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A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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87 Criatura de nivel Super-S
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El plan de estimulación prenatal del general León podía ser un poco abstracto, pero su dedicación a cuidar a su esposa embarazada era cien por ciento real.
Unos días después del duelo de instrumentos, León encontró en un herbario una receta de cocina medicinal llamada “Sopa Nutritiva del Espíritu”.
La preparación no era complicada, pero en el Santuario del Dragón Plateado faltaban algunos ingredientes clave. Así que León decidió salir a comprarlos.
Aquella mañana, con la mochila al hombro, se preparó para salir.
Nada más cruzar la puerta del santuario, se topó con Noa, que regresaba de su entrenamiento matutino.
—Buenos días, papá —saludó Noa.
Tenía una toalla blanca colgada del cuello para secarse el sudor. Al ver la mochila que llevaba su padre, preguntó curiosa:
—¿Vas a algún lado?
—Ah, voy a comprar unos ingredientes. Quiero prepararle una sopa a tu mamá.
—¿Y por qué no le pides a las doncellas que lo hagan?
León se rascó la sien, pensó un segundo y luego respondió:
—Noa, hay cosas que solo tienen sentido si las haces tú mismo. Si mando a las doncellas por los ingredientes, ¿por qué no pedirles también que hagan la sopa y se la lleven a tu madre?
Con una mano sujetando la correa de la mochila, usó la otra para revolverle el cabello a su hija:
—Quiero hacer algo por tu mamá. No puedo quedarme sentado esperando que todo me lo sirvan.
La verdad es que sí podría encargarle todo eso al personal del santuario.
Pero ¿qué sentido tendría?
Cualquiera puede hacer la sopa, cualquiera puede comprar los ingredientes… pero nadie puede querer a Roswitha como él la quiere.
En lo cotidiano, se necesita ternura y cuidado para llenar los huecos de la rutina. Y a León no le parecía ningún problema hacer estas cosas.
Noa sintió el calor de la mano de su padre y asintió, pensativa.
Un momento después, dijo:
—Entonces, espérame un segundito, ya vuelvo.
Y salió corriendo escaleras arriba.
León no entendía muy bien qué tramaba, pero se quedó esperando pacientemente en la entrada.
Poco después, Noa volvió.
Se había cambiado la ropa deportiva por un atuendo de calle. Y lo más gracioso: ¡también llevaba una mochila!
—¿Y eso? —preguntó León.
—¡Voy contigo a comprar los ingredientes! Y luego hacemos la sopa para mamá, ¿sí?
Noa casi nunca se emocionaba tanto por algo que no fuera entrenamiento o estudios. Estaba tan entusiasmada que hasta la cola se le movía con energía.
Además, Helena había vuelto a casa hacía unos días, y tanto Moon como Lucecita habían regresado a la academia para terminar el semestre. No podía dejar que su hija mayor se aburriera sola en casa.
León sonrió y asintió:
—Muy bien. Vamos a prepararle una sorpresa a mamá.
—¡Siií~!
Padre e hija dejaron el santuario y se dirigieron al centro del clan.
···
León había hecho una lista. Además de los ingredientes para la sopa nutritiva, agregó algunos suplementos más que quería aprovechar para comprar en ese mismo viaje.
Noa notó que el primer ítem de la lista era: manzanas.
La princesa mayor se rascó la cabeza, confundida:
—Papá, ¿pero si en casa hay manzanas? ¿Por qué comprar más?
—Tu mamá dice que las de casa no saben bien.
Noa no supo por qué, pero la forma en que su padre lo dijo… le pareció un poco rara.
Como si… le tuviera miedo a algo.
No pensó mucho en ello y respondió al aire:
—Pero si son manzanas del sur, ¡las que nos regalan en los tributos! Son riquísimas.
—…
Mejor ni lo hubiera mencionado.
Solo de recordarlo, a León se le erizó todo el cuerpo.
Los recuerdos de la época en que Roswitha estaba embarazada de Lucecita volvieron con fuerza… y no eran buenos.
En aquellos días, la madre dragón se aprovechaba de su estatus de embarazada para hacer y deshacer como quisiera. Caprichosa, mimada, reina total.
Una noche se le antojó una manzana.
León se la trajo.
Entonces ella dijo que la quería pelada.
León la peló.
Entonces dijo que no le gustaba el sabor.
León fue a buscar otra.
Y cuando por fin creyó que había terminado con el tema… ¡ZAS!, la madre dragón volvió a empezar con otra excusa.
Hasta que León le metió la manzana en la boca para callarla.
Pero pensó que eso lo solucionaba todo… qué ingenuo.
En los días siguientes, Roswitha encontró mil y un razones para pedirle manzanas. Siempre de noche. Siempre con quejas.
Y si León se negaba… lo pateaba de la cama.
¿Y si se enfadaba?
Peor. Activaba el modo embarazada mimada con súplica de dragona reina. ¿Quién podía con eso?
Por eso, esta vez, León aprendió la lección.
¡Iba a llevarle todas las variedades de manzana que existieran, y así no habría forma de que ella le buscara pelea por eso!
Una vez compradas, León tachó “manzanas” de la lista.
Noa se puso de puntitas para mirar el siguiente ítem:
—¿Fruta dragón de rocío de jade…? Ah, la profesora dijo que es una fruta muy nutritiva, pero súper rara. Nunca se ha cultivado en nuestro clan, ¿verdad?
—Eso era antes, mi niña.
La voz de León estaba llena de orgullo y confianza.
Noa parpadeó con sus ojazos brillantes.
—¿Cómo que antes, papá?
—Después de que nació Lucecita, mandé a un grupo a cultivarla en secreto. Ya pasaron tres años, debe estar lista para cosechar.
Noa levantó el pulgar, admirada:
—¡Papá, eso sí que fue tener visión a largo plazo!
¿Visión?
Más bien, trauma postparto.
Años atrás, por culpa de una sola de esas frutas, León tuvo que inscribirse en un torneo en Ciudad Cielo.
Pasó por todas las rondas con una fuerza aplastante. Ya estaba a un paso de la fruta…
Cuando de repente Isa apareció… y lo hizo tocar fondo.
Al final, Isa les dio la fruta a él y a Roswitha, pero no sin antes someterlo a un tercer grado sobre el segundo bebé.
Desde entonces, León comprendió una verdad:
> “Mejor cultivar uno mismo que andar pidiendo favores… y menos a una dragona roja con doble cara.”
Así que apenas nació Lucecita, el general León se anticipó y mandó plantar los árboles.
Ahora, tres años después… ¡era el momento de la cosecha!
Padre e hija se dirigieron a una zona alejada del territorio del clan. Era espaciosa, tranquila, ideal para sembrar.
Muchos cultivos del clan se hacían allí.
—El huerto de frutas está justo delante. Vamos, Noa.
—¡Sí, sí!
Noa iba emocionada. Solo había visto esa fruta en los libros. ¡Nunca había visto una real!
Aceleró el paso.
Pero justo cuando estaban a punto de llegar, el suelo tembló violentamente.
León se adelantó para sostener a Noa y evitar que cayera.
Luego, rápidamente escaneó los alrededores con la vista, alerta.
—¿Qué fue eso? ¿Un ataque…? ¿Alguien invadiendo…?
Antes de que terminara la frase, una horda de dragones plateados salió corriendo desde el huerto.
El que iba al frente, al ver a León, corrió hacia él como si viera la salvación.
—¡Señor Príncipe! ¡Hay una criatura peligrosa!
Al ver tanto pánico, León frunció el ceño.
Él conocía bien la fuerza de su raza. Incluso los dragones que se dedicaban a la agricultura podían pelear contra criaturas de nivel A o superior.
Así que si estaban así de alterados… eso no era cualquier cosa.
—Tranquilo. Dímelo con calma. ¿Qué clase de criatura?
—Es… ¡una criatura de nivel Super-S! ¡¡Un águila dragón de seis alas!!
—¿Una Super-S…?
Antes de que pudiera buscar ese nombre en sus recuerdos, una sombra enorme se alzó desde el huerto y salió volando hacia el cielo.
Era una criatura colosal, con seis alas que cubrían el cielo. Su chillido desgarró el aire.
El viento que levantaban sus alas se estrelló contra ellos.
León dio un paso al frente y protegió a Noa entre sus brazos.
Cuando el vendaval pasó, se giró para ver bien a la criatura.
Y allí estaba: el águila dragón, con su enorme pico sujetando un árbol entero de fruta dragón de rocío de jade.