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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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28 Cuando el general está fuera, puede desobedecer al rey
—Parece que lleva un buen rato parado ahí.
—¿Creen que sepa leer los labios? Si entendió lo que dijimos hace un momento… sería un buen lío, ¿no?
—Cuñado, ¿no estarás pensando en atacar al sirviente del Maestro de la Torre del Crepúsculo?
—No, solo digo que hay que prevenir. Si ustedes no se animan, yo puedo encargarme. Es lo mío.
—Déjense de bromas, ya viene para acá.
El sirviente cruzó la calle, entre la multitud, entró al café, y rechazó amablemente al mesero que se le acercó. Sin dudarlo, se dirigió directo hacia León.
Ese paso firme y directo dejaba claro que el tal sirviente —o mejor dicho, el emisario del Maestro de la Torre del Crepúsculo— venía específicamente por ellos.
—Un placer, señores. Soy Kaide, asistente personal del Maestro de la Torre del Crepúsculo. Es un honor encontrarme con los líderes élite de la raza dragón aquí en Ciudad Cielo.
Líderes élite de la raza dragón:
Roswitha ??
Isa ??
Claudia ??
León ?
Perfecto.
Al parecer este tal Kaide no sabe leer labios. León respiró por dentro con alivio.
—Hola, Kaide —saludó Isa—. ¿Y a qué debemos la visita del Maestro?
Conociendo al Maestro de la Torre y su nivel, era imposible que mandara a su asistente personal sin un motivo de peso.
¿Acaso se trataba de otra reunión secreta entre Reyes Dragón?
Y como si lo confirmara, Kaide asintió levemente y respondió:
—¿Han oído hablar del cambio de régimen en el Imperio humano?
Vaya.
¿Tú qué crees?
No solo estaban enterados… ¡de los cuatro presentes, tres habían participado en el golpe!
—Algo hemos oído. —León respondió con una cara muy seria.
Roswitha lo miró de reojo.
¿Algo? ¡Muy buena esa, desgraciado! ¿Y la parte donde alardeabas?
León le devolvió la mirada levantando una ceja, como diciendo: ¿Y qué querías que dijera, que fui yo?
Después de esa rápida conversación silenciosa entre esposos, Kaide continuó:
—Ya que están al tanto de los hechos en el Imperio humano, supongo que también imaginan que esta guerra entre nuestras razas está por entrar en una nueva etapa.
—Sin embargo, de acuerdo con los informes que hemos recibido del frente, no solo se produjo un cambio de poder… también se filtró un secreto oscuro de más de treinta años.
—Un asunto que involucra a varios Reyes Dragón. Si no se maneja con cuidado, podría causar una ruptura aún mayor dentro de la ya frágil alianza de nuestra raza.
—Por eso, mi señor ha convocado una reunión de emergencia entre Reyes Dragón. En un principio íbamos a enviar dragones mensajeros a sus territorios, pero al enterarnos de que se encontraban en Ciudad Cielo, vine personalmente a contactarlos.
Los cuatro se miraron entre sí.
Justo hacía un rato, León ya había revelado a Isa que el Imperio y algunos Reyes Dragón habían estado aliados en secreto durante toda la guerra.
Así que todos sabían perfectamente a qué se refería Kaide con ese “secreto oscuro de más de treinta años”.
Lo que debía ser una guerra a muerte… fue extendida durante décadas por los intereses de unos pocos, generando muertes y sufrimientos innecesarios.
Una traición que tanto humanos como dragones no podían permitir.
Como Kaide decía, si no se manejaba bien, el conflicto entre clanes dragón se intensificaría aún más.
Y si a los enemigos externos se le sumaban las divisiones internas, una de las razas más antiguas del continente Samael se vería ante una catástrofe sin precedentes.
En el pasado, a León eso le habría dado igual. Si los dragones se mataban entre ellos, bien. ¡Incluso hubiera aplaudido si se echaban fuego en la boca!
Pero ahora tenía esposa, hijas, y familia por todas partes dentro de la raza dragón.
Si la guerra civil empeoraba, tarde o temprano también afectaría a Roswitha y a los suyos.
Y León no quería vivir con el remordimiento de no haber hecho nada para evitarlo.
Así que… sí. Definitivamente había que ir a esa reunión.
Se giró a ver a Roswitha y las demás.
Con solo cruzar miradas, todos entendieron lo que pensaban los otros.
—Guíanos, Kaide —dijo León.
—
Torre del Crepúsculo.
Salón de conferencias en la cima.
Cuando llegaron, ya había varios Reyes Dragón reunidos.
Muchos más que en la reunión anterior sobre Konstantin.
Y entre ellos, varios “viejos conocidos”.
León dirigió la vista hacia un anciano que ocupaba el lugar central del lado izquierdo de la mesa.
—El Rey Dragón del Trueno… Odín.
Había participado con la abuela de Roswitha en las expediciones del Extremo Norte. Un dragón aún más antiguo y poderoso que Konstantin.
Y, dentro del consejo, su autoridad era incuestionable.
A su lado estaba un Rey Dragón más joven, pero de mirada aguda. El “amigo intergeneracional” de Odín: Morgan, Rey Dragón de Arena Dorada.
Morgan notó la mirada de León, se enderezó y le sonrió mientras le saludaba con la mano.
León se sorprendió un poco, pero también le devolvió el gesto.
—Viejo, ya llegó —murmuró Morgan en voz baja.
Odín, que había estado con los ojos cerrados, los abrió con lentitud.
Sus antiguos ojos de dragón liberaron una presión abrumadora al instante.
Pero solo lo miró de reojo.
No dijo nada.
León tampoco quiso saludarlo por su cuenta.
Además de Odín y Morgan, también había varios “rostros conocidos” más.
No eran los mismos que habían asistido a la reunión anterior sobre Konstantin.
Pero para León, eran “viejos conocidos” porque… había peleado contra ellos.
—Reconozco a esos tipos —dijo en voz baja.
Roswitha siguió su mirada y asintió.
—Son líderes de clanes que han estado activos en el frente de batalla de esta guerra. ¿Por qué?
—Luché contra ellos —respondió León.
—¿Luchaste?
La que habló fue Isa.
—Cuñado, ¿no eras el más fuerte cazador de dragones? ¿Y esos Reyes Dragón siguen vivos?
León apartó la vista de aquellos dragones y suspiró con una sonrisa amarga.
—Ahí está el problema. Cada vez que peleaba con ellos, llegaban órdenes del Imperio obligándome a retroceder. Por eso pudieron escapar.
—“Cuando el general está fuera, puede desobedecer al rey…” —murmuró Claudia con un tono misterioso.
León se encogió de hombros.
—Ahora que lo pienso, seguro que esos Reyes Dragón eran de los que tenían tratos con el Imperio.
Y si esta reunión era para lidiar con “la basura de la guerra”, entonces esos dragones que traicionaron por beneficio propio tenían que estar presentes.
Mientras charlaban, el salón también estaba lleno de susurros.
Pero de pronto, con el suave sonido de una silla deslizándose, todo el lugar enmudeció.
El foco de todas las miradas se dirigió hacia quien se había levantado:
Odín.
El viejo y majestuoso Rey Dragón se puso de pie, y comenzó a caminar lentamente hacia la puerta.
Cada vez que pasaba cerca de un dragón, este contenía la respiración.
Todos los Reyes Dragón lo seguían con la mirada, tensos.
Si se detenía frente a ti… estabas en problemas.
Sobre todo los del otro lado de la mesa.
Ellos sabían que esa reunión era, básicamente, un juicio.
Y si Odín se enojaba… nadie sabía si no los iba a “ajusticiar” ahí mismo.
—¿A quién busca…?
—¡Shhh! ¡Cállate!
Unos dragones jóvenes cuchicheaban, pero fueron silenciados por uno mayor.
Nadie se atrevía a interrumpir el mal humor de Odín.
¡Toc… toc…!
Los pasos del viejo se detuvieron.
Estaba frente a alguien.
Muchos dragones respiraron aliviados de no ser ellos…
Pero todos se preguntaban lo mismo:
¿Por qué se detuvo frente a él…?
…el Príncipe Plateado.