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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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35 Una testarudez que corre por la sangre
Mientras adentro la temporada 2 de la guerra entre humano y dragona se disputaba con todo…
Afuera, tampoco es que todos estuvieran descansando.
Bajo el cerezo del campo de entrenamiento, Noa estaba sentada con las piernas cruzadas y los ojos cerrados.
Como ya era otoño y hacía algo de fresco, de vez en cuando caía algún pétalo del árbol y se posaba sobre su cabeza o su mano.
Para ese momento, ya tenía varios pétalos sobre el cabello, pero no se había dado cuenta.
Estaba ocupada haciendo una “revisión de combate” con la ancestral en su espacio de conciencia.
—Quiero hablar contigo sobre ese juego interactivo que hicimos hace unos días.
La gran dragona blanca frente a ella bostezó con flojera. Estaba echada tranquilamente frente a Noa, con la mirada lánguida y perezosa.
—¿Todavía le das vueltas? Ya ha pasado más de medio mes…
—Es que no estoy segura. En la última ronda, cuando era la pelea por el cascabel… usé la cola para arrebatárselo a papá. Pero no sé si fue algo que hice inconscientemente… o si…
Noa frunció un poco el ceño, su expresión se volvió seria mientras miraba fijamente a la ancestral.
—Fuiste tú quien tomó el control por un segundo, y usó mi cuerpo para quitárselo con la cola.
La dragona se rió con la nariz, sin responder de inmediato.
—Te has estado quebrando la cabeza todos estos días. Aunque hasta ahora vienes a preguntarme, imagino que ya tienes tu propia sospecha, ¿no?
Noa mordió suavemente su labio inferior y asintió.
—En ese momento, fuiste tú quien controló mi cuerpo por un instante. Si no, papá me habría levantado como un peluche y ya.
Ella recordaba esa escena con total claridad. Al fin y al cabo, fue una de las pocas veces en las que realmente tuvo un enfrentamiento directo contra ese hombre, así que cada segundo se le había quedado grabado.
En esa última jugada uno a uno, Noa se lanzó a por el cascabel que papá llevaba en la cintura. Había calculado mal y erró el salto. Pero, de pronto, su cola se alzó y, por detrás, le quitó el cascabel a su padre, ganando así el juego.
El problema era que, en su cabeza, durante la preparación del ataque, jamás había pensado en usar la cola.
Por eso llevaba días dándole vueltas. ¿Realmente ganó por mérito propio… o gracias a…?
La ayuda de la ancestral.
—Está bien —dijo la dragona—. Ya que lo adivinaste, no me queda de otra que aceptar el mérito a regañadientes.
—Sí, fui yo. En ese momento, tomé el control de tu cuerpo y usé tu cola para atrapar el cascabel.
—Pero yo…
—Sé lo que vas a decir. Querías ganar por ti misma. Pero no puedes ignorar la enorme diferencia de fuerza que hay entre tú y tu padre.
—Así que, si no puedes igualar esa fuerza, hay que buscarle la vuelta. Sacar ventaja de los pequeños detalles.
—Tal vez sientas que fue una victoria sucia, pero…
La mirada y el tono de la ancestral se volvieron serios.
—Pequeña, no te exijas más de lo que puedes dar.
—Entiendo cómo piensas.
—Eres la hermana mayor. Quieres cuidar y proteger a tus hermanas.
—Tienes dos padres excelentes que te han enseñado, con sus actos, lo que es la responsabilidad.
—Y por eso anhelas ser fuerte, muchísimo más fuerte de lo que te corresponde a tu edad.
—Y eso está bien. Los dragones siempre han buscado la fuerza.
—Aprecio mucho esa perseverancia que tienes, ese espíritu. Y estoy completamente segura de que tú serás, algún día, una Reina Dragón aún más grandiosa que yo.
—Pero hay algo que debes tener presente: cuanto más altas sean tus expectativas… más dura será la decepción.
Noa escuchaba en silencio, asimilando cada palabra.
—¿Más esperas, más te decepcionas…?
La ancestral continuó, aún más seria.
—Y cuando esa decepción se repite varias veces, caerás inevitablemente en la duda sobre ti misma.
—Eso es lo que más quiero evitar.
—Sí, tus padres te quieren y se preocupan mucho por ti. Pero ellos no pueden estar contigo las 24 horas del día, como yo.
—Yo sé exactamente todo lo que haces, todo lo que piensas.
—Por eso te digo esto, pequeña: puedes exigirte, pero también debes aprender a aflojar un poco. Si no, solo terminarás quemándote.
—Recuerda: una cuerda, si está demasiado tensa… termina por romperse.
¡Ploc!
Una gota cayó desde el cielo dorado sobre el agua que rodeaba a ambas, creando ondas que se expandieron hasta tocar los pies de Noa.
Ella bajó la cabeza, con la mirada fija en su reflejo.
Noa rara vez se detenía a mirarse a sí misma. Siempre avanzaba, exigiéndose, sin mirar atrás ni detenerse.
Pero después de lo que dijo la ancestral… algo cambió. Empezó a entender cosas nuevas.
No solo la lección obvia de “cuanto más esperas, más te decepcionas”.
También comprendió otros principios más profundos, más importantes… que incluso a su corta edad y con su limitada experiencia, empezaban a calar en su interior.
Pasó un rato. Luego, Noa alzó la cabeza. Y por fin, en ese rostro serio apareció una leve sonrisa.
—Ya entendí. Gracias por decírmelo.
—Hmph. Solo es que no quiero que mi portadora se arruine el cuerpo —dijo la ancestral, girando la cabeza con fastidio—. A fin de cuentas, necesito tu cuerpo para enfrentar el terror supremo en el futuro.
Noa parpadeó y ladeó la cabeza.
Hmm…
Esa forma de contestar, medio orgullosa, medio tsundere… ¿por qué le sonaba tan familiar?
¡Ahora que lo pensaba, mamá y papá también eran así cuando hablaban!
Noa rió por lo bajo.
—Vamos, admítelo. Solo estás preocupada por mí. ¿Qué te cuesta?
—¡Yo no estoy preocupada por ti! Solo me importa tu cuerpo.
—¿Ah sí?
—¡Sí!
—No te creo.
—¡Pues no me creas!
La ancestral ya no sabía cómo seguir disimulando, así que se levantó de golpe.
El enorme cuerpo se movió con tanta fuerza que hizo temblar el canal de agua.
—¡Se acabó el tiempo de hablar de sentimientos! ¡Ahora toca hacer lo que hay que hacer!
Noa asintió. Ya sabía a qué se refería.
En el siguiente instante, salió de su espacio de conciencia.
La brisa fresca del otoño le acarició la cara, despejándole la mente.
Sacudió la cabeza y se quitó los pétalos de cerezo. Luego, metió la mano en el bolsillo y sacó una pequeña perla negra.
Una piedra sagrada negra.
O, más precisamente, un cristal nocturno.
En esta época, los cristales nocturnos eran extremadamente raros. Pero como no servían para entrenar la magia —eran “neutros”—, solo se usaban como adornos bonitos.
Sin embargo… en la época de la ancestral, estos cristales eran auténticos tesoros.
Solo el poder de la magia primordial podía activar su verdadero potencial.
Y efectivamente, la ancestral demostró que no tenía demencia senil, ni se le olvidaban las cosas. Su memoria estaba perfecta.
El cristal nocturno sí mejoraba muchísimo la eficiencia de Noa al condensar la energía primordial.
En solo medio mes, había reunido más energía que en todo el tiempo anterior.
No sabía cuánta energía necesitaba exactamente la dragona en su cabeza, pero si eso servía para fortalecer también su propio cuerpo, entonces… encantada de trabajar para ella.
Mientras Noa se concentraba en refinar su energía…
A lo lejos, detrás de un árbol, dos pequeñas cabecitas se asomaron una encima de la otra.
—¿La ves, segunda hermana? Ahí está la mayor.
—¡Guau~!
Lucecita parpadeó.
—¿“Guau” qué? ¿Qué te sorprendió?
—Es que… ¡hermana se ve tan genial cuando entrena en serio!
—…Ugh.
La pequeña de cabello rosado levantó la cabeza y empujó suavemente la barbilla de su hermana mayor con la frente.
—No es momento de activar tu modo hermana fanática. ¡Vinimos a atrapar al fantasma que vive en el cuerpo de la mayor!
Moon desvió a regañadientes la mirada de su querida hermana, y bajó la vista hacia la menor.
—Pero, Lucecita… llevas meses intentando atraparlo, y ni rastro del fantasma.
—Ahí está tu error, segunda hermana.
—¿Error?
—¡Los fantasmas… no tienen sombra!
—¿¡Eh!? ¿¡En serio!? ?(°?°)?
Lucecita asintió con seguridad.
—¡Así es! Pero tengo el presentimiento de que esta noche… ¡vamos a tener una gran revelación!
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