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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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30 Escúchame, no te apresures
León pensó que lo de que Odín quisiera negociar con el Imperio aún era solo una idea suelta.
Así que su recomendación como representante probablemente era solo una forma simbólica de halagarlo, sin intención real de mandarlo.
Pero unos días después, mientras seguía en el Santuario Plateado cuidando a sus hijas, el general recibió un mensaje del mismísimo Maestro de la Torre del Crepúsculo.
El contenido de la carta era sencillo… aunque demoledor.
El resumen era: tras una profunda deliberación de todos los reyes dragón, hemos decidido ponerle fin a esta guerra milenaria entre humanos y dragones. Se enviará un representante a negociar la paz.
Y por supuesto, ese representante no podía ser otro que:
El héroe que salvó a los dragones durante la crisis de la grieta dimensional.
El que luchó contra Konstantin en el Extremo Norte.
El joven estratega que ha tomado decisiones clave en más de una asamblea de reyes…
León Casmod.
¿¡Pero deliberaron de verdad!?
¿Dónde está lo “profundo”?
¿¡Dónde está lo “deliberado”!?
—Mamá, ¿por qué papá tiene cara de que quiere llorar pero no puede?
—Eso, Lucecita, tiene un nombre profesional. Se llama “lágrimas contenidas”.
—¡Oooh~! Entiendo.
—Muy bien, ve a jugar con tus hermanas. Papá y mamá tienen que hablar un momento.
—¡Sí, mamá!
Lucecita se bajó de las piernas de Roswitha, movió su colita y salió corriendo hacia el campo de entrenamiento, donde sus dos hermanas estaban practicando.
Una vez que la pequeña se alejó, Roswitha se recostó levemente en el respaldo del banco, cruzó las piernas con elegancia y, con una sonrisa ligera en los labios, dijo mirando al frente:
—Odín te está apoyando en esto de ser el negociador. Entonces dime… ¿vas a aceptar?
León dejó la carta de “nombramiento” a un lado, suspiró y dijo:
—La verdad, cuando vi el mensaje por primera vez… me resistí mucho a la idea.
Roswitha asintió con comprensión.
—Tiene sentido. Que un humano represente a los dragones… es para resistirse.
—Exacto. Pero si lo pienso bien… probablemente sí soy el más indicado para hacerlo.
—¿Ah, sí?
—La guerra entre humanos y dragones ha durado más de cien años. Ahora que todo el enredo salió a la luz, un alto al fuego es lo mejor para los dos bandos.
—Pero después de tanto tiempo peleando, no es como que podamos parar de golpe. La negociación es clave… y si dejamos que otro rey dragón lo maneje, seguro que algo se tuerce por el camino.
Roswitha captó al instante a qué se refería León.
—O sea que… para asegurar un resultado favorable para ambos lados, tu existencia “especial” es crucial, ¿no?
León sonrió con resignación, también se recostó en el respaldo del banco y alzó la vista al cielo despejado.
—Nunca creí que derrocar al Imperio significara el final de todo. Pero tampoco imaginé que llegaríamos hasta este punto.
Luego bajó la mirada y se giró hacia la mujer de cabello plateado a su lado.
—Dime, ¿no es absurdo? Un humano representando a los dragones para negociar con los humanos… suena bien surrealista, ¿no?
Roswitha soltó una risita, tapándose la boca.
—Si fuera otro, sí. Pero tratándose de ti… suena como cualquier martes.
León le dio un golpecito en el hombro, entre divertido y molesto, y se levantó para ir hacia donde estaban sus hijas.
—¿A dónde vas? —preguntó Roswitha.
—A jugar a los jinetes de dragón con mis niñas, ¿qué más?
Al decir eso, se detuvo un segundo y rectificó:
—Ah no, espera. Si de verdad se acaba la guerra, entonces no podemos seguir jugando a los jinetes de dragón. Eso afectaría a la “unidad inter-especies”.
—León…
—¿Hmm?
La reina se levantó también. León escuchó el leve roce de la tela de su vestido al moverse.
Su tono se volvió serio de repente.
—Si esta guerra realmente termina en unos días, el nombre León Casmod quedará inscrito para siempre en la historia de ambos pueblos.
—Y tu vida… puede dar un vuelco total.
El viento jugó con la falda de la reina justo cuando terminó de hablar.
León permaneció en silencio un momento. Luego giró apenas el rostro, dejando ver su perfil fuerte, pero lleno de ternura.
Con una sonrisa entre los labios, respondió en voz baja:
—Si me dan a elegir entre convertirme en historia o seguir viviendo esta vida contigo… me quedo con esto último, Roswitha.
—
Media luna después. Frontera entre tierras humanas y dracónicas. Acantilado.
De un lado del acantilado estaba el imponente ejército de la Hermandad del León y los antiguos guardias imperiales.
Al frente estaban Nacho, Martín y Rebeca.
Habían recibido una carta del dragón informando sobre un acuerdo de paz. La cita era ahí.
Al principio pensaron que era una trampa. Pero enseguida llegó otra carta, escrita por León, asegurando que no había ningún truco, que era una negociación seria y transparente.
Eso los tranquilizó y decidieron asistir.
—¿Negociaciones? Parece que el cambio de régimen en el Imperio se difundió rápido —comentó Rebeca.
—No solo eso. Lo más importante es que salió a la luz la alianza secreta entre el Imperio y algunos reyes dragón. Esa revelación es lo que realmente impulsó este alto al fuego —añadió Nacho, entrecerrando los ojos mientras miraba al otro lado del acantilado, donde se acercaban las tropas dragónicas.
—Y claro… es muy probable que su capitán haya tenido mucho que ver.
—O sea que después de todo no se quedó solo en casa, disfrutando del calorcito familiar —bromeó Rebeca.
Nacho se rascó la nariz.
—No, no. Yo creo que todo lo que hizo… fue precisamente por el calorcito familiar.
—Aaah~. Con razón. No hay que subestimar a los padres de familia, ¿eh?
Después de algunas bromas, Martín preguntó:
—Entonces… ¿qué clase de rey dragón mandarán a negociar con nosotros?
Rebeca levantó la mano como si estuviera en clase.
—Obvio que uno bien fuerte, con mil batallas encima. Un héroe legendario del mundo dragón, fijo.
Nacho la miró de reojo.
—¿Y tú te has enfrentado a alguno así?
—No.
Rebeca se puso seria.
—Porque casi todos esos reyes dragón fueron aniquilados por nuestro capitán.
—…
—Entonces… si los de más alto rango están muertos, ¿los dragones ni siquiera tienen a quién mandar? —Martín notó el punto crítico.
—¡Ah, entonces no hay nada que negociar! ¡Traigan mi cañón elemental! ¡Hoy esos lagartones van a ver lo que es bueno!
Martín le bajó el brazo de inmediato.
—¡No, no! ¡Tranquila, loca!
Rebeca rió y le dio un golpe juguetón en el pecho.
—Era broma, mira cómo te pones.
Nacho, en cambio, seguía mirando fijamente a las tropas dracónicas que se acercaban.
Suspiró hondo.
—Entonces… sin tener un líder claro… ¿a quién mandarán para negociar—?
—
—¿¡Qué carajos haces tú aquí!?
—Capitán, no me digas que tu esposa te echó un hechizo raro y ahora eres parte oficial del linaje dragón…
—Capitán, tú sabes cuánto te respeto… ¡pero cómo es posible que un humano venga representando a los dragones!
León: …
—Escúchenme… ¡ni yo lo entiendo! ¡Estoy más confundido que ustedes!