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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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10. Porque tus mecánicas están para llorar
No por nada era el cazador de dragones más fuerte del mundo: León conocía la naturaleza de los dragones al dedillo.
En cuanto Isa se enteró del plan, respondió con solo cuatro palabras:
“Díganme cuándo y voy.”
Se notaba que en el clan de los dragones rojos había demasiada calma últimamente, y la pobre Isa —tan guerrera como fiestera— ya estaba a punto de estallar.
Necesitaba una buena reunión familiar para soltar tensiones.
Y con ella, el número de participantes quedaba justo.
Unos días después, todos partieron hacia Ciudad Cielo.
Durante el trayecto, las dragoncitas no podían disimular la emoción.
—Escuché que los chicos del club juvenil ya lo jugaron, y que la experiencia fue buenísima —dijo Helena, con los ojos brillando—.
Dicen que el premio mayor lo ganó una senior que sacó la carta de “princesa”. Qué suerte la suya.
Las tres hermanitas se miraron entre sí, dudosas.
Podían imaginar lo que significaba la carta de princesa: seguramente algo como las cartas de rol en “Hombres lobo” o ese tipo de juegos.
Pero… ¿por qué tener la carta de princesa era “tener suerte”?
Helena notó su confusión y les explicó:
—El juego es muy simple. Son ocho personas que sacan una carta de identidad al azar.
Y una vez tienes tu identidad, debes actuar en consecuencia durante las 72 horas que dura el juego.
Todo lo que digas o hagas debe encajar con tu personaje. Así se vuelve más realista.
—Ese es uno de los atractivos del juego —añadió—.
Y la princesa es la protagonista del trasfondo: noble, inteligente, admirada por todos.
Noa parpadeó, pensativa. Luego dio su veredicto con precisión quirúrgica:
—O sea que es como la “Diosa” del bando bueno.
Helena se sorprendió.
—¡Oh! ¡Noa-chan! ¿Tú también has jugado Hombres Lobo?
—Claro. En mi casa somos muchos, y cuando hay tiempo libre jugamos de todo.
Si ser princesa equivalía a la Diosa, entonces tenía sentido que quien sacara esa carta tuviera más posibilidades de ganar.
Claro, este juego no sería como el clásico “Hombres Lobo”.
Según la publicidad, también tenía escenarios con interpretación y misiones con NPCs.
Así que además de hablar bien, también había que saber hacer cosas por cuenta propia.
—¡Qué emoción! Ojalá me toque la princesa —dijo Helena, recostada en el lomo del dragón mientras miraba al cielo.
De pronto, bajó la mirada, apoyó la cabeza entre las manos, y sonriendo con picardía le preguntó a su amiga:
—¿Y tú, Noa? ¿Qué carta te gustaría sacar?
—¿Yo…? —Noa pensó un poco—. La de caballero, creo.
Helena se iluminó:
—¿¡Porque el caballero protege a la princesa!?
—No. Porque el caballero puede matar al lobo —respondió la Reina de los Juegos, frotándose las manos.
……
Helena lo entendía: su amiga tenía una personalidad directa, práctica, como dirían los adultos: una «hetero de manual».
Cero sensibilidad para el romance.
Pero las cosas no eran tan simples.
¡Ella, la princesa heredera de los dragones plateados, no era tonta!
Había emboscado a más de un Rey Dragón antes.
Para eso se necesita instinto, lectura de la situación y buen timing.
Y claro que Helena entendió lo que Noa había querido evitar.
Si Noa le decía algo como “porque así puedo protegerte”, entonces cierto mechón peludo a su lado podría haber iniciado una telenovela digna de premios Emmy antes de llegar siquiera a Ciudad Cielo.
Por eso Noa respondió así.
Para evitar un drama.
La Reina de los Juegos se felicitó mentalmente por su inteligencia.
Miró a Moon.
Efectivamente, la niña parecía tranquila…
Aunque de vez en cuando, esos grandes ojos azules miraban de reojo a Helena, como si en cualquier momento le fuera a arrebatar a su hermana.
Noa sonrió resignada y negó con la cabeza.
Ay, esta hermana celosa… ¿cuándo crecerá?
……
Entre charla y charla, llegaron a Ciudad Cielo.
Como los dragones rojos vivían más cerca, Isa ya los esperaba.
Estaba de pie entre la multitud. Su belleza y su cabello llameante la hacían imposible de ignorar.
León y los demás la vieron enseguida.
Isa, con los brazos cruzados, lucía su típica sonrisa de medio lado, con ese aire travieso y oscuro que la caracterizaba.
—Si se tardaban un poquito más, ya me iba a salir pasto en la cabeza.
—¿Hace mucho llegaste, Isa? —preguntó Roswitha, acercándose.
—Diez minutos.
—¿Y ya se te iba a crecer pasto? —León comentó—. Si eres tan eficiente, mejor ve a reforestar el desierto.
Isa lo miró de reojo, divertida.
—Mira nada más… No solo te curaste la pierna, también recuperaste el sarcasmo, ¿eh?
El tema de la silla de ruedas lo había escuchado hace poco.
Roswitha le había dicho que León se cayó por culpa de una piedra…
Ja.
Claro que sí, cómo no.
No lo creyó ni por un segundo.
Pero mientras no destruyeran un país con un rayo y una explosión, los dejaría hacer lo que quisieran.
Entre bromas, Isa notó a la mujer de cabello azul al lado de su hermana.
—Señora Claudia. Nos vimos una vez en la Torre del Crepúsculo —dijo Isa, como buena júnior, saludando primero.
—Sí —asintió Claudia—. Igual que Roswitha, eres joven y muy talentosa.
—Ay, no exagere. Todavía me falta mucho por aprender.
Después de unos cumplidos de cortesía, las tres dragoncitas corrieron al encuentro:
—¡Tíaaa~!
—¡Tía, tía, abrázameee~!
Isa no pudo contener su auténtica sonrisa de tía.
Se agachó y las abrazó una a una, dando besitos con cariño.
Al final, dejó a Lucecita en su regazo.
A Isa le encantaban las tres, y las quería por igual.
Pero la que más se parecía a ella…
definitivamente era Lucecita.
Ambas eran loquitas adorables:
—La grande, fan de ver el caos de los adultos.
—La chiquita, fan de ver el caos de sus hermanas.
¡Combinación explosiva!
……
Treinta minutos más tarde, llegaron al centro donde se haría el juego interactivo.
Como la duración era de 72 horas, había que hacer reserva previa.
Por suerte, Helena ya había investigado todo eso.
Apenas entraron, los empleados los recibieron con entusiasmo.
Tras verificar sus datos, los llevaron a una sala tipo sala de juntas.
—Bienvenidos a nuestro nuevo juego interactivo en vivo: «El Secreto del Castillo».
—Permítanme contarles un poco de la historia del juego:
—En un castillo misterioso se guarda un artefacto capaz de conceder cualquier deseo: la Piedra Negra Sagrada.
—El dueño del castillo, un rey, le reveló su existencia a su única hija, la princesa, poco antes de morir.
Le pidió que nunca permitiera que esa piedra cayera en manos equivocadas.
—Tras la muerte del rey, muchos acudieron a su funeral.
—Esa noche, algunos de ellos se quedaron a dormir en el castillo. La princesa los atendió amablemente.
—Después de cenar, la princesa regresó a su habitación.
Como siempre, revisó la caja bajo su cama que contenía la llave de la sala secreta donde se escondía la piedra.
—Pero al abrir la caja…
—¡La llave había desaparecido!
—La princesa corrió a buscar a sus guardias, fueron a la sala secreta…
—¡La puerta estaba abierta! ¡Y la piedra había sido robada!
—La princesa, furiosa, ordenó cerrar el castillo.
—Ahora solo quedaban ocho personas dentro:
—La princesa, sus dos amigas, los guardias, la reina, un viejo amigo del rey, el chef real, y un médico.
—Y ahora…
Mientras relataba, el guía puso ocho cartas de identidad boca abajo sobre la mesa:
—Por favor, cada jugador tome una.
Las dragoncitas se lanzaron como flechas, agarrando cada una su carta.
—¿Eh~~? ¿Por qué soy una de las amigas de la princesa? —se quejó Moon con carita triste.
A ver, sí.
Era literalmente una princesa de verdad en el mundo real…
Pero ¡también quería ser princesa en el juego!
—¿Y tú qué sacaste, Lucecita? —preguntó, acercándose.
—También soy amiga de la princesa —dijo Lucecita mostrándola sin problema—.
Wow, esta princesa sí que tiene amistades…
Helena sacó la carta de “guardia personal”.
Miró a un lado, miró al otro, y su mirada se detuvo en Noa:
—¿Noa-chan? ¿Tú cuál tienes?
Noa parpadeó, su carita tranquila como siempre.
Con calma, volteó su carta y dijo:
—Princesa.
—¡Guauu~! ¡Eres la princesa!
¡Y yo soy la guardia! ¡Entonces puedo protegerte de cerca!
¡Protección de cerca!
¡Alerta, alerta! ¡Has activado a la hermana celosa!
Lucecita, que estaba en el mismo “equipo”, sintió cómo una nueva energía combativa emanaba de Moon.
Perfecto.
¡Las reglas del show estaban listas!
—Yo soy la doctora —dijo Isa—. ¿Y tú, Roswitha?
—Chef —respondió Roswitha—. ¿Por qué chef?
—Porque tus mecánicas están para llorar —aprovechó León para clavarle un puñal verbal.
Roswitha puso los ojos en blanco, harta del idiota.
—Yo soy la reina —dijo Claudia—.
suspiro… ¿Por qué siempre me tocan roles de mamá?
Recordaba que en la obra de teatro de la academia, fue la madrastra malvada de León.
Y ahora en este juego familiar… otra vez le tocaba hacer de madre.
Y León, por supuesto, tenía la última carta restante:
“Amigo del Rey”.
Levantó la carta con calma.
La primera línea mostraba el rol.
Pero lo que lo dejó helado fue la segunda línea, más pequeña:
> [Amigo del Rey – Facción independiente]
[Objetivo de la misión:…]
[ELIMINAR A TODOS]