08
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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8. Rayos, ¡no tenemos suficientes parientes!
Sobre el pasto del campo de entrenamiento, las dragoncitas estaban sentadas en el suelo.
Noa y Lucecita se miraban fijamente, sin decir palabra.
El aire entre ellas estaba tan serio que parecía algo sacado de una reunión secreta… no algo entre niñas.
Moon miró a su hermana mayor, luego a su hermana menor, parpadeó, agitó el mechoncito de pelo que tenía en la cabeza y preguntó con total seriedad:
—¿El juego de hoy se llama “solo abrir los ojos y no hablar”?
Lucecita alzó una mano, cortando la pregunta de su hermana del medio, y sin apartar la vista de Noa, dijo con tono grave y pausado:
—Acabo de salvarte la vida.
—¿Qué quieres decir, Lucecita?
—No le estoy hablando a mi hermana mayor. Le estoy hablando al fantasma que se esconde dentro de su cuerpo.
—¡Ay, otra vez con los fantasmas! —Moon se dejó caer de espaldas en el pasto, derrotada, su colita extendida por debajo—. Lucecita, si hasta hablando dormida dices que estás cazando fantasmas…
Ya tenía trauma con esa palabra.
Cada vez que Lucecita venía emocionada con lo de “vamos a cazar un fantasma”, terminaban igual:
con las manos vacías.
Después de tanto tiempo así, Moon empezaba a sospechar seriamente que su hermana menor estaba tan aburrida en casa este verano, que se le había ido la olla y se inventaba cosas para entretenerse.
Noa también suspiró, cubriéndose la cara con una mano.
—No hay ningún fantasma, Lucecita. Llevas un mes entero buscándolos, y el verano ya casi se acaba. ¿Por qué no aprovechamos el tiempo que queda para jugar algo más o practicar la magia del próximo semestre?
Tener una hermanita a la que le gusta hacer tonterías no era tan terrible.
Lo grave era que esa hermanita, además de ser divertida, era lista y terca.
Lucecita solo creía en lo que veía, oía y analizaba por sí misma.
No importaba lo que dijeran los demás: si no le mostrabas una prueba definitiva, olvídate de que cambiara de opinión.
Si Noa había heredado de su padre el talento y la dedicación, y Moon había sacado la dulzura distraída de su madre, entonces su hermana menor Aurora Lucecita había heredado la terquedad obstinada de ambos.
Ese carácter era perfecto para dedicarse a la investigación mágica…
¡Pero no lo uses conmigo, que soy tu hermana, por favor!
La pelirrosa entrecerró los ojos, esperó un segundo y luego chasqueó los dedos con desdén:
—Hmph. No sé por qué estabas espiando el trabajo de mamá, pero que sepas que la próxima vez no pienso salvarte.
Noa se rio por lo bajo y sacudió la cabeza:
—¿Y esa advertencia es para mí… o para el fantasma ese del que hablas?
¡ZAS!
Lucecita se levantó de golpe, se acercó corriendo a Noa, le sostuvo la carita con ambas manos y declaró:
—¡Hermana! ¡Confía en Lucecita! ¡¡Lucecita te salvará!!
—…Vale, esta sí fue para mí.
Moon se reincorporó y levantó la mano:
—¡Oye, oye! Entonces, ¿qué vamos a jugar hoy?
—¿Qué te gustaría jugar? —le preguntó Noa.
—Emmm…
Moon, por una vez, empezó a pensar de verdad.
Y eso solo pasaba cuando tenía que decidir qué juego jugar o qué cenar.
Pero tras pensarlo bien, se dio cuenta de que ya habían jugado todos los juegos posibles ese verano, y repetir ya no tenía gracia.
Así que la dragoncita tiró la toalla.
—No sé…
Mientras las tres se devanaban los sesos, dos sirvientas pasaron junto al campo de entrenamiento.
Una de ellas llevaba en la mano lo que parecía ser un cartel de alguna actividad.
—¡Oh, qué forma tan curiosa de jugar! Nunca había oído algo así.
—Dicen que es un juego traído de otra raza. Súper emocionante y además te hace pensar mucho.
Las dos dragonas sirvientas sostenían el cartel entre ambas, charlando con entusiasmo.
Moon alcanzó a oír y enseguida se levantó corriendo.
—¡Tía Miss, tía Ellia! ¿De qué juego están hablando?
Miss se inclinó y le tendió el cartel que tenía en la mano.
—Estamos hablando de un nuevo juego de rol en vivo que se ha puesto de moda en Ciudad Cielo, Alteza. Mira.
Moon lo agarró con las dos manos.
El cartel mostraba un enorme castillo antiguo bajo un cielo nocturno, dándole un aire misterioso.
A un lado, había unos murciélagos dibujados con estilo caricaturesco. No daban miedo, pero sí captaban la atención.
Moon empezó a leer:
—“¡El más nuevo y gran juego de rol en vivo de Ciudad Cielo! Explora un castillo misterioso y ayuda a la princesa a encontrar al asesino oculto entre los invitados…”
—Así es, Alteza. Si le interesa, puede pedirle a Su Majestad o al Príncipe que las lleven a probarlo —agregó Ellia.
Los ojos de Moon brillaron.
Nunca había oído hablar de este juego. Y solo con ver el cartel, ya se moría de ganas de probarlo.
—¡Gracias, tía Miss, tía Ellia! —agradeció con educación.
—De nada, Alteza.
Moon regresó corriendo con el cartel en manos.
Al sentarse de nuevo entre Noa y Lucecita, lo desplegó frente a ellas.
Ambas se acercaron a mirar.
—¿Un juego de rol en vivo?… Suena interesante —dijo Lucecita, visiblemente interesada.
Porque todo el mundo sabía que “rol en vivo” + “interactivo” = diversión garantizada.
Y como primera Diosa de la Diversión de la familia Melkwei, Aurora no iba a perderse un evento como este.
—¡¿A que sí, a que sí?! ¿Tú quieres ir, Lucecita? ¿Y tú, hermana? —preguntó Moon emocionada.
Noa siguió leyendo en voz baja:
—“Duración mínima: 72 horas. Ideal para reuniones escolares o grupos familiares. Número ideal de jugadores: 8 personas…”
Noa empezó a contar con los dedos:
—Papá, mamá, tú, Lucecita, yo… incluso contando a la tía Isa, solo somos seis.
No llegamos, Moon.
Además de ser “rol en vivo” e “interactivo”, el otro gran requisito de este juego era que era grande.
Tres días enteros de duración, y necesitaban más gente.
Y con la personalidad de la familia Melkwei, era obvio que no iban a compartir grupo con desconocidos.
Moon frunció el ceño y volvió a pensar.
—Entonces… ¡¡podríamos invitar a la hermana Sherry!!
—La hermana Sherry está en una misión. No volverá pronto.
—¿Y la hermana Milán? ¿O la tía Anna?
—Milán está ocupadísima con su trabajo. Y la tía Anna… no es muy fan de este tipo de juegos.
Moon sintió que el cielo se le venía encima.
Se dejó caer otra vez al pasto como si se hubiera apagado.
Lucecita también bajó la cabeza, jugando con la punta de su colita rosa sin decir nada.
Noa volvió a mirar el cartel.
En la parte de arriba explicaba el sistema de victoria y los premios del juego.
—“Tanto el bando de los inocentes como el de los ‘lobos’ puede ganar. El grupo que complete todas las misiones activadas dentro del juego será el vencedor.”
—“El ganador obtendrá el tesoro escondido del castillo: la Piedra Sagrada Negra.”
En paréntesis, había una nota explicativa.
—“Este objeto de juego está hecho con el material más seguro: cristal nocturno.”
—Cristal nocturno… —murmuró Noa—. Creo que el profesor dijo que era un material mágico poco común, pero sin mucho uso. Solo sirve para hacer adornos bonitos…
Después de todo, la mayoría de los jugadores lo hacían por diversión, no por el premio.
—Niña, ese material no es tan inútil como crees.
De pronto, la voz del “fantasma” volvió a resonar.
Plink.
Una gota de agua cayó desde un techo dorado oscuro y tocó el agua a los pies de Noa.
La onda se expandió a su alrededor… hasta llegar a una enorme dragona blanca frente a ella.
—¿Entonces qué es el cristal nocturno? —preguntó Noa.
—En tiempos antiguos, los dragones lo usaban para fortalecer los canales mágicos de los jóvenes guerreros. Les permitía usar hechizos mucho más poderosos sin dañar su cuerpo.
La anciana dragona explicó con calma:
—Y además, acelera la condensación de maná.
Noa arqueó una ceja.
—Si era tan útil, ¿por qué ya no se usa?
—Porque para que funcione, necesita un tipo de magia muy particular.
Una magia especial.
Noa entendió enseguida de qué hablaba.
—Solo la magia primordial puede activar su verdadero poder… ¿cierto?
—Hmph. Inteligente, niña.
La dragona ancestral asintió.
—Así que, Noa… esta es nuestra oportunidad.
—¿Oportunidad?
—Si no me dejas usar el regalo de bodas de tu madre, entonces el cristal nocturno puede servir como reemplazo. Lo necesitamos para condensar la fuerza primordial más rápido.
—O sea… tengo que entrar a ese juego.
Y ganar.
Sí o sí.