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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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59 ¡Tener 12 hijos!
—Nombre: León Casmod.
—Edad: veintiséis años.
—Estado civil: casado.
—Diagnóstico principal: leve conmoción cerebral.
—Causa: bala de goma… ¿¡Bala de goma!?
Martin miraba el historial médico del jefe con cara de incredulidad.
—¿Cómo que fue por una bala de goma? ¿¡Rebecca, de verdad te descontrolaste al punto de intentar asesinar al jefe!?
Rebecca estaba acostada en la cama de hospital, comiendo tranquilamente una manzana del canasto de frutas.
—Fue él quien me pidió que le disparara a la cabeza. Yo no tengo la culpa.
—Entonces… si el que está con conmoción cerebral es el jefe, ¿por qué eres tú la que está ocupando su cama? ¿Y encima te estás comiendo la fruta que traje?
—Bah, una leve conmoción no es nada grave. Con lo que aguanta el jefe, un simple resfriado le pega más duro. ¿Verdad, jefe?
Rebecca dio otro mordisco y miró hacia León, que estaba sentado junto a la cama.
El General León tenía una venda enrollada en la cabeza, veía estrellitas y le zumbaban un poco los oídos.
En resumen: su primera práctica oficial del «Ultrasentido» había sido un rotundo fracaso.
Y el precio de ese fracaso: unas cuantas docenas de monedas de oro en gastos médicos.
El hospital, por supuesto, no quería cobrarle ni un centavo. Pero el honesto General no podía aceptar ese tipo de trato preferencial.
¡Pagó la cuenta completa con gusto!
(…usando la cartera de Rebecca).
Y por eso la pequeña loca se había adueñado de su cama y sus frutas.
¡Después de todo, todo eso lo pagó con su plata!
—Pero jefe, ¿por qué demonios le pediste a Rebecca que te disparara con balas de goma?
Martin sabía que su jefe tenía ciertas conductas difíciles de comprender.
Pero provocarse una conmoción cerebral con balas de goma ya era otro nivel. No había forma de justificarlo como “conducta rara”.
León se frotó las sienes y le explicó en qué consistía el entrenamiento del Ultrasentido.
Martin lo escuchó todo… y seguía en shock.
—Aun si estás practicando una técnica así, ¿¡por qué empezar por la cabeza!? ¿¡No podías probar con una pierna o el hombro!?
—¡Eh, ahí estás equivocado!
Rebecca dio un brinco ágil y bajó de la cama como un tigre.
—¡El jefe dijo que la cabeza es la líder de los cinco puntos Yang! Que si uno logra esquivar un ataque a la cabeza, entonces todo lo demás es fácil de esquivar.
—¡¿¡Líder de los cinco puntos Yang!?! ¡No te inventes esas cosas! —Martin se volvía loco.
Rebecca se encogió de hombros.
—En fin, el médico dijo que era una conmoción muy leve. Unos días de descanso y ya.
El fracaso le dejó una buena lección a León.
Se había apresurado demasiado. Había querido resultados inmediatos, sin respetar el ritmo natural del aprendizaje.
Después de todo, en el pasado, cuando aprendía magia de rayos, siempre lo captaba rapidísimo.
Pero una técnica como el Ultrasentido era algo totalmente distinto. Nunca había practicado algo así.
Si avanzaba demasiado rápido, como hacía con la magia, podía terminar lastimándose en serio.
Así que… mejor ir paso a paso.
—¡León!
Una voz dulce sonó en la puerta.
Los tres miraron hacia allí.
Era la pequeña hermana Sharon, y detrás de ella, la profesora Carolynn con una canasta de frutas.
—¿Sharon…? ¿Profesora Carolynn? ¿Qué hacen aquí? —preguntó León, confundido.
—Escuchamos que estabas hospitalizado. Por supuesto que teníamos que venir a verte —dijo Sharon, preocupada—. ¿Qué te pasó, León? ¿Estás enfermo?
—Ah, no… solo una conmoción leve. Nada grave. Un poco de descanso y ya.
León parpadeó, y preguntó:
—¿Y quién les dijo que estaba aquí?
—Eh… eso…
Antes de que pudiera contestar, se oyó alboroto afuera de la habitación.
—¡Señor León, señor León! ¿Cómo se encuentra de salud?
—¡Señor León! ¡Por favor, dénos su primera entrevista apenas salga del hospital!
—¡Señor León! Esta es una bandera de apoyo y una canasta de frutas de parte de nuestra editorial. ¡Le deseamos una pronta recuperación!
…
Había una multitud de reporteros afuera del hospital, todos compitiendo por una exclusiva.
Antes de internarse, León le había dicho a Nacho que no difundiera la noticia, y que tampoco permitiera visitas oficiales.
A León no le gustaba ese tipo de ambiente.
Y confiaba plenamente en que Nacho sabría manejarlo todo bien.
Pero por desgracia… su fama como héroe en el Imperio era demasiado grande. Por mucho que lo ocultaran, las noticias volaban.
¡Apenas se enteraron de que estaba hospitalizado, todas las editoriales salieron corriendo por una nota de portada!
—¡Esto es un hospital! ¡Silencio, por favor!
Una enfermera joven pero con mucha presencia salió a frenar a los periodistas:
—Las entrevistas pueden esperar a que el señor León se recupere. Si no se retiran, llamaré a seguridad.
Con esas palabras tan tajantes, los periodistas se callaron y se fueron.
La atmósfera dentro y fuera de la habitación se relajó al fin.
León soltó un suspiro y miró a la enfermera.
—Gracias.
Ella sonrió con amabilidad.
—De nada. Si necesita algo, solo dígamelo.
—Está bien.
—Por cierto, León… ¿quién fue el que te hirió? —preguntó Sharon con ansiedad—. Si tú, que eres tan fuerte, saliste herido, ¡esa persona debe ser aún más increíble!
—Emmm…
—¿Fue un peligroso mutante?
—No…
—¿Un Rey Dragón?
—Tampoco…
—¿Algún remanente del Imperio?
—No, tampoco…
—¿Entonces fue…?
—¡Exactamente! ¡Fui yo!
Rebecca se cruzó de brazos con orgullo, alzando la cabeza con actitud ganadora.
—¡Esta artillera fue quien pulverizó los sueños de León Casmod con una sola bala!
León se cubrió la cara y suspiró profundamente por dentro.
Esto sí que daba más vergüenza que las historias de su infancia.
Solo esperaba que Rebecca no le fuera a contar esto a Roswitha…
Carolynn y Sharon se quedaron un rato más con él, pero debían volver al orfanato para preparar la comida de los niños, así que se despidieron pronto.
Mientras veían a la profesora Carolynn alejarse, Rebecca preguntó de pronto:
—Jefe, ¿alguna vez has querido buscar a tus verdaderos padres?
León se sorprendió. No esperaba una pregunta así.
Pero al pensarlo, tenía sentido. Rebecca también había perdido a sus padres de niña. Ella también deseaba tener una familia.
Ver a Carolynn, que era como una madre para León, seguramente le había tocado el corazón.
León reflexionó un momento y respondió:
—Sí lo he pensado. Pero con tanta gente en el mundo, ¿por dónde empiezo a buscar?
Rebecca sonrió con suavidad.
—¿Y no te da curiosidad tu origen?
—¿Mi origen?
—Sí. ¿Y si fueras el heredero perdido de una familia noble? ¿O el hijo de unos magos retirados viviendo en secreto? ¿O tal vez naciste en una familia muy pobre con doce hermanos, y tus padres se vieron obligados a dejarte en el orfanato?
—¡Ya, ya, para! ¡Te estás yendo al carajo! ¿Quién en su sano juicio tiene doce hijos?
Rebecca lo miró con ojos brillantes, como si estuviera evaluándolo.
León retrocedió un poco, incómodo.
—¿Por qué me miras así?
—Es verdad que una persona normal no tendría doce hijos. Pero conozco a alguien que podría lograrlo.
—¿…Quién?
—¡Tú!
—¡Croac!