Capítulo 56
A partir del volumen 05, capítulo 06 en adelante — Aviso Importante:
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Capítulo 56 — No eres digno
Liberada de aquella pesadilla de ilusión, Noa cayó de rodillas en el canal de agua color oro oscuro, jadeando en bocanadas profundas.
Sabía perfectamente que las escenas que acababa de presenciar eran falsas, pero haberlas vivido era como si cuchillos reales se le hubieran clavado uno a uno en el corazón.
El sonido de unos pasos sobre el agua llegó desde atrás, y la bella de cabello blanco se acercó despacio hasta ella, se agachó y le puso las manos sobre los hombros:
—La magia de ilusión de esa mujer es realmente poderosa, pero no puede apuntar a dos almas al mismo tiempo. Así que ya pasó, pequeña.
Sin entrar a valorar si la antepasada tenía o no la capacidad de romper directamente esa ilusión, la característica de poseer dos almas en un solo cuerpo era, sencillamente, el mayor adversario posible para la magia de ilusión.
Noa cerró los ojos y se esforzó por recomponerse:
—Bien… gracias.
La antepasada le dio una palmada en el hombro:
—No descanses todavía. Espabila y piensa cómo recuperar la reliquia.
Noa abrió los ojos. En el instante en que su consciencia regresó se sintió un poco desorientada, pero se recuperó rápidamente.
A su alrededor, tanto los miembros que habían cargado con Takk como los que habían permanecido a su lado yacían en el suelo, emitiendo gemidos de dolor.
—¿Todos han caído en la pesadilla…?
Noa no había aprendido de forma sistemática cómo ayudar a otros a romper la magia de ilusión, así que trasladó de inmediato su atención hacia la pareja de antes.
Pero cuando volvió a mirar hacia la hoguera, ya no había nadie allí.
Noa maldijo para sus adentros y salió corriendo tras ellos.
Escudriñó los alrededores. Había demasiadas salidas cerca, y en la urgencia del momento no podía detenerse a evaluar cada una, así que eligió una al azar y se lanzó.
Pero tras varios minutos persiguiendo, no encontró ni rastro de los dos.
Noa agitó la mano con frustración:
—Maldita sea. Se nos han escapado.
Viendo que era imposible alcanzarlos, dio media vuelta y regresó al claro donde estaban antes.
Los miembros de la División de Dragones Adultos seguían sin despertar de la ilusión.
Noa tenía el ceño profundamente fruncido, sin saber qué hacer.
Justo cuando cavilaba sobre cómo actuar, escuchó una voz familiar a su lado:
—Noa… ¿adónde has ido?
—¿Helena?
Al reconocer la voz de su mejor amiga, Noa se giró de inmediato.
Helena estaba de pie con el slime azul marino en brazos, con una expresión levemente agotada y asustada. Sin duda la magia de ilusión la había sacudido bastante.
Pero Noa no terminaba de entenderlo.
En cuanto a capacidad bruta, Helena estaba por debajo de los demás miembros de la División de Dragones Adultos.
Y en cuanto al mecanismo en sí, era imposible que Helena pudiera, como Noa, contar con la ayuda de una misteriosa anciana de cabello blanco dentro de su cabeza.
Entonces…
—¿Cómo has logrado romper la magia de ilusión? —preguntó Noa.
Helena también parecía un tanto confundida. Negó con la cabeza:
—La verdad es que no lo sé muy bien… Cuando caí en la ilusión lo pasé muy mal. Las escenas que vi eran las que más temo que ocurran. Pero fue como en una pesadilla normal: entré sin avisar y desperté sin avisar.
—Ñuuuum~~
El pequeño slime en brazos de Helena se retorció con su cuerpo blando, como si quisiera reforzar las palabras de su compañera.
Noa bajó la mirada hacia el pequeño ser un instante, sin darle demasiada importancia, y volvió a dirigirse a Helena:
—Vamos a ver cómo están todos.
—¡Sí, vamos!
Las dos amigas fueron colocando a los miembros del equipo uno al lado de otro.
La temperatura del Bosque de la Niebla Fría era extremadamente baja, y juntar los cuerpos era una manera efectiva de compartir el calor.
Luego Noa encendió una hoguera con llama dracónica para que nadie sufriera de frío.
Las dos intentaron despertar a los miembros del equipo.
Y a diferencia de los guardias dragones del mar de fuera, los miembros del equipo sí respondían a las llamadas de Noa y Helena.
Los ojos de Noa se iluminaron:
—Parece que la duración de esta magia de ilusión es mucho más corta que la que afectó a los guardias.
Helena también dejó escapar un suspiro de alivio:
—Probablemente porque Takk y los suyos atacaron de improviso y esa mujer no tuvo tiempo de aplicar una versión más completa de la magia.
—Eso mismo pienso yo —respondió Noa en voz baja.
Tras otros diez minutos intentando despertarlos, todos fueron saliendo poco a poco de la magia de ilusión.
—¿Qué… qué ha pasado? Era como una pesadilla de la que no podía despertar…
—Soñé que toda mi tribu había sido destruida…
—Yo también. Era como el fin del mundo. Aterrador.
—Tío… Soñé que mis padres se divorciaban, que mi madre se volvía a casar con un duque de muy mal genio y que ese duque me pegaba en el trasero todos los días.
—…
Takk también fue volviendo en sí.
Se levantó tapándose las sienes, que le palpitaban levemente, y escuchó las conversaciones de los demás sin poder, como siempre, controlar su boca:
—No son más que pesadillas desagradables. ¿A qué viene tanto alarmismo? Tsk. ¿Y esa mujer? ¿Adónde se ha ido? Todavía no he tenido la oportunidad de enfrentarme a ella…
Pero antes de que Takk terminara de hablar, varios miembros del equipo de alrededor empezaron a exclamar con nerviosismo:
—Eh, Noa, ¿qué vas a hacer?
—¡Noa, cálmate!
—Habla con él, jefa, no te le eches encima…
Noa atravesó el grupo a paso rápido, se plantó frente a Takk y lo miró directamente a los ojos.
En aquellas pupilas azules había una furia a punto de desbordarse.
En el rostro de Takk cruzó una chispa de sorpresa y miedo, pero se mantuvo firme:
—Tú… tú qué pretendes hacer? ¿Armar un conflicto interno? Ahora lo urgente es reorganizar el equipo y luego…
No llegó a terminar la frase. Un puñetazo corto y preciso se hundió con fuerza en su abdomen y se lo tragó entero.
Y aprovechando que Takk se doblaba sujetándose el vientre, Noa le lanzó un segundo puñetazo al puente de la nariz.
Por un instante, la visión de Takk se oscureció por completo y cayó tambaleándose hacia atrás hasta quedar despatarrado en el suelo, con un zumbido sordo en la cabeza, la sangre de la nariz corriéndole hacia dentro y el sabor a metal llenándole la boca.
Noa lo miró desde arriba, con voz helada:
—Casi nos haces matar a todos, imbécil.
Takk se puso rojo y respondió con terquedad:
—¿Qué quieres decir con que casi nos hago matar? Yo no sabía que la magia de ilusión de esa mujer era tan potente, y además…
—¡Te voy a dar yo «además»!
Noa dio un paso adelante y le propinó una patada en un lado de la cara.
La sangre salpicó el suelo.
El golpe había sido absolutamente contundente. Ni siquiera Helena había visto a Noa ponerse tan furiosa con nadie.
Pero Takk se lo había buscado, y ningún miembro del equipo presente hizo el menor gesto de interponerse.
—Solo quería completar la misión y volver a la academia sanos y salvos con Helena y todos vosotros. Y tú…
Noa extendió el dedo y señaló a Takk, que estaba tirado en el suelo. Sus pupilas dracónicas despedían una luz de autoridad feroz mientras pronunciaba cada sílaba con deliberada lentitud:
—Como vuelvas a desobedecer órdenes y actuar por tu cuenta, te juro que la próxima vez no te saldrá sangre. Te saldrán los sesos. ¿Entendido, idiota?
Takk, tumbado en el suelo, escuchó la reprimenda de Noa y miró a los demás miembros del equipo.
Todos le sacudían la cabeza y suspiraban;
incluso los que hacía un momento estaban de su lado permanecían en silencio, sin decir palabra.
Un arrogante imbécil, frente a una jefa de equipo que lo único que quería era proteger a todos. Después de lo que había pasado con la magia de ilusión, nadie tenía dudas sobre en quién confiar.
Al ver que Noa había consolidado de nuevo su autoridad en el equipo, Takk no tuvo más recursos. Bajó la cabeza y dijo con voz apagada:
—Has ganado, Noa. Ya está. Has ganado.
Noa no sentía la menor compasión por ese tipo de persona, así que ante la rendición de Takk se limitó a replicar con frialdad:
—¿Qué quieres decir con ganar o perder?
Y mientras se giraba para marcharse, se volvió a medias y añadió con calma:
—¿De verdad crees que eres digno de ser mi rival?
Leon y Rosewise habían encontrado algunos rastros.
—Aquí hay una hoguera apagada.
Los dos estaban agachados en el suelo. Leon tocó las cenizas con los dedos, las frotó suavemente y dijo:
—Aún conservan algo de calor. Teniendo en cuenta la temperatura del Bosque de la Niebla Fría, quien encendió esta hoguera no puede haberse alejado demasiado.
—Bien, sigamos mirando hacia delante.
—Vamos.
Avanzando un poco más hacia el interior, encontraron más restos de hogueras.
La Reina contempló la densa niebla que tenían delante y dijo en voz baja:
—Parece que esas personas también se han perdido en el Bosque de la Niebla Fría. Y para evitar que alguien las encuentre, han ido cambiando de sitio cada vez que paraban a descansar.
Leon sonrió:
—Lo que también significa que nos estamos acercando a ellas. Venga, ánimo, querida.
Rosewise sonrió levemente y luego bromeó:
—Habíamos dicho que este iba a ser un viaje tranquilo, y mira los imprevistos que nos han salido al paso.
Leon enarcó una ceja:
—¿Por qué, querida? ¿De verdad quieres tomarte unas vacaciones de verdad?
—Hm… Las vacaciones en sí me dan igual.
Rosewise levantó una mano y con los dedos se retiró un mechón de cabello de la mejilla, fingiendo indiferencia:
—Solo quiero que cuando estemos juntos hagamos cosas más tranquilas.
De vez en cuando dejaba salir a la «niña» que llevaba dentro para que respirara un poco de aire fresco. Bajo el manto de Reina seguía latiendo un corazón suave que anhelaba amor y cuidado.
Leon guardó silencio un instante, se acercó a ella, le rodeó los hombros con el brazo y habló con dulzura:
—Cuando recuperemos la pulsera de Metis, nos tomamos un buen descanso.
La situación ya no era tan urgente como antes, y era verdad que tanto Leon como Rosewise necesitaban unas vacaciones de verdad.
Rosewise asintió:
—Me parece bien. Justo quería ir a…
Antes de terminar la frase, un crujido llegó desde los arbustos de al lado.
Los dos esposos se pusieron en guardia de inmediato.
Al momento siguiente, dos siluetas emergieron de entre la vegetación.
Estaban muy cerca, y Leon pudo verlos con claridad: un hombre y una mujer.
El hombre llevaba grilletes en manos y pies, y era la mujer, ágil y decidida, quien lo había estado arrastrando durante todo el trayecto.
Al salir de los arbustos, también los vieron a ellos.
—Maldita sea… ¿Ya no hay escapatoria? —murmuró la mujer en voz baja.
Leon y Rosewise se miraron un instante. Luego Leon dio un paso al frente sin intención de atacar, solo quería entender primero la situación.
Pero la otra persona levantó la mano y lanzó varios círculos mágicos que los rodearon a los dos.