07
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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7. Pequeña Noa, crece pronto
Últimamente, Noa estaba algo preocupada.
El ancestro en su cabeza se quejaba de que el cuerpo de esta dragona de cinco años ya tenía demasiada energía primordial acumulada.
Y además, soltaba cosas como:
> “¡Si seguimos a este ritmo, cuando termine de reunir la energía que necesito para recuperar mi poder, el Miedo Supremo ya va a estar bailando tap sobre las cenizas del mundo!”
Así que, para evitar ver al Miedo Supremo haciendo el ridículo frente a todos,
el ancestro no ha parado de apurarla estos días:
¡que se diera prisa en crecer!
—Creo que es hora de darte unas clases rápidas de biología moderna —dijo Noa muy seria, mientras caminaban por el canal de agua color dorado oscuro.
—Los dragones bebés se dividen en dos tipos: de capullo y de nacimiento natural.
—Los de capullo heredan directamente parte del poder de su madre, así que crecen muy rápido, tanto en fuerza como en cuerpo.
—En cambio, los de nacimiento natural nacen por parto, y no tienen cuernos hasta la adultez. Su fuerza es menor, y su desarrollo físico también va más lento.
—Y, bueno… yo soy de nacimiento natural.
La enorme dragona blanca descansaba sobre el agua.
Sus gigantescos ojos reflejaban el cuerpecito de Noa.
Tras escuchar todo su discurso, el ancestro respondió tranquilamente:
—Pues yo no te veo nada de débil por ser una dragona de nacimiento natural.
A tu nivel, puedes pelear contra tres de capullo al mismo tiempo.
Llevaban tanto tiempo compartiendo espacio mental, que el ancestro ya conocía a fondo a su anfitriona.
Era una niña con talento y que se esforzaba muchísimo.
No solo era casi invencible entre los de su edad, sino que incluso destacaba entre los jóvenes dragones.
—Pero el talento no acelera el crecimiento físico —respondió Noa, encogiéndose de hombros—. No puedo despertarme mañana con el cuerpo de papá o mamá, como tú quieres.
El ancestro, por supuesto, entendía eso.
Suspiró y dijo con calma:
—Ya que me diste una clase de biología, déjame devolverte el favor con una clase de historia.
Noa puso su carita seria, asintió y se sentó sobre el agua, lista para escuchar.
—En el inicio, no existía el concepto de “de capullo”.
Todos los dragones nacían de forma natural.
—Pero luego estalló una guerra civil entre los clanes.
La tensión fue creciendo, y los ejércitos no eran suficientes, así que tuvieron que mandar incluso a los dragones más jóvenes al frente.
—Aun así, no alcanzaba. Muchos jóvenes eran carne de cañón, y no servían de mucho.
—Entonces… inventaron un método de reproducción que permitía heredar directamente el poder de la madre.
Estos nuevos dragones crecían más rápido, aprendían más rápido.
—Y ni siquiera necesitaban métodos reproductivos convencionales. Una sola dragona podía hacerlo sola.
—Ese método es el que ustedes llaman hoy en día… “nacidos de capullo”.
Noa escuchaba en silencio.
Su carita seguía sin expresión, pero en el fondo ya sentía algo removido.
Resulta que en un inicio, todos los dragones nacían con padre y madre.
Pero para sobrevivir a la guerra, crearon los nacidos de capullo…
De hecho, ella misma ya había sentido esa diferencia desde pequeña.
Cuando recién entró a la Academia Saint Heath, estuvo a punto de sufrir bullying solo por ser de nacimiento natural.
Pero como buena hija de los Melkveil, Noa solita se enfrentó a los tres bullies y los puso en su sitio, convirtiéndose en embajadora anti-bullying de la sección infantil.
Pero que ella haya salido airosa, no significa que otros dragones de nacimiento natural tengan la misma suerte.
Ya no importaba cuándo empezó esa división.
Lo que importaba era que aún afectaba a muchas generaciones de dragones.
Un conflicto de identidad marcado desde la infancia, capaz de seguir doliendo incluso después de cien años.
—Después yo terminé con la guerra civil —siguió el ancestro—.
Pero el método del “capullo” ya había quedado.
—A los dragones les gustó demasiado tener poder sin tener que pasar por todos esos procesos lentos de crecimiento.
—Noa.
La anciana levantó la vista hacia su anfitriona.
—¿Qué?
—Si pudieras elegir… ¿cómo preferirías nacer? ¿De capullo o de forma natural?
Noa parpadeó y lo pensó un momento.
—De forma natural.
El ancestro se sorprendió, incluso se animó.
—¿Por qué?
¡Los nacidos de capullo tienen ventaja desde que nacen!
Tú te esfuerzas tanto para ser fuerte… ¿no es ese tu objetivo?
Noa bajó la cabeza, miró su mano derecha y respondió en voz baja:
—Me gusta ir acumulando poco a poco.
Así puedo sentir, con claridad, que estoy creciendo.
—Si solo heredara poder directamente de mamá…
sentiría que algo muy importante me faltaría en la vida.
El ancestro la escuchó… y se dio cuenta de que “ratita aplicada” ya no bastaba para describir a esta niña.
Ella se esforzaba, sí, pero no solo por querer poder o reconocimiento de sus padres.
También lo hacía para tener una vida más completa, más suya.
Cinco años. Y ya con ese tipo de pensamiento…
El ancestro no pudo evitar admirarla un poco.
—¿Y tú? —preguntó Noa de pronto.
—¿Qué?
—Si tú pudieras elegir… ¿cómo preferirías nacer?
Esta vez, el ancestro no respondió de inmediato.
Se quedó mirando fijamente a Noa. Luego bajó la mirada, contemplando la superficie tranquila del agua.
Parecía recordar cosas.
Y Noa decidió no presionarla.
Pasó un rato.
Entonces habló.
—De capullo… de nacimiento natural…
No elegiría ninguna.
Noa arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque… mi nacimiento ya fue un error.
—
En el salón del trono, Roswitha revisaba documentos.
De pronto, vio con el rabillo del ojo que había una cabecita asomándose tras una columna.
Se le escapó una sonrisa, fingió no notar nada y siguió trabajando.
Del otro lado, Noa se escondió rápido.
—¿Para qué me hiciste venir con mamá? —murmuró en voz baja.
—¡Ya te dije! Tu cuerpo está acumulando energía primordial muy lento, y tu madre puede ayudarnos a resolverlo.
—¿Qué? ¿¡Vas a confesarle todo!? ¡Mis papás te sacan a rastras del cerebro si se enteran!
—¡No, no! Me refiero a ese colgante que lleva.
Ese puede ayudarnos.
Noa volvió a asomarse con cuidado, mirando hacia su madre.
Roswitha estaba inclinada sobre su escritorio, y el colgante blanco le colgaba justo frente al pecho.
Noa recordaba que ese collar era un regalo de boda.
Se lo había dado la bisabuela Verónica.
Los materiales eran raros, sí…
Pero que tuviera que ver con energía primordial… ¿no era mucho suponer?
—¡No! ¡Ese collar fue un regalo de bodas! ¡No empieces con tus ideas raras!
Rechazó la propuesta de inmediato.
—Y además, ¿cómo sabes que ese colgante sirve para eso?
—Puedo sentirlo —dijo el ancestro—.
Ese colgante está hecho de cristal primordial.
No sé cómo lo consiguió tu madre, pero podría ayudarnos muchísimo a aumentar la velocidad de acumulación.
—¡He dicho que no! ¡Es muy importante para mi mamá! ¡No pienso tocarlo!
Noa no iba a ceder en eso.
Sabía cuánto valoraba su madre la relación con su padre, y por eso también le daba tanto valor a los regalos de boda.
Todo por acelerar el entrenamiento del viejo este…
¡Ni de broma le iba a quitar algo así a mamá!
—¡Ahh! ¡Qué cabezota de mocosa! ¡No hay forma contigo!
—Tch.
Noa resopló y volvió a asomarse para ver si podía huir sin que su mamá la viera.
Pero al mirar al trono…
¡Roswitha ya no estaba allí!
—¿Eh?
¿¡Pero si no es hora de la siesta!?
¿A dónde fue mamá…?
—Noa.
—¡¡AHHH!!
La voz suave y fría le llegó por detrás, tan de repente,
que el ancestro casi se muere del susto dentro de su mente.
Noa pegó un brinquito, con la cola alzada y toda temblorosa.
—M-Mamá… ¿cu-cuándo llegaste…?
—Escuché ruidos por aquí y vine a ver.
Roswitha sonrió, se agachó un poco y acercó su rostro a Noa.
La miraba con dulzura.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Noa se echó un poco hacia atrás.
Su mirada se desvió directo al colgante de su madre.
El cristal blanco brillaba al sol. Puro, transparente.
—Yo… ehh… yo estaba…
—¡¡¡Estaba esperándonos!!!!
Una voz se metió de golpe entre madre e hija.
Una cabellera rosa entró al cuadro.
Moon tomó la mano izquierda de Noa.
Lucecita tomó la derecha.
Y ambas miraron a Roswitha:
—¡Mami! La hermana mayor estaba esperando a mí y a la segunda.
¿Verdad, hermana?
Noa parpadeó en blanco.
Pero Lucecita le hizo señas como loca.
Así que Noa captó al instante:
—¡Ah, sí, sí! Estaba esperando a Lucecita.
¡Quedamos en jugar en el patio trasero!
Moon se rascó la cabeza.
—¿Eh? ¿Cuándo quedamos en eso…?
—¡Sí quedamos! ¡Por supuesto que sí! —le cortó Lucecita,
y tiró de ambas para salir disparadas hacia la puerta de atrás.
—¡Mami, tú sigue trabajando! ¡Nosotras vamos a jugar~!
Roswitha quiso decir algo, pero al final solo sonrió y agitó la mano:
—Tengan cuidado.
—¡Síii, mamá~!
Las risas de las niñas se alejaron corriendo.
Roswitha se quedó en su lugar, rascándose la sien.
—…Noa está actuando raro.
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