69
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
El documento está traducido por Google de manera automática. Hay nombres u otras palabras que no se han traducido correctamente y pueden aparecer de forma distinta en español.
==================================================
69 Estoy acabado, me rodearon los dragones bebés (Capítulo extra)
—Maldición…
Adam escupió un chorro de sangre. Con su ojo derecho, aún alcanzaba a distinguir débilmente la figura que tenía enfrente.
Miró a León y murmuró con voz débil:
—Hoy caí en manos de un humano miserable como tú… Haz lo que quieras. Mátame como se te dé la gana.
Desde que se convirtió en mercenario, supo que algún día acabaría así.
Lo que no esperaba… era caer a manos de un humano.
Y la razón por la que dijo eso de “haz lo que quieras”, era porque él, en sus misiones, solía torturar a sus víctimas hasta que rogaban por morir, sin darles nunca un final limpio.
Así que pensó que León haría lo mismo con él.
Pero León captó perfectamente lo que ese tono implicaba. Y soltó una risa seca.
—Jamás he sido partidario de torturar a los moribundos. No me metas en el mismo saco que tipos bajos como tú.
El General León siempre daba un final limpio a sus enemigos.
¿Cierto, viejo Kon?
—Hmph… humano… Mostrar piedad con el enemigo es ser cruel contigo mismo —refunfuñó Adam, todavía tratando de tener la última palabra.
—Eh, tampoco te emociones. Puede que yo sea blandito… pero el que traigo conmigo no se anda con tonterías.
—¿Qué—? ¡¡ARGH!!
Adam no alcanzó a reaccionar. Sintió un dolor lacerante en el ojo derecho.
La sangre brotaba a borbotones como si le hubieran echado ácido encima. Un ardor infernal.
—¡Mi ojo! ¡Mi ojoooo!
Ahora sí. Completamente ciego.
Y eso no era todo.
De pronto dejó de gritar.
Konstantin le había cortado la garganta con una de sus garras. La sangre le llenaba la tráquea, y lo único que salía de su boca eran gruñidos sordos.
—¡Mff! ¡MFFF!!
Incapaz de desahogarse con gritos, empezó a agitarse como un poseso.
Pero Konstantin no lo dejó ni moverse: le trituró las articulaciones de hombros y muslos sin piedad, dejándolo inmóvil del cuello para abajo.
León observó en silencio.
Aunque normalmente no aprobaba estos métodos… esta vez no sentía ni una pizca de rechazo.
Alimañas despreciables merecen un final como este.
No pasó mucho hasta que Adam quedó totalmente en silencio.
Su cuerpo roto y sangrante se apoyaba contra una roca. Respiración débil. Pulso apenas perceptible.
—¿Te importa si me lo llevo? —dijo Konstantin con voz grave.
León sabía bien lo que significaba el rencor para los dragones. Y no creía que sacarle los ojos y romperle las extremidades fuera suficiente para que Kon se sintiera satisfecho.
—Haz lo que quieras.
La experiencia le había enseñado que guardar restos de enemigos en casa no era buena idea.
La última cabeza de dragón colgada en su puerta se había convertido en una megaabominación que casi lo mata.
Si este tal Adam resucita como algo peor, no quiero tenerlo cerca ni en pintura.
Así que dejarlo con el viejo Kon, para que lo tenga colgado y torturado día y noche, no sonaba mal.
—Voy a buscar a Noa y a Helena —avisó León.
Y se fue en dirección al sitio donde Rebecca los había dejado.
Al acercarse a la cueva, vio a un grupo de alumnos y profesores ayudando a Noa y Helena a salir.
—¡¡Noa!!
León gritó con angustia y corrió hacia su hija.
Se arrodilló frente a ella, le sostuvo los hombros con cuidado y le limpió el polvo y la sangre de la carita.
Su rostro, antes redondito y lleno de vida, ahora se veía agotado.
Pero en cuanto vio a su padre, la sombra en sus ojos se desvaneció, reemplazada por orgullo y satisfacción.
—Papá… aguanté hasta que llegó el refuerzo… ¿Soy… soy increíble, no?
El General León miró a su pequeña hecha polvo, todavía buscando aprobación con esa vocecita.
Su corazón de papá se derritió. Estaba a un pelo de llorar a moco tendido.
Pero como había mucha gente cerca, no era momento para armar escándalo. Se aguantó las lágrimas y la abrazó fuerte.
—Fuiste increíble, Noa. La más increíble de todas.
Los ojos de Noa se cerraban poco a poco. La conciencia se le iba.
—Qué bien… papá… quiero dormir un ratito…
—¿Noa? ¿Noa?
León la llamó, un poco alarmado.
Uno de los médicos de la academia le explicó:
—Está bien. Solo agotamiento extremo por uso de energía. Unos días de descanso y se recupera.
León finalmente se tranquilizó. Le apretó la manita y la levantó en brazos.
Sintiendo el pecho fuerte y cálido de su papá, Noa se quedó dormida con total confianza.
—Señor León, lo sentimos mucho. No sabíamos que el Rey Dragón del Martillo iba a aparecer por aquí. Si no fuera porque Kristina volvió a tiempo para avisarnos que Noa y Helena estaban en peligro, quizá…
Un profesor se apresuró a disculparse.
León lo miró sin decir mucho. Ni lo regañó ni lo perdonó. Simplemente no dijo nada.
Después de todo, nadie quería que pasara algo así.
—En la entrada suroeste del bosque hay gente de su academia, ¿verdad? Adam los atacó. Cuando pasé por ahí, seguían vivos por poco. Si van rápido, tal vez aún puedan salvarlos.
—¡Mu-muchas gracias, señor León! ¡Vamos rápido!
—¡Sí!
Los médicos salieron corriendo.
Pero León todavía tenía una duda.
En el camino, él y Rebecca se habían topado con un mamut de acero muerto de forma espeluznante. Y en lo profundo del bosque, también había visto muchos monstruos muertos de la misma manera.
No cabía duda: todo eso lo había hecho Adam.
Pero… ¿realmente solo por diversión?
¿O había un motivo oculto?
Tal vez… el foco de la investigación debería cambiar.
—¡Tío Casmod! ¡Qué genial eres!
—¡Tío, nos das un autógrafo? ¡Somos del Clan de Arena Dorada! ¡El rey Morgan dice que tú y él son superpanas!
—¡Tío, yo también quiero tu firma!
—……
León: ¿?
—E-Esperen, esperen. ¡No soy una celebridad! ¡¿Autógrafos para qué?!
En un abrir y cerrar de ojos, todos los niños lo rodearon.
Uno de los profesores, que cargaba a la desmayada Helena en la espalda, sonrió y dijo:
—Adam ha hecho daño durante años en nuestra raza, y nadie podía detenerlo. Que usted haya salido al paso, señor León… es digno de llamarlo héroe del pueblo dragón. Ser “celebridad” se queda corto.
Genial. Otra vez me convirtieron en el héroe de los dragones.
¿Por qué me pasa esto cada semana?
—No se niegue, señor León. Es bueno que los niños lo admiren.
Estoy acabado. ¡Me rodearon los dragones bebés!
No. No. No. No.
León sufre de ansiedad social. Le encantan los niños, pero no puede con más de treinta dragoncitos gritándole por autógrafos.
¿Qué dijo ese profesor…?
¿“Es algo bueno”?
Ajá. Algo bueno…
—Noa, escúchame —le susurró a su hija inconsciente—: en la vida, las cosas buenas hay que compartirlas con los buenos amigos.
Y con esa excusa, puso cara sonriente y dijo a los niños:
—¡No fue solo el tío quien venció al malo, eh!
—¿Eh? ¿Había otro héroe?
—¡Claro!
León señaló hacia donde estaba Konstantin.
—¡El otro héroe es aún más fuerte! ¿Qué tal si le piden su autógrafo?
—¡Sí! ¡Vamos! ¡Yo quiero ser el primero!
Los niños salieron corriendo en tropel.
Konstantin seguía de pie junto al cuerpo moribundo de Adam, reflexionando en silencio.
De pronto, escuchó vocecitas.
Miró. Una manada de dragoncitos corría hacia él gritando “¡autógrafo, héroe!”.
La cara de Kon se torció un poco.
Y más allá… vio a León, parado con su hija al hombro, sonriéndole como idiota.
Ya entendí. ¡Todo fue idea tuya!
—Fehr.
¡BOOM!
El Rey Dragón de Alas de Hierro descendió desde el cielo y aterrizó tras Konstantin.
—Llévate a este bastardo. No dejes que los niños lo vean.
—Sí, señor.
Fehr levantó el cuerpo de Adam y se fue volando.
Un momento después, los niños llegaron.
—¡Es el… Rey Dragón de Llamas Rojas!
—Mi papá dice que él da miedo… Mejor volvamos con el tío León…
—……
Los pequeños aún le temían a Konstantin.
Era un héroe de libro, sí, pero en persona imponía demasiado.
—¿Qué miedo ni qué miedo? El tío Kon solo es serio, ¿verdad?
La voz molesta de León sonó a su lado.
Con Noa dormida a cuestas, se paró junto a Konstantin como si nada.
Este le lanzó una mirada asesina… pero no dijo nada.
—No hay que juzgar por las apariencias —siguió León—. Hay que ver la belleza interior. Además, si no fuera por el tío Kon, el malo habría escapado. ¡Él fue clave en la victoria!
—¡Yo creo que los niños son lo bastante listos para saber quién es bueno, ¿a que sí?!
Los niños se miraron entre sí. Y con solo esas palabras, León los convenció.
—¡Sí~!
—¡Entonces no tengan miedo! ¡Pídanle su autógrafo! ¡Él tiene muuucha paciencia!
—¡Siiii! ¡Tío Kon, siempre te he admirado! ¡Leí todos los textos sobre ti!
—T-Tío… ¿no das tanto miedo, verdad?
—Mi hermano te adora. ¿Le das un autógrafo, porfa?
—……
Konstantin no podía más. Un tic le temblaba en la ceja.
Quería tener el emoji del porotito sudando pegado a la cara, y luego darle una patada a ese papá inútil que tenía al lado para que lo dejara en paz.
—Ándale, sonríe —susurró León, acercándose.
Konstantin, resignado, forzó una sonrisa.
—…No, ya mejor no. Esa sonrisa da más miedo.
—…León Casmod… De verdad que quiero reventarte ahora mismo.
Comentarios sobre el capítulo "69"
También te puede gustar
Acción · Aventura
El Villano Rubio De La Novela De La Protagonista Femenina Quiere Ser Feliz.