estaba arriba? Eso sí que sería cruel.
Así que, al final, la familia completa terminó en el escenario.
Wilson también subió con ellos.
Según el protocolo, la entrevista empezaba con la ganadora: Lucecita.
—Hola, Aurora —le dijo el subdirector, agachándose a su altura con una sonrisa amable.
Se notaba que de verdad le tenía cariño a las hijas de la familia Melkvey. Tan listas, tan encantadoras… eran justo lo que la Academia Saint Heath buscaba.
León lo miró de reojo y pensó:
«¡Un uppercut! ¡Necesitamos un buen uppercut para este viejo loco!»
Pero bueno, eso solo lo pensó.
Lucecita tiene la habilidad pasiva de lanzar uppercuts cuando uno menos se lo espera, sí… pero también sabe cuándo es apropiado.
Y no, una ceremonia de ingreso no es el momento para mandarle los lentes al espacio al subdirector.
—Todos sabemos que este examen fue el más difícil de los últimos años —decía Wilson—. Pero tú y tu hermana Moon lograron excelentes resultados. ¿Cómo estudian normalmente?
Lucecita respondió con su vocecita suave pero decidida:
—Escuchamos a papá.
—¿Oh? ¿Entonces el mérito de este logro es completamente de tu papá?
—Sí.
Hija querida… ¿por qué tus palabras suenan como puñales, aunque sean verdad?
¿Por qué siento que me estás apuñalando con ternura?
¡Nunca debí enseñarles tan bien! ¡La culpa es de este papá tan genial!
León solo pudo refugiarse en sus chistes internos para sobrevivir al bochorno.
Wilson, satisfecho, se puso de pie y pasó el brazo por los hombros de León, como si fueran viejos amigos.
León torció la boca. ¡Odiaba a los dragones que no sabían respetar el espacio personal!
—Seguramente muchos de ustedes han oído hablar del señor León —dijo Wilson con voz entusiasta—. Hace apenas unos meses, él fue quien detuvo la crisis del desgarro dimensional, salvando a muchas tribus cercanas. ¡Nuestra querida directora Angelina Ouellette incluso lo llama…!
—¡El Héroe de los Dragones!
La ovación fue instantánea.
León, en cambio, ya estaba sudando frío.
¡A la mierda!
¿Quién aplaudió primero? ¡Te voy a arrancar los cuernos y hacer licor con ellos!
Cuando la directora lo llamó “héroe de los dragones” en privado, ya se sintió incómodo.
¡Hermano, tú entraste al ejército cazadragones a los quince años! ¡Te cargaste cientos de dragones!
Y ahora, el héroe mata-dragones se había convertido en el héroe de los dragones.
Qué vueltas da la vida…
Qué vueltas tan raras da la vida.
Y como si fuera poco, el subdirector lo gritaba a todo pulmón frente a un centenar de dragones.
¡Ya, mejor préndanle fuego de una vez!
—Y no solo eso —continuó Wilson con fuerza—. ¡El señor León ha criado a tres joyas!
—Su hija mayor, Noa K. Melkvey, es la número uno en toda la sección de pequeños dragones. Seguro que todos aquí han oído hablar de la hermana Noa, ¿cierto?
—¡Síii~!
—¡La hermana Noa es lo máximo!
La respuesta fue unánime.
—Y después de Noa —siguió Wilson—, el señor León ha traído a esta academia a sus dos hijas menores, igualmente brillantes. Sin exagerar, ¡ha hecho una contribución enorme al futuro de toda la raza dracónica!
Aplausos de nuevo.
Y justo cuando parecía que el subdirector iba a seguir con sus halagos, sintió algo raro en la mano con la que tenía abrazado a León.
—¿Eh? ¿Por qué me suda la palma…? ¿Será la emoción? —murmuró.
León lo fulminó con la mirada. Por favor, que esto se acabe ya.
Luego, el subdirector dio una pequeña charla en honor al “Héroe de los Dragones” —ahora también llamado señor Casmod— y pidió a Moon y Lucecita que abrazaran a su esforzado padre.
León quería llorar. ¿Qué otra cosa podía hacer? Solo le quedaba aguantar.
Y justo después del abrazo… llegó el momento del déjà vu.
—Señor León, ya terminó el turno de sus hijas. Pero dígame… ¿recuerda lo que hizo hace tres años cuando estuvo en este mismo escenario?
León tragó saliva y miró de reojo a Roswitha.
Ella seguía mirando al frente, con una ligera sonrisa. No parecía dispuesta a meterse en la conversación.
León volvió la mirada al subdirector, fingiendo amnesia.
—Eeeh… no recuerdo, señor subdirector.
—¡Ah, no se preocupe! Yo se lo recuerdo. Hace tres años, desde esta misma tarima, usted besó a su esposa, la señora Roswitha.
—¿Ah sí…? Jaja, qué loco. Yo era muy inmaduro en ese entonces, besaba por diversión.
—Pues bien, señor León, ya que esta ceremonia está por acabar… ¿por qué no la cerramos con un beso, como la vez anterior?
—Ah… esto…
—¿Qué dicen todos, sí o no?
—¡SÍ! ¡QUE SE BESEN!
—¡Vamos! ¡Dicen que los esposos plateados están locamente enamorados! ¡Hora de verlos en acción!
—¡Beso, beso, beso!
León ya no sabía si estaba en una ceremonia académica o en una boda pública.
—¡Uy, papá va a besar a mamá! —gritó Moon, animadísima.
León suspiró. Ni modo. No hay escapatoria.
Se giró hacia Roswitha.
Ella sonreía un poco más.
—Solo en la mejilla —le advirtió.
León entrecerró los ojos, evaluando esa expresión algo orgullosa en su rostro.
¿Se creía que él no se atrevería?
¿Pensaba que besarla en público le daría vergüenza?
¿O… algo más?
Tsk. Qué infantil eres, madre dragona.
¿Después de tantos años juntos, crees que eso me va a intimidar?
León se inclinó con decisión, acercando lentamente sus labios a la delicada mejilla de Roswitha.
Moon, desde un costado, apretaba los puñitos de emoción.
¡Por fin vería una muestra de afecto entre sus papás!
Lucecita también miraba con atención.
Pero…
¿Solo un beso en la mejilla? ¿En serio?
Eso no era suficiente para Lucecita.
Sus ojos brillaron.
Y justo en el instante en que el beso estaba por suceder…
—¡MAMÁ! —gritó Lucecita.
—¿Eh?
Roswitha, por reflejo, volteó la cara hacia su hija.
Y en ese segundo exacto…
—“Mmm…”
Beso directo en los labios.
Perfectamente sincronizado.
Frente a todos.
Mamá y papá se quedaron en shock, sus labios aún pegados, sin saber qué hacer.
Y mientras tanto, Lucecita sonreía como la diablita que era, moviendo su colita con orgullo.
Pura maldad. Puro caos. Puro Lucecita.
Aurora es terrible jajjaja