77
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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77 ¡9527, da un paso al frente!
Noa y Helena esperaban afuera del pabellón de entrenamiento, con los nervios a flor de piel.
El profesor acababa de anunciar las reglas del examen:
Combate simulado uno a uno, a puerta cerrada, contra los participantes disfrazados como “armaduras negras”. No había restricciones mágicas. El director Olette y el subdirector Wilson estarían observando cada duelo desde las gradas. Al final, los puntajes serían promediados entre la evaluación del “armadura negra”, el maestro de grado y los directivos.
Para garantizar la equidad, cada “armadura negra” solo podía participar en un máximo de 1 a 3 combates.
Y los estudiantes… debían sacar su oponente por sorteo.
Helena bajó la vista y miró su papeleta. El número era 1309.
Eso significaba que pelearía contra la armadura número 1309.
—Me tocó uno del principio. Seguro entro de las primeras… —murmuró, frunciendo un poco el ceño. No podía ocultar su ansiedad.
Estaba más nerviosa que en el Bosque de la Luna del Terror.
Allí al menos estaba con Noa. No importaba lo que pasara, sabía que su mejor amiga iba a estar a su lado. Esa sensación de seguridad era insustituible.
Pero el examen ahora era individual, a la antigua. Uno contra uno. Eso la ponía muy tensa.
Y justo cuando el miedo le empezaba a apretar el corazón, una manita se posó suavemente sobre la suya.
Helena se sorprendió y giró la cabeza.
Noa le sonreía.
Se notaba que le costaba sonreír con su carita tan seria por naturaleza, pero lo intentaba igual.
—Como siempre. Relájate. Vas a pasar el examen sin problemas —le dijo Noa con dulzura—. Si pudimos aguantarle tanto al Rey Dragón del Martillo, ¿cómo vamos a temerle a unos profes disfrazados de armaduras?
Helena esbozó una sonrisa amarga. Le dio la vuelta a su mano para entrelazar los dedos con los de Noa. Sentir el calor de su amiga la tranquilizaba mucho.
—Pero cuando luchamos contra el Rey Martillo… fui yo la que te estuvo retrasando…
—¡Ni se te ocurra decir eso otra vez, Helena! En serio, me voy a enojar.
Noa nunca pensó que Helena fuera un estorbo ese día.
Si no pudo proteger a su amiga en un momento tan crítico, fue porque a ella le faltó fuerza.
Desde que sobrevivieron, no ha dejado de culparse.
«Si yo fuera un poco más fuerte… ¿habríamos escapado sin esperar a papá?»
Noa era así. Exigente al extremo consigo misma.
Y si encima se trataba de su mejor amiga, menos iba a permitir que alguien, ni siquiera Helena, se llamara a sí misma una carga.
—…Está bien, lo entiendo —dijo Helena, algo más tranquila. Apretó su número—.1309… Voy a aprobar.
Ver que su amiga recobraba el ánimo hizo que Noa se sintiera mejor también. Sonrió con alivio.
—¡Ah! Por cierto, ¿qué número te tocó a ti, Noa?
—No lo he visto aún.
—¡Ándale, enséñamelo!
Helena se inclinó curiosa para ver.
Noa abrió lentamente su papelito.
—Nueve… cinco… dos… siete… —leyó Helena—. ¡Te tocó el 9527!
—Hmm… entonces debo estar hacia el final.
Noa se quedó mirando esos cuatro números.
Y sin saber por qué… sintió un cosquilleo raro en el pecho. Como una emoción inexplicable.
¿Estaba nerviosa?
¿O era… otra cosa?
No sabía cómo explicarlo, pero si tuviera que describirlo con palabras un poco exageradas, sería algo así como:
«Estoy lista para patearle el trasero al 9527.»
—
Pocos minutos después, uno de los maestros llamó desde afuera:
—¡Turno de los estudiantes con el número 1309! Helena, Kristina, Shira, diríjanse al pabellón. Su examen está por comenzar.
Helena contuvo la respiración un segundo, pero enseguida la soltó y se levantó.
Antes de entrar, miró a Noa y le dijo:
—Si paso el examen… vamos a una cita, Noa.
—¡Qué sacrificio el tuyo, Helena! ¿Arriesgar la vida solo para tener una cita conmigo? Me vas a hacer llorar.
—Noa, deja de reírte por lo bajo…
Las dos amigas se miraron y se rieron.
—¡Voy entonces! —se despidió Helena, alzando la mano.
—¡Dale, suerte!
Helena asintió y se fue con las otras dos chicas hacia el pabellón.
Noa se quedó esperando afuera.
Aburrida, volvió a mirar su número. Murmuró entre dientes:
—Nueve cinco dos siete… noventa y cinco… veintisiete… je, prepárate, porque voy a dejar tu armadura hecha trizas.
Ese era el estilo motivacional de la Reina de las Notas: hablar duro consigo misma, pero sin afectar a nadie más.
—
Pasó aproximadamente media hora.
Helena y las otras dos chicas salieron del pabellón. Las tres traían señales evidentes del combate: ropa arrugada, cabello despeinado, algo de polvo en el cuerpo.
Se notaba que los “tanques negros” no se las dejaban fácil. No estaban regalando pases.
Helena se arregló un poco el cabello y alzó la vista: Noa venía corriendo hacia ella.
—¿Estás bien? ¿No te lastimaste?
Lo primero era siempre lo más importante.
A Noa no le importaban las notas. Mientras su amiga estuviera sana, todo lo demás daba igual.
—Estoy bien —respondió Helena con una sonrisa.
—¡Menos mal! Ven, descansa un poco.
—Sí, gracias.
Volvieron a sentarse donde estaban antes. Noa le pasó agua y algo de comida.
Helena comía para recuperar fuerzas, y mientras tanto, le contaba a Noa cómo era adentro del pabellón.
Afuera, el maestro seguía anunciando los siguientes turnos:
—¡Número 1428! Shire, Angel, al pabellón para su evaluación.
…
—¡Número 2317! Hugh, Bach, Sandy, prepárense para entrar.
…
—¡Número 3328! Nancy, Aria, al pabellón para su combate.
…
…
Ya casi era mediodía. Casi todos los estudiantes habían terminado su examen.
Pero el nombre de Noa y el número 9527… seguían sin sonar.
Sabía que le tocaba de las últimas, pero igual empezaba a impacientarse.
La Reina de las Notas estaba ansiosa por pelear.
Algunos compañeros que ya habían salido del examen se le acercaron a charlar, para tranquilizarla y darle algunos consejos.
Noa escuchaba con atención.
—En resumen —decía Kristina—, los profes pelean en serio, pero tampoco se van a pasar. Si haces lo tuyo con normalidad, pasás sin problema.
—Entendido —asintió Noa.
Mientras conversaban, se abrió la puerta del pabellón.
La última tanda había salido.
Noa recordaba que los tres anteriores tenían números que empezaban con 8…
Lo que significaba que ya solo quedaba una.
—¡Estudiante número 9527, Noa K. Melkvei, por favor dirígete al pabellón! Esta será la última batalla del examen.
—
Notas del autor:
1. El número 9527 es una referencia al clásico del cine de Stephen Chow, “Flirting Scholar” (??????), donde el protagonista se infiltra en una mansión disfrazado de sirviente y recibe ese número. Me pareció divertido usar ese guiño para León infiltrado como “armadura negra”.
Comentarios sobre el capítulo "77"
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