Capítulo 108
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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108. Refuerzos
Por su condición de humano, León no podía andar libremente por el palacio del Clan Marino sin la compañía de Claudia.
Así que, desde que amaneció, él y Roswitha se quedaron en la habitación.
Anoche, después de enterarse de que la escama del corazón de Roswitha había sido trasplantada a su cuerpo, León se quedó con sentimientos encontrados.
La importancia de una escama del corazón era algo que incluso un humano como él podía entender perfectamente.
Aunque Roswitha le había dicho que en su momento lo hizo solo por venganza, no dejaba de ser una parte esencial de su vida, algo que ponía en riesgo su existencia misma.
¿Cómo iba a aceptarla con tranquilidad?
Estaba sentado junto a la mesa del balcón, con la mano sobre el pecho.
Su corazón latía firme y con fuerza.
Y quien le había devuelto ese latido… era Roswitha.
—¿Vas a estar toda la mañana sin hablarme? ¿Cómo aguantaste tanto?
La voz fría y serena de Roswitha sonó a sus espaldas.
León giró el rostro. Ella se había sentado al otro lado de la mesa.
Cruzó con elegancia sus largas piernas, y el dobladillo de su vestido se deslizó sutilmente por su muslo liso, dejando entrever una orilla negra semitransparente.
Pero León no tenía cabeza para disfrutar del “desayuno visual” que le ofrecía su reina.
—¿Sigues dándole vueltas a lo de la escama?
Al ver que su marido no tenía ánimos para flirtear, Roswitha bajó las piernas y se preparó para hablar en serio.
León bajó la vista y asintió en silencio.
Roswitha sonrió con resignación, negó con la cabeza y suspiró.
Se apoyó en una mano, mirando perezosamente el paisaje marino desde el balcón.
—Por eso nunca te lo dije. Sabía que te ibas a poner a pensar tonterías.
—¿Cómo no iba a pensar tonterías si me diste algo tan importante como tu escama del corazón?
—¿Y entonces qué sientes ahora? ¿Culpa? ¿Gratitud? ¿O… algo más?
León se tomó un momento para pensarlo, y luego negó con la cabeza.
—Es complicado. Ni siquiera sé cómo ponerle nombre a lo que siento.
Roswitha soltó una risita.
—Pues ya hablarás con tu maestro. Seguro ahora tienen mucho de qué conversar.
—¿Eh? ¿Por qué?
Roswitha se enderezó y empezó a enumerar con los dedos.
—Mira: los dos son cazadores de dragones, los dos descubrieron las conspiraciones del Imperio, los dos se casaron con dragones… ¡y los dos fueron salvados por la escama del corazón de sus esposas!
¡Plaf!
La reina dio una palmada con entusiasmo.
—¡Eso me recordó a una canción! ¡A ver…!
—? De grande, seré como tú~ ?
León no pudo evitar soltar una risa ante la tontería.
Al verlo reír, Roswitha se relajó.
Hmph. Más te vale estar agradecido. ¡Que no todos tienen el privilegio de que esta reina se rebaje a animarte!
—¡Te reíste! Si ya te reíste, entonces nada de seguir con cara de funeral, ¿eh?
Como si temiera que León volviera a deprimirse, se apresuró a decirlo.
León asintió.
—Está bien.
Roswitha rara vez se mostraba así, pero ¿qué podía hacer si solo tenía un marido?
Si no lo consiento yo, ¿entonces quién?
Por suerte, León sabía corresponder, y no era de esos que se ahogan en su propio drama.
Si seguía con la cara larga, ya sería pasarse de sentimental.
—Oye —preguntó León—, ¿lo de que no podía usar magia bien también tiene que ver con tu escama?
Roswitha asintió.
—Una escama del corazón trasplantada necesita una gran cantidad de energía mágica para funcionar bien.
—Con tu constitución de aquel entonces, no deberías haberte desmayado por dos años solo por el efecto secundario del Desvarío de Sangre.
—Lo que pasó fue que, al darte mi escama, toda tu energía mágica fue absorbida por ella, dejándote débil, y sumado al Desvarío, caíste en coma todo ese tiempo.
León asintió lentamente, entendiendo al fin.
—Entonces… ¿ya han pasado tantos años y aún no puedo generar magia por mi cuenta?
—Lo dudo.
—Los dragones tardamos unos doscientos años en formar una escama del corazón. Durante ese tiempo, hay que nutrirla constantemente con magia. Tú llevas solo cinco años… así que te faltan… ¿ciento cincuenta?
León tragó saliva.
—¿¡Ciento cincuenta!? Para entonces ya voy a ser polvo… ¿para qué querría la escama?
—Pues entonces iré a recogerla de tus cenizas, la limpiaré bien y me la volveré a poner —dijo Roswitha, como si estuviera hablando en serio.
—…¿Te crees que es una lentilla o qué? ¿Así tan fácil de poner y quitar?
—En fin —continuó Roswitha—, por ahora solo puedes pelear usando la energía mágica que guardes en las marcas de dragón.
—Aunque… la escama también cumplirá con su función original si hace falta.
—¿Su función original?
—Ajá. En tus palabras humanas: un seguro. Evita que te lastimes con tu propia magia.
—Entiendo.
Después de aclarar el tema de la escama, Roswitha cambió de asunto.
—Entonces… ¿qué piensas hacer ahora?
León sabía exactamente a qué se refería.
Sacó de su bolsillo la piedra de grabación que Rebeca le había dado el día anterior. Dentro estaba la prueba de que el Imperio y los dragones colaboraban en secreto, provocando guerras para explotar al pueblo.
Si podían hacer pública esta evidencia, no solo desenmascararían la cara real del Imperio y salvarían a la población, sino que además limpiarían el nombre de León.
—Ahora que tenemos pruebas suficientes para derrocar al Imperio… creo que es momento de atacar primero.
Apretó con fuerza la piedra de grabación, y habló con tono firme:
—Si seguimos esperando, solo habrá más víctimas.
La experiencia de ver a su maestro al borde de la muerte lo hizo comprender de forma brutal lo que significaba eso de que «toda revolución requiere sacrificio».
Entenderlo era una cosa… pero aceptarlo cuando te pasaba a ti, era otra muy distinta.
Así que si quería evitar más sangre innecesaria, León debía terminar esta locura cuanto antes.
—¿Una declaración de guerra oficial, entonces…?
Roswitha lo pensó bien antes de contestar, y analizó con calma:
—Si el Imperio ya fue capaz de crear un monstruo como Konstantin, seguramente tengan métodos aún más extremos. Y cartas aún más fuertes bajo la manga.
—Y también están los Tres Filo, que están en su mejor momento. Aunque uno de ellos perdió un brazo contra tu maestro, siguen siendo muy peligrosos.
—Así que si vas a enfrentarte de lleno contra el Imperio para revelar sus crímenes, necesitas refuerzos.
León se quedó en silencio unos segundos y asintió.
—Dentro del Imperio tenemos al Círculo León, que fundó mi maestro. Ellos pueden actuar desde adentro, pero solo con eso no basta. Necesitamos… poder real.
—Yo puedo ir contigo —dijo Roswitha sin dudar.
—No—
—¿No qué? ¿Crees que me voy a quedar tranquila?
La reina lo fulminó con la mirada y giró la cara con fastidio, murmurando con tono muy bajito:
—No es por ti… es por mi escama.
León se quedó pasmado un segundo, luego soltó una risa.
—Entonces esta vez vamos a hacerlo juntos. ¡Pareja unida, nada los detiene!
—Qué cursi… di otra cosa.
—Uh… “¡Dragona plateada parte, y nada sobrevive!”
—Qué frase tan emo, no me gusta.
Después de esa última frase, ambos se quedaron callados.
Se miraron.
Y sin ponerse de acuerdo… rieron al mismo tiempo.
—Pero solo conmigo no basta —dijo Roswitha después de reír—. Hay que contar con que parte del ejército cazadragones del Imperio podría seguir obedeciendo órdenes, incluso sabiendo la verdad.
—Así que…
—Podríamos pedirle ayuda a Claudia —dijo León.
—Ajá. Al fin y al cabo, los del Clan Marino también tienen cuentas pendientes con el Imperio.
Roswitha añadió:
—¿Y con eso bastará? ¿O crees que necesitemos otro aliado a nivel rey dragón?
León se quedó pensando.
—Si hablamos de alguien que también tenga cuentas que saldar con el Imperio…
—Tengo a alguien en mente que sería perfecto.