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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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31 Para: Sombra
León explicó de forma breve cómo había llegado la situación hasta ese punto.
Pero aun así, a Nacho y los demás les costaba creerlo.
—¿Capitán, estás diciendo que tu estatus entre los dragones… es más o menos el mismo que entre los humanos?
León se rascó la sien.
—No diría que es igual… pero no está muy lejos.
—¿Y aún así te mandaron a negociar?
—Porque no saben que soy humano.
—Es un milagro que hayas logrado ocultarlo tanto tiempo.
—Milagro no es. Es todo gracias a mi brillante inteligencia y talento para el disfraz.
—Ya, deja de hablar tonterías.
A un lado, Nacho por fin interrumpió la charla absurda entre León y Rebeca.
Cruzado de brazos, giró un poco el cuerpo y miró por encima del hombro de León, hacia la gran multitud de dragones que los seguían.
Por las posiciones y el color de las colas, parecía que al menos una decena de tribus diferentes había venido al lugar.
Volvió la vista hacia el “Gran Embajador de Relaciones Dragón-Humano”.
—Entonces, ¿esa bola de dragones te hace caso a ti?
León negó con la cabeza.
—No me hacen caso a mí. Solo soy el representante elegido en la asamblea de reyes dragón para llevar a cabo la negociación. La mayoría de los dragones transmitirá su postura a través de mí.
—Oooh, ya entendí —murmuró la loca de Rebeca, pensativa.
—Bien, mientras entiendas…
—¡Eres un bicho raro!
—¡¿A quién le llamas bicho raro!?
—Martín, haz callar a esta mujer.
—Con gusto.
Martín, como si fuera rutina, alzó a Rebeca sobre el hombro y se apartó.
Esa escena no pasó desapercibida para los dragones detrás de León.
El Rey Dragón de la Arena Dorada, Morgan, entrecerró los ojos y murmuró:
—Hmm… parece que el Príncipe Plateado les está dejando claro a esos humanos quién manda.
—¿Cómo así? —preguntó otro rey dragón.
—¿No lo viste? A esa humana de coletas la apartaron a la fuerza. Seguro es una forma del Príncipe Plateado de presionar a los humanos para una negociación directa y sin interferencias.
—¡Aaah, ya veo!
¡Pla, pla!
Morgan comenzó a aplaudir.
—¡No por nada fue el representante elegido por el viejo Odín! ¡Magnífico! ¡Realmente magnífico!
—Yo, si hubiera sido elegido, nunca podría mostrar esa presencia tan imponente sin levantar la voz. ¡Confío en que podrá asegurar muchos beneficios para nosotros los dragones!
—¡Exacto! Además, insistió en ir solo a negociar, sin escoltas. ¡Un joven con ese coraje tiene un futuro brillante!
—…
Roswitha, a un lado, solo pudo llevarse la mano a la cara en silencio.
Gente, eso no fue intimidación ni aura imponente ni nada…
La razón por la que la chica de coletas fue apartada era probablemente porque estaba troleando tanto a León que él ya no lo soportaba más.
La reina suspiró en silencio.
Así son los elegidos, ¿no? No importa lo que hagan, los demás siempre se lo imaginan con un filtro tipo: “¡Woooow, qué pro!”
—Pequeña Lo~ —la voz de Isa sonó misteriosa a su lado.
—¿Qué pasa, hermana?
Isa giró la cabeza con expresión enigmática. Con la mirada le dijo: “Atenta, mira lo que haré.”
—¿Eh?
Roswitha frunció el ceño, sin entender.
De repente, Isa alzó la mano y gritó a todo pulmón:
—¡León Casmod! ¡¡La luz del futuro del pueblo dragón!!
Roswitha: (???)
—¡La luz del futuro… sí! ¡La luz del futuro! ¡¡León!!
—¡¡León!!
—¡¡Casmod es la luz del futuro de los dragones!!
—…
El efecto dominó fue inmediato.
Los dragones eran un pueblo muy fácil de emocionar.
Además de gritar su nombre, algunos lanzaron llamas al aire como si estuvieran celebrando un festival.
Roswitha, rodeada de gritos, dejó caer los hombros y la cola, resignada.
Si supieran que esta “luz del futuro” es el mismo “hombre de la armadura negra” de antes… seguro no gritarían tan emocionados.
—
Las llamaradas tiñeron de rojo el cielo plomizo, y Nacho se puso alerta.
—¿Qué fue eso? ¿Se acabó la tregua?
Pero antes de que León pudiera responder, el viento trajo frases como: ¡León, mi superhéroe! y similares.
León abrió la boca… pero no dijo nada. Solo se encogió de hombros.
—¿Ahora entiendes?
Nacho soltó una bocanada de aire helado.
—¿Eres príncipe plateado o príncipe de todo el maldito pueblo dragón?
—¡Eh, ni bromees con eso! Mi única esposa es Roswitha Melkwey.
—¡¿Quién te preguntó!?
El bullicio fue bajando.
Ahora sí, León y Nacho tenían que hablar en serio.
—Entonces, ¿cuál es la postura de los dragones respecto a la guerra?
—Si es posible, detenerla de inmediato.
—¿Y condiciones?
—Quieren que se devuelvan los territorios perdidos por las tribus que fueron víctimas del Imperio y sus aliados dragones traidores. A cambio, el pueblo dragón también devolverá parte de los recursos tomados.
León agregó:
—Ya revisé los documentos que prepararon. El intercambio de tierras y recursos es razonable. Podemos aceptarlo sin pérdidas.
Nacho asintió.
—Está bien.
—Vaya, qué rápido. ¿No vas a consultar con tus superiores?
—…Permíteme hacer una consulta oficial. Señor León, ¿está satisfecho con las condiciones que usted mismo propuso?
—Sí, muy satisfecho.
—Perfecto.
Nacho soltó un suspiro de alivio.
—Entonces, ¿negociación finalizada?
—Espera, todavía no.
—¿Ahora qué?
León se puso serio, mirándolo de frente.
Nacho notó la tensión en el aire y se puso firme también.
—¿Necesitas que mueva algo desde este lado?
—No, no es eso. Solo quiero decir… que lo mejor sería quedarnos en esta posición cinco minutos más.
—¿…Por qué?
—Porque así damos una imagen épica de negociación histórica.
—…
Nacho le clavó una mirada de hastío.
¿Es que todo el escuadrón de élite del Imperio estaba formado por locos?
Una loli psicópata, un mago medio ido y un capitán con complejo de protagonista de novela juvenil.
Nacho solo pudo pensar:
Menos mal que nunca me asignaron a ese escuadrón de caza dragones. De lo contrario, ya estaría igual de loco que ellos.
—Por cierto, ¿qué hicieron al final con Kant? —preguntó León.
—Como dijiste, después del interrogatorio lo dejamos en manos del pueblo. Primero lo pasearon por la ciudad… luego lo decapitaron.
—Bien. Ese rey inútil no tenía por qué seguir viviendo.
León nunca sintió lástima por gente como el Rey Kant.
—¿Y sacaron algo útil durante el interrogatorio?
Nacho frunció el ceño y negó.
—Nada. Ni siquiera con magia de lectura mental. Su mente tenía una especie de barrera. Ningún hechizo logró penetrarla.
—¿Una barrera? ¿Obra del Círculo Real de Hechiceros?
—No lo sabemos. Y además… seguimos sin rastro de Elizabeth.
Después de la batalla final contra el Imperio, el Rey Kant fue capturado, pero la Reina Elizabeth desapareció sin dejar huella.
—Al principio creímos que solo se escondió entre el caos. Pero tras una búsqueda exhaustiva… nada. Ni rastro.
Nacho hizo una pausa y cambió el tono.
—Eso sí… en el estudio de la reina encontramos una carta interesante. Iba a mandártela por dragón-cartero, pero ya que estás aquí, te la entrego en persona.
Sacó un sobre del bolsillo y se lo entregó a León.
León lo abrió. Dentro había una carta de miles de palabras, escrita como una especie de ensayo sentimental, sin un tema claro, ni coherencia.
Pero lo que captó su atención no fue el contenido…
Sino las palabras que encabezaban la carta:
“Para: Lord Sombra.”