Capítulo 070
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 370
70 – Antes de retirarme ya tenía un Grand Slam, ¿y tú?
Días después.
En una cueva junto al arroyo, en la frontera entre territorios humanos y dracónicos.
Había llegado nuevamente el día de intercambiar información.
Y esta vez, el maestro de León empezó fuerte:
—¿¡Konstantin revivió!?
Aunque la última vez el Rey Dragón de Alas de Hierro, Fael, se había llevado la cabeza de viejo Kon, León ya sospechaba que el Imperio no se daría por vencido tan fácil.
Lo que no esperaba era que volvieran tan rápido.
Desde entonces, no había pasado ni medio año.
Había que admitirlo: si algo sabía hacer bien el Imperio… era buscarse la ruina a toda velocidad.
—Sí. Pero parece que esta vez Konstantin revivió y logró soltarse del control imperial —explicó el maestro.
León frunció el ceño.
—¿Se soltó del control…? ¿Cómo lo hizo?
Él recordaba bien la condición de Konstantin cuando atacó el Santuario Rojo de Isa.
Era un simple títere sin pensamiento ni voluntad, totalmente manipulado.
Un Rey Dragón tan imponente, reducido a un arma sin alma.
Incluso siendo su enemigo, León sentía que Konstantin había tenido una suerte muy trágica.
¿Y ahora, de pronto, después de resucitar, había recuperado el control?
León no sabía si admirar la determinación del dragón…
…o burlarse de lo tonto que era el Imperio.
—No sabemos los detalles. Pero apuesto a que la dragona que lo rescató le echó una manita —opinó Taiger.
—Por su tamaño y velocidad, debe ser un Rey Dragón. Tenía la cola mucho más larga que la de los demás, y las alas azul oscuro.
Con esa descripción, León supo enseguida de quién se trataba.
—El Rey Dragón de Alas de Hierro, Fael… El mismo que se llevó su cabeza del Santuario Rojo. Seguro que ahí hicieron algún trato —dijo León, analizando la situación.
—¿Fael no era uno de los que cooperaban con el Imperio? —preguntó Rebeca.
Esta vez respondió Roswitha.
—Tal vez fue cuando vio el estado de Konstantin, convertido en marioneta, que se dio cuenta de que el Imperio jamás los trató como aliados.
Para ellos, Fael, Konstantin y todos los Reyes Dragón eran simples herramientas dentro de su plan.
Roswitha explicó:
—Así que Fael decidió ayudarlo, y también salir del trato con el Imperio. Seguramente no quería terminar como un zombi viviente.
Roswitha ya había escuchado antes del título de Fael.
Después de todo, igual que su clan plateado, los dragones de alas de hierro eran una raza especializada en velocidad.
Con talentos similares, siempre había mucho que estudiar entre ellos.
Y según la información que tenía, Fael era un dragón inteligente.
Aunque su territorio no era muy extenso, gracias a su agudo sentido estratégico se había labrado un lugar importante en este mundo en guerra.
Su decisión actual era bastante astuta:
—Mientras no conocía las verdaderas intenciones del Imperio, les sacó todo el provecho posible.
Y cuando al fin vio su verdadera cara, se alejó de ellos a tiempo…
…y encima se ganó a Konstantin como aliado.
Perfecto. Jugó bien en ambos bandos.
Rebeca asintió emocionada:
—¡Oh, ya veo! ¡Qué lista eres, cuñada!
Ese “cuñada” resonó con fuerza.
Roswitha bajó la mirada con una pequeña sonrisa.
En su rostro apareció un rubor ligero.
No sabía si se debía al cumplido…
…o a que cada vez que Rebeca la llamaba “cuñada”… se derretía un poquito más.
Ay, si ya lo ha dicho mil veces… ¿por qué cada vez me da más pena?
—Pero espera, maestro… —León pareció recordar algo—. La última vez, cuando Konstantin atacó el Santuario Rojo, yo exploté la escama pectoral que tenía el Imperio. ¿Acaso tenían de repuesto?
Taiger negó con la cabeza:
—No. Según Martin, esta vez el Imperio no usó escamas.
Le dieron un nuevo cuerpo… usando la energía primordial.
—¿¡La energía primordial!?
¿¡El Imperio tiene acceso a eso!?
León se sorprendió de verdad.
Se suponía que esa energía era un poder ancestral exclusivo de los dragones, derivado del primer Rey Dragón de la historia: Noah.
Hasta los propios dragones lo consideraban algo casi imposible de conseguir.
¿Y el Imperio la tenía?
Taiger también estaba desconcertado:
—No lo sé con certeza.
Ambos se quedaron en silencio, sin poder atar cabos.
Fue entonces que Roswitha se acercó a León y le susurró algo al oído.
León parpadeó sorprendido.
—Tiene sentido… Así encajan todas las piezas.
Taiger los miró raro:
—¿Qué encaja?
—Ah, verás, maestro.
Yo había recibido información de que Fael, en el pasado, robó los resultados de un proyecto de exploración en las Tierras del Norte.
En ese momento no sabíamos qué estaban investigando, pero dedujimos que Fael trabajaba para el Imperio.
—Ahora, si el Imperio le dio un cuerpo nuevo a Konstantin usando energía primordial, entonces es muy probable que ese proyecto que Fael robó… fuera precisamente eso.
Hace años, la directora Olet de la Academia St. Hiss había mencionado que ella y la abuela de Roswitha llevaban años trabajando en un proyecto de exploración en el lejano norte.
Pero parte de los resultados fue robada por Fael.
En ese momento, ni León ni Roswitha sabían qué era.
Pero ahora, juntando todas las pistas…
Estaba claro.
El proyecto secreto en el norte era la exploración de la energía primordial.
Taiger también asintió pensativo.
—Sí, tiene lógica.
Saber lo que su abuela había estado haciendo en secreto durante tanto tiempo con la directora dejó a Roswitha un poco conmovida.
La energía primordial era, sin duda, un poder monstruoso.
Ella misma, usando solo la versión básica del antiguo hechizo de alma, logró herir de gravedad al primer Konstantin, dándole a León la oportunidad de destruir la escama.
Y además, esa energía estaba vinculada al mismísimo Noah, un antepasado que había marcado para siempre la historia de los dragones.
Entonces, ¿por qué su abuela y la directora decidieron meterse con una parte tan oscura y poderosa del pasado…?
Roswitha aún no tenía respuesta.
—Si el Imperio consiguió energía primordial, no creo que se conformen con crear monstruos de fusión —dijo León, algo preocupado—. Podrían estar planeando cosas aún más extremas…
—Tranquilo —interrumpió Taiger—.
Martin también averiguó que el Imperio gastó todo lo que tenía para crear el cuerpo actual de Konstantin.
—¿Todo?
—Todo —confirmó el maestro con un gesto—.
Pusieron todos sus recursos en ese único experimento, que encima terminó rebelándose y escapando.
El ministro que dirigía el proyecto, Erandi, fue destituido.
Taiger hizo una pausa, luego añadió con burla:
—Dicen que lo mandaron a un rancho… a criar cerdos.
—Típico del Imperio —León rió por lo bajo—. Siempre con esos castigos drásticos.
Taiger se encogió de hombros, divertido:
—Menos mal que nosotros dos nos retiramos a tiempo.
—No, maestro. A mí me obligaron a retirarme —corrigió León con cara seria.
—Ohh, entonces resulta que yo gané, ¿eh?
En ese momento, Rebeca se metió entre ellos, con ojos brillando de picardía:
—Papá, pero antes de que lo retiraran, el capitán ya había conseguido un Grand Slam. ¿Y tú?
—…¡Cuando los adultos hablan, los niños no se meten!
Después del chiste, León retomó el análisis:
—Bueno, si el Imperio ya no tiene escamas ni energía primordial, es probable que se calmen por un tiempo.
Y encima ahora tienen que preocuparse por el dragón que ellos mismos crearon… y que los odia.
—Después de todo lo que le hicieron a Konstantin, yo estoy seguro:
ese tipo va a volver por venganza.
—Y yo también estoy en su lista negra —añadió León, encogiéndose de hombros.
—Lo único que no sabemos… es cuándo va a hacer su jugada.
Con esa frase, todos se quedaron en silencio.
Ahora que tenía un nuevo cuerpo y poder ancestral, Konstantin era sin duda su próximo gran enemigo.
Y León no podía asegurar que fuera a ganarle esta vez.
—Yo tengo una teoría —intervino Roswitha.
Los tres la miraron al unísono.
—No sabemos cuándo atacará, pero creo que antes de actuar… va a prepararse bien.
—¿Por ejemplo? —preguntó León.
—Por ejemplo… buscando más energía primordial.