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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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25 La verdad siempre sale a la luz
El juego Misterios del Castillo había terminado, y cada quien se llevó algo consigo.
Claudia entendió mejor cómo relacionarse de forma natural con su hija.
Helena cumplió su deseo de jugar un juego interactivo con Noa.
Noa ganó la partida y obtuvo el cristal nocturno, capaz de mejorar la eficiencia de su fuerza primordial.
Moon logró proteger a su hermana y evitar que la pequeña dragona marina “le robara la torre”.
Lucecita disfrutó como nunca del duelo del siglo entre padre e hija.
Isa, por su parte, fue testigo de lo temibles que eran su hermana y su cuñado cuando se aliaban.
Y aunque el general León perdió el juego, se ganó una noche con la conejita sexy.
Una vez más se confirmó aquella frase:
> “Ustedes podrán ganar un poco, pero yo, León, nunca pierdo.”
Las dos familias abandonaron el centro de juegos.
La duración original de Misterios del Castillo era de setenta y dos horas, o sea, tres días enteros.
Pero nadie previó que Isa se descontrolaría a mitad del juego y casi se convertiría en “la matadragones honoraria”… o que León y Roswitha intervendrían a medio camino y directamente aniquilaran la partida.
Con esa familia tan OP, no hay juego que aguante las tres rondas.
Pero ya que habían salido todos juntos de paseo, no iban a irse a casa tan pronto solo por eso.
Las dragoncitas estaban entusiasmadas por pasear por Ciudad Cielo.
Los adultos accedieron con gusto.
Isa, como siempre, era muy querida por las niñas. Todas la llevaban de la mano, corriendo entre callejones y avenidas.
León, Roswitha y Claudia caminaban un poco más atrás.
—Tu hermana parece que adora a los niños —comentó Claudia.
Roswitha asintió.
—Aunque Isa es una convencida del no-matrimonio, le encantan los niños.
Claudia captó la indirecta y cambió de tema, preguntando:
—¿Y ella sabe lo tuyo con León?
—¿Qué…? Ah, no, aún no lo sabe.
Roswitha miró la espalda de su hermana con algo de preocupación y duda en el rostro.
—Después de la batalla final del Imperio, León y yo hablamos sobre si debíamos contarle la verdad.
—¿Y qué decidieron?
—Que ahora mismo es el mejor momento para sincerarnos.
Esta vez quien respondió fue León.
Caminaba con las manos en los bolsillos, la mirada entornada, observando también la figura de Isa y las niñas.
—Ya han pasado muchos años. Aunque Isa no haya notado nada aún… la verdad siempre termina saliendo. Tarde o temprano, o tendremos que decirlo nosotros por algún motivo, o ella lo descubrirá sola.
—Y después de lo que pasó en el Imperio, con tanto alboroto, dudo que no haya escuchado ni un solo rumor —añadió.
—Así que… en vez de esperar a que se entere por sorpresa y todo se vuelva incómodo, es mejor decirlo ahora y evitar males mayores.
Claudia lo escuchó en silencio, luego reflexionó.
—Tiene sentido. Pero… ¿y si Isa no acepta que su hermana se casara con un humano?
Esa frase detuvo en seco a León y Roswitha.
Ella no dijo nada, pero su expresión preocupada lo decía todo.
León suspiró.
—Isa es una gran persona. No es salvaje ni violenta como otros dragones. Por eso me cuesta pensar en enfrentarme a alguien como ella.
—Si de verdad no puede aceptarlo… creo que me iría por un tiempo.
Claudia frunció ligeramente el ceño.
—¿Irte? ¿A dónde?
—Al Imperio. Volvería para liderar la reconstrucción del León Carmesí, ese nuevo país que estamos levantando.
Habló con firmeza.
—Por eso digo que este es el mejor momento para sincerarnos. El Imperio ya no es lo que era. Sin Kant, puedo regresar y retomar mis raíces. Al final de cuentas, es mi hogar.
—Además…
Hizo una pausa, apretó los labios, miró a su esposa… y le tomó la mano.
Roswitha no dudó. Abrió la palma y entrelazó sus dedos con los de León.
—Además, no puedo permitir que mi presencia destruya el vínculo entre Roswitha y su hermana.
—Si Isa no me acepta y aun así me quedo, solo conseguiré romper lo que tanto nos costó construir como familia.
—Nuestro inicio fue un error, pero no dejaré que el final también lo sea.
—Así que… lo mejor sería que yo me aleje de los plateados, y vea a Roswitha solo de vez en cuando.
Claudia también aminoró el paso.
Tenía que admitirlo: esta pareja era… bastante particular.
Ni siquiera ella, con toda su experiencia, se sentía completamente preparada para lidiar con esos asuntos de familia.
Tras unos segundos de silencio, Claudia habló.
—¿Por qué tanto afán por hablar del inicio y del final?
—¿Eh? ¿Cómo dice?
—Sí, es cierto que su comienzo fue complicado. Pero de ese inicio salió un proceso muy hermoso.
Claudia les sonrió con dulzura, girando la cabeza para mirarlos con esos ojos azul marino llenos de serenidad… y un poco de envidia.
—Tantas emociones, altibajos, amor y odio… lo que han vivido en estos cinco años supera toda mi vida de siglos.
—Entonces, ¿por qué enfocarse solo en cómo empezó o cómo terminará?
—En estos cinco años tan valiosos, ¿Isa no ha sido parte también?
Isa como testigo y partícipe…
León y Roswitha se miraron. Al hacerlo, los recuerdos volvieron como relámpagos.
La primera vez que fueron a casa de Isa. Ella les sacó todos los trapos sucios de Roswitha, y esa misma noche, en la azotea, le hizo jurar a León que protegería a su hermana.
La competencia en Ciudad Cielo, donde ambos fueron completamente engañados por la lista maestra de Isa, y no tuvieron más remedio que revelar el segundo embarazo de Roswitha.
Cuando nació Lucecita, su primera palabra fue “tía Isa”.
Los días que estuvo de visita la abuela, donde todos se reunieron en Ciudad Cielo: fue el día más completo en la historia de la familia Melkwei.
Y cuando Konstantin resucitó, Isa, León y Roswitha lucharon juntos para detenerlo.
Tantas experiencias… y, en efecto, habían olvidado que Isa también había sido parte esencial de ese proceso hermoso.
Después de un breve silencio, Claudia retomó:
—Estoy de acuerdo con que este es el mejor momento para sincerarse. Pero me parece que aunque el momento está listo… ustedes todavía no lo están.
Roswitha bajó la cabeza.
—Mmm…
—¿Saben cómo me sentí al enterarme de que Charlotte salía con un humano?
Ambos negaron con la cabeza.
—Estaba furiosa. No lo entendía. ¿Por qué mi hermana se había enamorado de un humano?
—Pero… ¿qué podía hacer?
—Charlotte es un ser independiente, con su propio pensamiento y su propia vida.
—Y si en una vida tan larga no puede darse el lujo de amar a quien desee, entonces ¿de qué sirve esa vida?
—Al final, acepté a Tiger. Y no porque “ya era demasiado tarde” o porque ya habían cruzado la línea…
Claudia hizo una pausa, miró a León.
—De hecho, ni siquiera cruzaron la línea. Solo trajeron comida para llevar, por decirlo así.
Una analogía rarísima, pero que ayudó a relajar el ambiente tenso.
—Acepté a Tiger y su matrimonio porque supe que mi hermana se estaba casando con el hombre que más la amaba.
—Nosotras, las hermanas mayores, no seguimos dogmas ni reglas anticuadas. Solo queremos que nuestras hermanas… sean felices.
Claudia no se esperaba haber dicho tanto.
Nunca fue muy buena hablando de emociones, y sin embargo, les ofreció una perspectiva realmente valiosa.
Tal vez por eso mismo: porque hablaba desde su propia experiencia.
Al igual que ella, Isa también era la hermana mayor de su familia. Ambas sabían lo que se siente cuidar de una hermana querida.
—Eso sí, vayan preparándose para el berrinche de la Reina Roja.
Claudia les dio un par de palmaditas en el hombro a cada uno.
—Aceptar, vamos a aceptar. Pero el enojo… eso las hermanas mayores jamás lo perdonamos tan fácil, ¿eh?