24
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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24 ¡Vamos, que es una conejita sexy! (Voz de hermano León)
—¡¡Hermana, ganaste!!
Moon corrió emocionada y se lanzó directo a los brazos de Noa.
Helena y Lucecita también se acercaron para felicitarla.
Las dragoncitas rodearon a su princesa, celebrando alegres la victoria.
Aunque, entre la alegría, en los ojos de Noa pareció pasar una leve sombra de desconcierto.
Pero se recompuso pronto, y agarrada de la mano de su hermana y su mejor amiga, empezó a girar en círculos con ellas.
—Nada mal, cuñado. Aguantar tres rondas contra el ataque feroz de mi sobrina genio… desde ahora te declaro tercer guerrero más fuerte de los plateados.
León solo se rio ante la broma de Isa.
Aunque mentalmente sacó cuentas, sintiendo que algo no cuadraba.
—Puedo entender ser el segundo, porque Noa me ganó. ¿Pero tercero?
—La segunda es tu esposa.
—Entendido.
Puesto familiar -1.
Tras la broma, Isa también se unió a la celebración de las dragoncitas.
Roswitha se acercó a León y le susurró:
—Hablamos de que debías dejarte ganar por Noa, sí… pero no pensé que ibas a perder tan rápido.
León soltó una risita y suspiró.
—Hay muchas cosas que no esperabas.
La reina arqueó una ceja.
—¿Qué quieres decir?
—Verás… yo no pensaba perder en el tercer ataque de Noa.
Se tocó la cintura, justo donde antes llevaba el cascabel atado.
Recordó la escena anterior y explicó:
—El inicio de ese tercer ataque fue igual al primero, así que era fácil de anticipar. Planeaba contrarrestarlo y luego hacerme el interesante, decir algo como “ese truco no funciona dos veces con papá”.
Roswitha se tapó la boca, sonriendo con interés.
—¿Y?
—Y entonces… Noa hizo algo que no vi venir: usó su cola. Pero no solo eso, ¡la dirección del ataque con la cola fue extremadamente precisa! No pude evitarlo.
Roswitha reflexionó y luego concluyó:
—O sea que… nuestra hija te atrapó de verdad, ¿no?
—…
León tuvo un leve tic en la comisura del labio.
—Todo ese discurso que me lancé era para disimular, ¿tenías que decirlo tan directo?
Aunque bueno, tampoco era del todo así.
Porque antes del ataque final de Noa, León había tenido muchas oportunidades para quitarle su cascabel.
Solo que… no lo hizo.
Y, efectivamente, el movimiento de cola fue algo que no esperaba.
—Ugh, si hubiera sabido, me habría preparado mejor contra la cola de Noa.
—Si me hubieras hecho caso hace cinco años y dejado que te pusiera una cola postiza…
Roswitha no perdió la oportunidad para sacarle en cara cosas.
—Te lo dije, y no quisiste.
—¿Y para qué? ¿Para que luego tú me enrollaras con tu cola, majestad?
La reina enrojeció y lo golpeó suavemente en el brazo.
—¡Deja de decir tonterías, asqueroso! ¿Quién quiere enroscarse contigo como una serpiente?
—¡Mentira! He visto tu colección secreta de novelas románticas de dragones. En esas historias, los protagonistas se enrollan las colas cuando se aman de verdad.
—¡Cállate, humano! ¡No quiero enroscarme contigo!
Se enfrascaron en su típico toma y daca de pareja.
Después de unas cuantas bromas, a León le vino algo a la cabeza.
—Oye, lo que me prometiste en el sótano… ¿sigue en pie?
Roswitha parpadeó. Sabía a qué se refería.
—Por supuesto que…
—Ya no vale.
La reina se cruzó de brazos, con una sonrisita traviesa en los labios.
—¿Qué? ¡Pero si lo habíamos pactado!
—Porque nuestra hija ganó limpiamente. No fue que te dejaras ganar. Así que ya no cuenta~.
—¡Oye! ¡Eso es trampa!
—No es trampa. Tú bajaste la guardia solito. Perdiste el cascabel… y también—
Roswitha se puso de puntillas, se acercó al oído de León, le pellizcó suavemente el lóbulo y le susurró con voz melosa:
—Una noche con la conejita sexy.
Sí. En el sótano, para motivarlo, Roswitha le había prometido que si Noa ganaba, ella volvería a ponerse el disfraz de conejita.
Y todo ocurrió como ella esperaba: León cayó ante la hija mayor, y Noa obtuvo la piedra negra.
Este episodio nos deja una importante enseñanza:
Conocer el fetiche de tu pareja es un poder enorme.
Roswitha disfrutó a pleno el ver la expresión desolada del pequeño león.
Desde su perspectiva, acababa de perder, en un solo día, tanto el campeonato del juego como… a la conejita sexy.
Un golpe emocional peor que no poder matar a un rey dragón.
—Bueno, bueno, era broma.
Obviamente, Roswitha no iba a romper una promesa con su torpe prisionero.
Solo quería verlo poner cara de perro apaleado.
Qué se le iba a hacer. Su majestad la reina tiene sus gustos. Y este era uno de ellos.
Se acercó y se colgó de su brazo.
—Cuando lleguemos a casa, te la pongo. ¿Contento?
León torció los labios.
—Ni que me muriera por verla.
—¿Ah sí? Entonces qué suerte. Igual yo odiaba lo apretado que me quedaba.
—…
Roswitha aguantó la risa.
Sabía bien que conseguir que León dijera “por favor ponte el disfraz de conejita” era imposible.
Preferiría morir antes que perder su dignidad.
A lo mucho, solo se quejaría un poco.
—Me encanta lo orgulloso y terco que eres, idiota.
Si no fuera porque había gente mirándolos, Roswitha le habría dado un beso como recompensa.
Por ayudarla a ganarle a Isa.
Y por permitir que Noa ganara.
Mientras ellos dos se acaramelaban, se acercaron unos miembros del staff.
—Señor, por favor entréguenos la piedra negra que ocultó. Es un ítem del juego y no está hecha de cristal nocturno real. Necesitamos usarla en la próxima partida.
—¡Ah, cierto!
León fue rápidamente hacia la entrada del salón, se paró frente a una de las armaduras decorativas, retiró la protección de la pierna y sacó de su bota la piedra negra que había escondido.
Los presentes se quedaron pasmados.
—¡Así que la piedra negra estaba en la entrada del salón todo el tiempo!
—Entramos y salimos mil veces, ¡¿y nunca se nos ocurrió revisar ahí?!
—¡Princesa, llévanos a jugar otra vez, porfa!
Se escucharon lamentos por todos lados.
Algunos querían recuperar la piedra, otros destruirla o huir con ella.
Pero nadie, ni una sola persona, pensó en buscarla justo bajo sus narices.
Incluso Isa admitió que ni se le ocurrió sospechar de esa zona.
—Cuñado, no sabía que eras tan bueno escondiendo cosas.
—Sí, soy experto en eso.
Y aquí toca recordar… las fotos prohibidas de la conejita sexy, que el general León escondió hace años y que nadie ha podido encontrar hasta ahora…
Ni siquiera él mismo recuerda dónde las puso.
Volviendo al tema.
León devolvió la falsa piedra negra al personal.
Entonces, otro miembro del staff sacó una pequeña caja de madera, y dentro puso la verdadera piedra negra, también conocida como el cristal nocturno, y se la entregó a Noa.
—Felicidades, señorita Noa. Ha ganado la partida final del juego Misterios del Castillo. Esta piedra negra es toda suya.
—Gracias —respondió Noa con educación, recibiéndola con ambas manos.
Abrió la cajita. Dentro había una pequeña esfera negra perfectamente pulida.
Un objeto decorativo hecho con cristal nocturno… realmente hermoso.
Noa rozó la superficie con los dedos. Estaba fría como el hielo.
Y justo en el momento en que la tocó, algo en su circuito mágico interno pareció activarse levemente.
—Has estado refinando tu poder primordial por mucho tiempo. Tu circuito mágico ya no es el de antes. Y esa reacción fue provocada por el eco de ese poder dentro de ti. No te preocupes, eso confirma que es un cristal nocturno auténtico.
La voz del ancestro resonó.
—Ya veo…
Noa contempló la perlita negra, sintiendo el eco entre su energía primordial… y el cristal.
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