Capítulo 116
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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116. Aparición en el momento clave
Ciudad exterior del Imperio. Barrio pobre.
Un mendigo cojeando, vestido con harapos, caminaba por la calle con ayuda de un bastón. En la otra mano, sostenía un cuenco de cerámica roto, pidiendo limosna a cada persona que se cruzaba.
—No, no tengo. Ábrete.
—¡Apártate, sucio vagabundo!
—Hijo, tienes que estudiar mucho y salir de este sitio de porquería. Si no, acabarás como ese hombre, pidiendo en la calle. ¿Entendido?
—…
Pero los que vivían en el barrio pobre apenas podían alimentarse a sí mismos. ¿Cómo iban a tener dinero de sobra para un mendigo?
El hombre siguió caminando por la calle, hasta que el reloj marcó la medianoche.
Con sus sandalias rotas, fue siguiendo el eco de las campanadas… hasta llegar a una torre de reloj desvencijada.
Se detuvo ante la puerta y golpeó cinco veces:
Las primeras tres, rápidas. Las últimas dos, más lentas.
Al poco, se oyeron pasos desde el interior.
¡Creak!
La puerta se abrió. Una cabecita se asomó con precaución.
Era una chica de coletas verdes, ojos vivaces y gesto alerta.
—¿No te siguió nadie? —preguntó Rebeca.
—No.
—Bien. Buen trabajo.
Rebeca le dejó entrar, cerrando parcialmente la puerta. Echó un último vistazo al exterior, y al ver que no había nadie, la cerró por completo.
Desde afuera, la torre parecía tan ruinosa como cualquier otro edificio del barrio pobre.
Pero por dentro… era otro mundo.
Tras el vestíbulo y una puerta secreta en la pared, se abría un salón subterráneo bien equipado: camas rudimentarias, una mesa comunitaria, una cocina, una mesa de análisis de información… todo lo necesario.
En la pared del fondo colgaba un emblema redondo. En él, la imagen detallada de un león rugiendo.
El mendigo se quitó el disfraz y se lavó la cara.
Rebeca le pasó una toalla.
—¿Alguna novedad del capitán, Nacho?
Nacho Salaman tomó la toalla y se secó.
—No. ¿No se suponía que iban a declararle la guerra al Imperio estos días? ¿Dónde está?
—El capitán fue a buscar ayuda. Tal vez las cosas no salieron como esperaba…
—Pero yo creo que ya casi llega. Él siempre cumple lo que promete —añadió Rebeca con firmeza—. Y más en algo tan importante como esto.
Nacho dejó la toalla a un lado y, apoyado en el lavabo, miró a la chica de las coletas, que apenas le llegaba al hombro.
—Yo también confío en tu capitán. Nunca decepciona. Especialmente para alguien como yo, que estuvo en su contra… lo entiendo muy bien.
Cada vez que recordaba cómo el Imperio lo había enviado a liderar un grupo de reyes dragón para enfrentarse a León, no podía evitar sentirlo absurdo:
¿En serio querían que fuera a luchar contra León?
En ese entonces, a Nacho le asignaron al menos cinco reyes dragón, incluyendo a Shtar.
Pero no pasó ni medio año, y León lo dejó como un comandante sin soldados.
¿Así cómo iba a pelear? ¡Mejor huir!
Huyó… y tras varios giros del destino, acabó uniéndose a este grupo rebelde, con León como su símbolo de lucha.
Hace unos días, Rebeca le había dicho que León estaba por regresar al Imperio, y que finalmente lideraría la ofensiva contra los gobernantes actuales.
Pero habían pasado días… y de León, nada.
Él confiaba en ese hombre. Había visto con sus propios ojos su fuerza y su determinación.
Pero…
Alzó la mirada y observó a los demás miembros del grupo.
—Esta guerra… la hemos alargado demasiado —dijo Nacho con el ceño fruncido.
—Muchos de los que se unieron a Leónheart lo hicieron por convicción, incluso por admiración hacia tu capitán —siguió—. Pero también hay quienes solo buscan venganza contra el Imperio.
Rebeca también giró la vista hacia los miembros reunidos. Su rostro juvenil se tiñó de preocupación.
Guardó silencio, esperando que Nacho continuara.
—Todos tienen una rabia contenida, esperando a que León regrese y dé la señal de contraataque.
—Pero con los días pasando y sin noticias, esa tensión crece.
—Yo puedo esperar. Tú también. Martín, Walker… ellos también pueden. Pero hay algunos que ya perdieron la paciencia.
—¿Sabes qué emoción se propaga más rápido que el miedo?
Rebeca negó con la cabeza.
—La impaciencia —dijo Nacho—. Es como una peste. Se contagia entre las personas y termina afectando a todo el grupo.
—Además, al igual que otras emociones negativas, nubla el juicio.
Rebeca frunció el ceño.
—¿Juicio?
—Lo digo por experiencia —asintió Nacho—. Cuando alguien pierde el juicio por impaciencia, lo primero que hace… es empezar a desconfiar de todo.
Rebeca abrió la boca, a punto de responder.
Pero justo entonces, uno de los miembros golpeó con fuerza la mesa, llamando la atención de todos.
—¿Hasta cuándo vamos a esperar para derrocar a ese perro emperador? ¡Todos los días lo mismo! “Que no es el momento, que esperemos”. Y cuando sí lo sea, ya estaremos todos en las mazmorras del Imperio.
—La señorita Rebeca dijo hace unos días que León estaba por regresar. Seguro es cuestión de tiempo…
—¡León, León! ¡Todo es León! Ustedes, los más jóvenes, solo entraron aquí por el tal León Kasmode… pero desde que estamos aquí, ¿¡alguno lo ha visto!?
—…N-no…
—No estoy cuestionando a Leónheart. Lo que no entiendo es por qué ese tal Tiger usa el nombre de alguien que ni existe para reunirnos. ¿Vamos a morir por un fantasma?
—¡No digas idioteces! Yo trabajé con León en el ejército, y he visto a Tiger. No son unos embusteros.
—¿Y solo con verlos ya puedes estar seguro?
—…
La discusión se volvió más acalorada.
Rebeca quiso intervenir, pero Nacho la detuvo.
—Si entras ahora, ese tipo va a volcar toda la bronca hacia ti. No importa qué digas, te va a atacar igual… y provocará que los demás también te cuestionen.
—¿Y entonces qué hacemos? ¿Solo mirar cómo discuten? —dijo Rebeca, impaciente.
—No hay de otra. Espera a que se calmen un poco y entonces explica la situación.
—Aunque…
—¿Aunque qué?
—Aunque creo que… fui demasiado optimista.
Rebeca no entendía. Pero justo cuando iba a preguntar, el alborotador cambió el blanco de su ataque directamente hacia ella.
—Rebeca. Dijiste que íbamos a declararle la guerra al Imperio. ¿Y dónde está León? ¡Llevamos días aquí, escondidos, perdiendo el tiempo!
—Yo…
Sin Tiger, y siendo solo una chica, Rebeca no podía controlar a ese grupo tan fácilmente.
—Fuiste con Tiger a reunirte con León. Dijiste que Tiger estaba herido y recuperándose… y que habías traído ayuda.
—Pero yo no veo a ese “ayudante”. Y mucho menos a León. ¡Y Tiger desaparecido!
—¿No será que nos estuviste tomando el pelo? ¿Tiger y León huyeron? ¿Nos dejaron a todos acá tirados, esperando la muerte?
—¡Cierra la boca, idiota!
Rebeca ya no aguantó. Gritó con todas sus fuerzas.
El otro quedó en shock por un segundo…
Pero se repuso enseguida y siguió con su ataque.
—¡No me mandes callar! Todos aquí estamos esperando a tu famoso “capitán León”, ¿no? ¡Pues hazlo aparecer de una vez!
Expandir el malestar personal al grupo… solo toma unas pocas frases.
Ahora todos en Leónheart la miraban.
Algunos, como ese tipo, ya dudaban de todo y querían ver a León para confirmar si era real.
Otros, que idolatraban a León como símbolo, también ansiaban conocerlo.
En otras palabras, todos lo estaban esperando.
Al ver a Rebeca callada, el hombre resopló y dijo con sorna:
—¿Nada más que decir, señorita Clement? Tiger se fue, tu supuesto “ayudante” no existe… y León Kasmode… también es un invento, ¿cierto?
—No es así… Él… el capitán va a—
—Aparecer en el momento justo.
Una voz habló desde la puerta del salón.
Todos voltearon.
Era… ¡Walker!
Y tras él, un hombre y una mujer.
—¿Walker? ¿No estabas patrullando? ¿Y esos dos que vienen contigo…?
Rebeca miró por encima de Walker…
Y al ver al hombre detrás, sus ojos verdes y sombríos brillaron de esperanza y emoción.
—¡Capitán… Capitán!!
Algunos también lo reconocieron.
—¿León… Kasmode…?
—¡Es León! ¡¡Es él!!
—¡León Kasmode! ¡El cazador de dragones más fuerte del Imperio!
El salón entero estalló en aplausos y vítores.
León caminó lentamente hasta Rebeca.
Y viendo a esa “loca” con los ojos llorosos de pura rabia contenida, le acarició la cabeza con suavidad.
—Perdón por llegar tarde.