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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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74 Esto es amor filial del bueno
Desde que terminó su relación a distancia y volvió al hogar, el general León solo se dedicaba a dos cosas cada día:
Durante el día, cuidaba de Noa.
Durante la noche, cuidaba de su esposa.
Una cosa demandaba paciencia. La otra, fuerza física.
Pero bueno, no se podía quejar. Su vida ahora era bastante completa.
Unos días después, Noa recibió una carta de Helena.
En ella le preguntaba cómo iba su salud y le informaba que el examen de ascenso del instituto se volvería a realizar.
—¿Van a repetir el examen de ascenso? —Noa asintió, guardó la carta de su amiga y explicó—: Sí. Por culpa del caos que causó Adam, la cantidad de especies peligrosas en el Bosque de la Luna Sombría cambió muchísimo, así que no se puede estimar la dificultad del examen. El instituto decidió hacerlo de nuevo.
León se quedó pensando un momento y luego asintió.
—Tiene sentido. ¿Pero lo volverán a hacer en el Bosque de la Luna Sombría?
—No. Helena dice que como todo ocurrió tan de repente, el instituto no tenía otro lugar listo como respaldo. Así que van a usar el método de evaluación de años anteriores.
—¿El método antiguo?
Roswitha alzó una ceja, curiosa.
Había pasado más de un siglo desde que ella se graduó del instituto, así que seguramente ese examen ya no se parecía en nada al que ella hizo.
—Pues… —Noa pensó un momento—. He escuchado a los estudiantes mayores decir que se trata de un combate simulado.
—¿Simulado? Pero eso es igual a las clases normales, ¿no? Suena mucho más fácil.
—No necesariamente. El combate simulado del examen es muy diferente al de las clases normales. Sobre todo por… el oponente. Incluso puede involucrar… cierto tipo de rol.
Noa intentó buscar una palabra más apropiada, pero no se le ocurrió nada mejor, así que usó:
—¿Roleplay?
Roswitha y León se quedaron en blanco.
Ellos sí estaban familiarizados con eso de “roleplay”. Normalmente incluía cosas como disfrazarse de enfermera, de conejita, de aventurero en apuros o de súcubo descarriada…
¿Pero en qué momento eso se usaba en un examen simulado?
—¿Los profesores que hacen de oponentes se disfrazan?
—Ajá, creo que sí.
—¿Y se disfrazan de qué?
Noa se rascó la sien y miró de reojo a su papá, sentado al otro lado de la mesa.
—De un personaje que aparece en los libros de texto. Lo describen como… “el hombre de la armadura negra”.
¡Como si le cayera un rayo! El general León quedó completamente petrificado.
Para los dragones, no había duda: en todo el mundo, solo había una persona con armadura negra digna de aparecer en un libro escolar.
Y era él.
Y encima, ya se imaginaba exactamente cómo lo describían en esos libros:
¡Justo lo contrario al gran héroe dragón Konstantin!
Era tanto el material para quejarse, que León ni siquiera sabía por dónde empezar.
Aunque pensándolo bien, tenía sentido.
Durante la guerra entre humanos y dragones, tanto la Academia de Cazadores de Dragones del Imperio como algunos libros ilustrados para niños solían retratar a los dragones como monstruos malvados. Así era más fácil sembrar la semilla de la resistencia en los jóvenes.
Y el Instituto Saintheath —una escuela que entrena guerreros dragón—, obviamente haría lo mismo, pero al revés.
Aun así, aunque lo entendía, el pobre general no podía evitar sentirse… golpeado.
Después de enseñarle con tanto esmero a su hija, de entrenarla con el ejemplo, de mandarla al mejor instituto dragón…
¿Y su hija termina graduándose con un examen que consiste en golpearlo a él?
No había otra palabra para describirlo: absurdo. Extremadamente absurdo.
Mientras León procesaba su tragedia personal, alcanzó a ver con el rabillo del ojo a su esposa.
Roswitha estaba sentada con la mano tapándose la cara.
Y al mirarla más de cerca… ¡estaba aguantándose la risa!
“¿Reírte? ¿¡Te parece gracioso!? Esta noche tú también te vas a poner la ‘armadura negra’, ¡y vas a llorar como yo!”
—Pero bueno, eso fue en época de guerra. Ahora que terminó, el instituto quería cambiar la forma del examen empezando con nuestra generación… —explicó Noa—. Lástima que todo se arruinó por culpa de Adam.
—El instituto no tuvo más opción que sacar las armaduras negras del almacén y usarlas para el examen simulado…
—¿»Las»? ¿Me estás diciendo que el Saintheath puede hacer copias de mi armadura?
—¡Ah, no no no! —Noa se apuró—. Solo son disfraces. No tienen los poderes que describe el libro.
Eso despertó la curiosidad de León.
Él más o menos podía imaginar qué decían los libros sobre él… pero igual quería oírlo con lujo de detalles.
—Dime, hija linda. ¿Qué dice exactamente tu libro sobre ese “hombre de la armadura negra”?
Noa lo miró, sus ojitos azules brillando. Dudó un momento y respondió:
—Ehm… que usa magia de rayo muy poderosa, que causó muchos problemas en la primera línea del ejército dragón… que varios reyes dragón murieron por su culpa… y que es el enemigo número uno de la raza dragón.
—Oh… ¿sí?
León se rascó la nariz y, disimulando el interés, preguntó:
—¿Y tú qué opinas? ¿Te parece fuerte?
—Qué ridículo… —murmuró Roswitha por lo bajo.
León la fulminó con la mirada, pero no le respondió. En cambio, siguió mirando a su hija como un cachorro esperando una caricia.
Noa también se quedó sin palabras.
¿Así que esto era actuar con un papá tonto?
Ahora entendía lo difícil que debía haber sido para su mamá lidiar con este hombre todos estos años…
—Yo creo que… sí. Bastante fuerte. —asintió con solemnidad—. De hecho, es mi meta.
León se sorprendió.
—Pero la guerra ya terminó. Es posible que nunca llegues a enfrentarlo.
Noa lo miró directo a los ojos, y respondió palabra por palabra:
—Quién sabe. Pero si algún día el destino me da la oportunidad de desafiar a ese hombre… juro que lo derrotaré.
Esta niña… me va a matar del amor filial.
León se quedó callado.
Mejor no preguntar más. Si seguía por ahí, lo más probable era que terminaran representando un sketch en vivo de “padre amoroso e hija piadosa”.
Y Roswitha ya no aguantaba más: estaba a punto de explotar de la risa.
Así que, luego de ese cruce de actuaciones familiares, los tres volvieron tranquilamente a cenar.
—
Después de la cena, la pareja volvió a su habitación.
León cerró la puerta con gesto serio.
—¿Tú qué opinas de eso del nuevo examen?
Roswitha, ya con las pantuflas de dragón puestas, fue al salón, se dejó caer en el sofá y miró al techo.
—¿Qué voy a opinar? Hay que verlo con una sonrisa.
—No me refería a eso —León se sentó junto a ella.
Al ver que el perro venía serio, Roswitha se incorporó también.
—¿Qué tienes en mente?
—La aparición de Adam en el Bosque de la Luna Sombría fue totalmente inesperada. Noa y Helena estuvieron a punto de morir. Si hubiéramos tenido un poco menos de suerte… hoy no estaríamos cenando los tres juntos.
León continuó:
—Tal vez estoy exagerando… pero tengo miedo de que el examen traiga otro incidente.
Roswitha meditó sus palabras. Luego de un rato, asintió.
—Entiendo lo que dices. Puede que estés viendo fantasmas… pero si el examen se hace dentro del instituto, no hay forma de que alguien externo lo sabotee.
—Aunque también sé cómo eres. Si una idea se te mete en la cabeza… no vas a dejarla ir.
—Así que dime: si crees que algo puede pasar… ¿qué piensas hacer?
León se encontró con su mirada.
Y entonces, esa cara seria suya se transformó en una sonrisa misteriosa.
Roswitha parpadeó. Enseguida entendió lo que tramaba.
—No me digas que piensas…