Capítulo 101
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 101: Te voy a comer toda la vida
Después de obtener aquella información bomba de Konstantin, León ya lo sentía: el día en que toda esta conspiración termine… no estaba tan lejos.
Así que decir que el progreso de su maestro era “la última pieza del rompecabezas” no era exagerado.
Su siguiente encuentro con él sería dentro de un mes más o menos.
Incluso si el avance de su maestro no fuera muy grande para entonces, León ahora tenía una pista poderosa que ofrecerle.
Y a partir de esa pista podrían buscar pruebas. Mucho mejor que andar dando tumbos sin rumbo.
—Pase lo que pase, no podemos dejar que esos ambiciosos del Imperio sigan haciendo lo que se les da la gana.
Esa noche, León estaba inclinado levemente sobre el balcón, apoyado con los codos en la barandilla, mirando el cielo oscuro y profundo.
Tenía la cabeza hecha un lío. Aunque sentía que el momento de voltear al emperador perro estaba cerca… lo de ahora se sentía como la noche justo antes del amanecer. El punto más peligroso.
A partir de aquí, cada paso debía ser aún más cuidadoso que antes.
No iba a arriesgarse a fallar cuando ya estaban tan cerca.
El sonido de tacones resonó detrás de él, sacándolo un momento de sus pensamientos.
Se giró.
La bella de cabello plateado caminó hasta colocarse a su lado, también apoyándose en la barandilla. Su perfil era hermoso como siempre, aunque hoy se le notaba algo cansada.
—Otro día pesado, ¿eh, Roswitha? —León rompió el silencio.
La reina esbozó una sonrisa agotada.
—Nada que no se vuelva rutina. ¿Y las niñas?
—Ya se durmieron.
—Oh… entonces mañana tendré que salir antes del trabajo, si no, otra vez no llegaré a darles las buenas noches.
—Moon dijo que ya llevas tres días sin acostarlas tú misma.
Roswitha negó con la cabeza, resignada, mientras se masajeaba el cuello con cara de molestia.
—Últimamente el rumbo de las guerras externas del clan ha cambiado, y todos están ocupados buscando aliados. Además de los asuntos internos, ahora tengo que encargarme de mucho más trabajo diplomático.
—¿Un nuevo rumbo?
—Sí.
Mientras hablaba, se sentó en la banca del balcón.
Además del cuello y los hombros, ya no aguantaba más la cintura. No podía estar parada tanto tiempo.
León, sin decir nada, rodeó el banco y se colocó detrás de ella. Luego estiró los brazos y comenzó a masajearle los hombros.
Sus dedos fuertes y firmes presionaban con exactitud sobre los músculos.
Roswitha cerró los ojos y se recostó un poco hacia atrás.
Disfrutando el servicio exclusivo del antiguo cazador de dragones más fuerte del Imperio.
—¿Y qué clase de nuevo rumbo es ese? —preguntó León, masajeando sin detenerse.
—¿Recuerdas ese escuadrón de tres personas que formó el Imperio en el futuro, cuando viajaste en el tiempo?
¿Escuadrón de tres…?
León detuvo sus manos por un segundo. Luego cayó en cuenta.
—¿Te refieres al “trío de punta de lanza”?
—Ajá. El Imperio ya los envió al frente de guerra, y se enfrentaron varias veces con los dragones que custodian las fronteras.
Que hubiera conflictos en los límites del territorio no era raro, así que no justificaría por qué todos los clanes dragón estaban tan desesperados buscando aliados…
…a menos que no hubieran ganado ni una sola batalla.
—Tal como los describiste, esos tres están perfectamente coordinados, y su poder es… descomunal.
—Desde que se unieron a la guerra, los dragones no solo dejaron de expandir el frente, sino que han perdido territorio. Esos tres… son exageradamente fuertes.
En el futuro, León no los había visto combatir directamente en el campo, pero sí tuvo un breve enfrentamiento con ellos.
Y sí, cada uno tenía, como mínimo, el nivel de un rey dragón.
Además, no usaban magia imperial normal, sino otro poder completamente distinto.
Después de investigar, descubrió que lo suyo también era magia primordial.
Y por lo que decía Roswitha, ahora parecían dominarla por completo. Si no, sería imposible que hicieran retroceder así a los clanes orgullosos de dragones.
—La última vez que vi a los dragones tan unidos fue hace cinco años —dijo Roswitha con nostalgia.
—¿Hace cinco?
—Sí.
Se recostó en el respaldo, alzando el rostro y sus ojos plateados hacia el hombre que la masajeaba.
Incluso boca arriba, seguía siendo un rostro atractivo y firme.
—Un hombre con armadura negra invadió el territorio de mi clan plateado… y casi me captura.
León puso los ojos en blanco y, sin dejar de sonreír, deslizó su mano desde el hombro hasta la mejilla de Roswitha, y le pellizcó suavemente la cara.
—¿Y no te tengo capturada ahora mismo?
—¡Suelta!
—No quiero.
—¡Tú…!
Roswitha también era una terca, así que si él no soltaba, ella tampoco se iba a quedar atrás.
Levantó el brazo y le pellizcó la cara a él también.
¿Quién los entiende?
Tienen más de cien años y se están peleando como dos críos de primaria.
Después de un rato de jugueteo, León fue el primero en soltarla.
Roswitha se sobó la mejilla, que ya se había puesto roja, y lo miró mal.
—Qué infantil eres, Casmod.
León también se sobó la cara, que se le había puesto caliente.
—Y aun así, este infantil les causó una masacre a los clanes dragón hace cinco años.
—Y terminó convertido en mi prisionero.
—…
Roswitha sonrió con gusto al ver la cara de León toda en blanco.
Molestar a su prisionero favorito siempre era terapéutico. Se le quitaba todo el cansancio del día.
Una vez terminada la sesión de masaje, Roswitha se levantó y se estiró como si fuera un gato.
Tan linda que hasta la cola se le levantó.
Después de sacudirse el cansancio de encima, volvió a girarse hacia León y retomó el tema.
—En fin, que últimamente los clanes dragón que viven en las fronteras recordaron lo que era el miedo… a una armadura negra.
León parpadeó.
—Si todos están tan asustados de la armadura negra, ¿por qué tú pareces tan tranquila?
Roswitha (honesta):
—Porque la armadura negra es mi esposo.
—…
Dicho así… tampoco está mal.
Solo que fue tan directo que me sonroja.
—Mentira, te estoy tomando el pelo.
Mi territorio está más cerca del centro, ¿no? Incluso tú, cuando estabas en modo bestia, tardaste años en llegar hasta aquí.
León asintió, pensativo.
—Tiene sentido…
—Además, cada vez estás más cerca de limpiar tu nombre y tumbar al Imperio, ¿no? Cuando eso pase, no importa si son tres, diez o veinte.
Esta guerra se calmará porque sus conspiradores habrán sido desenmascarados.
Roswitha suspiró aliviada, agitó un poco los brazos y volvió a mirar el cielo nocturno.
Contemplando la luna, de repente dijo:
—León.
—¿Hm?
—Cuando todo esto termine… ¿vas a dejar esta casa?
Este hogar se había formado por una extraña coincidencia.
Y su razón de existir siempre fue la misma: darles una infancia completa a sus hijas.
Pero los días pasan, las niñas crecerán, y el Imperio también verá su final.
Cuando todo eso acabe… ¿León se irá?
Roswitha sabía que él amaba esta casa, que amaba a sus hijas… y que también la amaba a ella, aunque sea solo de nombre.
Pero no sabía si eso bastaría para retenerlo.
O quizás… solo quería oír de su boca esa respuesta.
Se miraron largo rato bajo la noche, ojos negros y plateados iluminados por las estrellas.
Después de un momento, León la miró a los ojos, sonrió, y dijo:
—¿Ya lo olvidaste, su majestad?
Te dije que… te voy a comer toda la vida.