Capítulo 37
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# Capítulo 37: La traviesa se convierte en una niña buena y la niña buena se convierte en una traviesa
Por la mañana, Moon se despertó debido a un tenue sonido de susurros.
No era muy fuerte, pero cada vez que estaba a punto de volver a quedarse dormida, el sonido comenzaba otra vez. Se apagaba y luego regresaba. Moon arrugó la nariz, se acurrucó todavía más bajo la manta y permaneció así un rato antes de abrir los ojos a regañadientes.
Su boca y su nariz seguían ocultas bajo la manta. Solo sus ojos adormilados quedaron a la vista mientras miraba hacia el origen del ruido.
Era Aurora.
La muchacha de cabello rosado estaba de pie frente a la ventana, murmurando algo mientras contemplaba el cristal. Después de pronunciar unas cuantas frases, se cubría la boca con una mano, se detenía, bajaba la mirada hacia lo que sostenía, respiraba profundamente y volvía a comenzar.
Moon la observó durante bastante tiempo, pero su hermana menor nunca se dio cuenta de que estaba despierta, así que no tuvo más remedio que llamarla con voz apagada:
—Aurora…
—¡Ah!
Aurora se sobresaltó y se volvió apresuradamente. El papel casi se le escapó de las manos, pero consiguió atraparlo rápidamente entre ambas palmas.
—H-hermana mayor, ¿te desperté?… Lo siento, segunda hermana, de verdad, lo siento mucho…
Hablaba rápida y silenciosamente, mirando a Moon con ansiedad, como si todavía esperara que la regañara. Cuando Moon no respondió, los dedos que sujetaban la hoja la apretaron todavía más contra su pecho.
Moon seguía un poco adormilada, pero ver a Aurora comportándose de aquella manera terminó por despertarla completamente.
Frunció el ceño, examinó cuidadosamente a su hermana menor y luego cerró los ojos con fuerza.
Esperó varios segundos.
Volvió a abrirlos.
La misma muchacha de cabello rosado seguía de pie junto a la ventana.
Incluso la expresión cautelosa de su rostro permanecía intacta.
—Así que no estoy soñando.
Aurora parpadeó.
—Por supuesto que no estás soñando. Segunda hermana, ¿qué ocurre?
—Si estoy despierta, ¿entonces por qué mi querida hermanita se ha vuelto tan educada de repente?
Moon apartó la manta y salió de la cama. El borde de su camisón blanco y rosado cayó hasta su posición habitual y, cuando sus pies descalzos tocaron el suelo, encogió los dedos por el frío.
Pero buscar sus pantuflas podía esperar.
Caminó directamente hacia Aurora, se inclinó ligeramente hacia adelante y consiguió encontrarse con la mirada de su hermana justo cuando esta intentaba apartarla. Las comisuras de los labios de Moon comenzaron a elevarse poco a poco.
—Confiesa. ¿Volviste a meterte en problemas y ahora te estás portando especialmente bien por eso?
Su hermana menor había sido una auténtica pequeña alborotadora desde que nació.
No era que Aurora fuera incapaz de comportarse educadamente. Pero disculparse varias veces seguidas mientras ponía cara de cachorrito inocente… Moon solo podía encontrar una explicación razonable.
Mi hermanita volvió a hacer alguna travesura.
Y probablemente necesita que su segunda hermana hable bien de ella.
Cuanto más lo pensaba Moon, más lógico le parecía. Los últimos rastros de sueño desaparecieron por completo y esperó pacientemente la confesión.
Sin embargo, Aurora negó enérgicamente con la cabeza.
—No. No hice nada, segunda hermana.
Esta vez, no le siguió el juego como de costumbre ni respondió con alguna burla. Ni siquiera apareció una sonrisa deliberadamente inocente. Cuando dejó de negar con la cabeza, Aurora miró a Moon con seriedad, como si realmente temiera que no le creyera.
La sonrisa de Moon se endureció ligeramente.
Apretó los labios y se pasó una mano por el cabello despeinado.
—Ya veo… Está bien. Entonces, ¿qué estabas haciendo hace un momento?
Aurora finalmente recordó el papel que sostenía. Se apresuró a alisar la esquina arrugada y se lo mostró a Moon.
—Ah, estoy preparándome para mi presentación de esta tarde. Nos asignaron un trabajo de una semana: idear un círculo mágico completamente nuevo y luego elegir a un estudiante para que lo presente frente a toda la clase.
Después de ingresar a la Unidad de Dragones Jóvenes, Moon y Aurora ya estudiaban en clases diferentes.
Debido al inusual despertar dual de Moon, recibía principalmente clases individuales de dos instructores: uno especializado en rayos y otro en fuego. Aurora, por su parte, había elegido el combate cuerpo a cuerpo como especialidad principal y los círculos mágicos auxiliares como especialidad secundaria.
Su hermana menor solía contarle a Moon lo que hacía en sus clases. En cuanto a aquellos diagramas de círculos mágicos llenos de trazos complicados, Moon normalmente escuchaba con atención y luego admiraba sinceramente lo inteligente que era Aurora.
Sin embargo, aquel día claramente no era eso lo que le interesaba.
—Ya has hecho un montón de presentaciones antes, ¿no? ¿Por qué nunca te había visto ensayar así con anticipación?
Moon volvió a mirar la ventana que Aurora había estado utilizando como sustituto de un público.
Cuando se trataba de elocuencia, Aurora no solo destacaba entre los dragones jóvenes. Probablemente no hubiera muchas personas en toda la Academia Saint Heath capaces de ganarle en una discusión.
Después de todo, para alguien que disfrutaba burlándose de todos los que la rodeaban, aquello era prácticamente una habilidad profesional.
Cuando las hermanas intercambiaban comentarios mordaces, a veces Moon apenas estaba comenzando a pensar en una respuesta cuando Aurora ya tenía preparada su siguiente frase.
Si aplicaba aquel talento a sus estudios, ninguna presentación debería representar una dificultad para ella.
Entonces, ¿por qué necesitaba quedarse escondida junto a la ventana aquel día, preparándose de antemano incluso para algo tan sencillo como abrir la boca?
Aurora bajó las pestañas y comenzó a arrugar inconscientemente la esquina del papel que acababa de alisar.
—Yo… Estoy un poco nerviosa, segunda hermana.
—¿Nerviosa?
Los ojos de Moon se abrieron ligeramente.
Incluso esperó un momento, convencida de que Aurora estallaría repentinamente en carcajadas y anunciaría orgullosamente que por fin había conseguido engañar a su segunda hermana.
Pero Aurora simplemente apretó los labios. Los mechones rosados junto a su oreja cayeron hacia adelante, cubriéndole la mitad del rostro.
—Cuando dices «nerviosa», ¿te refieres a lo que yo estoy pensando? ¿Como cuando tienes que hablar frente a un montón de personas, el corazón empieza a latirte muy rápido, sientes raras las manos y los pies y hasta te recorre un sudor frío por la espalda?
Aurora asintió.
—Sí. Aunque los síntomas que acabas de describir se parecen mucho a los de una bajada de azúcar, pero… sí… Eso es exactamente lo que me pasa. De verdad estoy nerviosa… ¿Segunda hermana? Oye, oye, ¿qué estás haciendo?
Moon ya había extendido ambas manos y sujetado las mejillas de su hermana menor.
Tuvo cuidado. Sus palmas apretaron suavemente las mejillas de Aurora hacia el centro, haciendo que sus labios formaran una «O». Los ojos de Aurora se redondearon inmediatamente y sus palabras se volvieron ininteligibles.
Las hermanas se miraron.
Moon la examinó desde la izquierda.
Luego desde la derecha.
Su expresión se volvió cada vez más seria.
—Mi querida Aurora, mi adorada hermanita. Incluso si cometiste algún crimen monstruoso, no pasa nada. Mamá y papá nos sacarán del problema. Pero al menos no te atormentes hasta este punto.
Moon habló con absoluta seriedad, sin siquiera soltar las mejillas de Aurora.
—Desde aquella mañana en que el tío Constantine decidió «combatir fuego con fuego», jamás te había visto experimentar nada que se pareciera a los «nervios». Así que dime la verdad, ¿de acuerdo?
Aurora sonrió con impotencia, colocó una mano sobre la muñeca de Moon, negó con la cabeza y se liberó cuidadosamente.
Que su segunda hermana le apretara las mejillas de aquella manera no le resultaba desagradable en absoluto. Por el contrario, aquella cercanía familiar incluso alivió parte de la tensión que sentía en el pecho.
Aurora simplemente no tenía idea de cómo convencer a su hermana de que estaba diciendo la verdad.
—De verdad no hice nada. Y de verdad estoy… nerviosa.
Dicho esto, Aurora dejó el guion a un lado y se rascó la sien.
Parecía todavía más confundida que Moon.
Recordaba perfectamente todas las palabras que había preparado. Cuando las recitaba sola, tampoco tenía ningún problema. Sin embargo, en cuanto imaginaba a una multitud sentada frente a ella, con todos aquellos pares de ojos mirándola, inmediatamente quería posponer la presentación de la tarde.
Preferiblemente, posponerla hasta que ya no tuviera que hablar en absoluto.
—La verdad, yo tampoco entiendo qué me está pasando. Simplemente… no quiero hablar con nadie que no seas tú. Me hace sentir muy incómoda.
—¿No quieres hablar con otras personas?
La mirada de Moon cambió y sus manos descendieron lentamente.
Recordó la noche anterior en el comedor, cuando alguien se había llevado accidentalmente la cena de Aurora. Su hermana menor claramente quería el plato que había pedido, pero aun así habría preferido comer la comida de otra persona antes que acercarse e iniciar una conversación.
Al final, Noa había ayudado a resolver el problema.
En aquel momento, todo se había solucionado tan rápidamente que Moon no le había dado demasiada importancia.
Pero ahora, al recordar la espalda de Aurora mientras practicaba una y otra vez frente a la ventana, Moon se dio cuenta de lo parecido que era aquello a la manera en que su hermana había permanecido sentada durante tanto tiempo a la mesa el día anterior, incapaz de obligarse a levantarse.
Finalmente dejó de bromear.
Moon miró a su hermana, intentando pensar en algo que pudiera tranquilizarla. Pero justo cuando estaba a punto de hablar, comprendió que ella misma no tenía la menor idea de lo que estaba ocurriendo.
Después de reflexionar durante un momento, sugirió:
—¡Vamos a ver a nuestra hermana mayor! ¡Seguro que ella consigue descubrirlo!
En cuanto lo dijo, la propia Moon se sintió más segura y apretó la mano de Aurora.
Si papá está cerca, acude a papá. Si papá no está, acude a la hermana mayor. Ese es el secreto definitivo de la pequeña Moon para superar cualquier dificultad de la vida.
Aurora también pareció encontrar algo en lo que apoyarse. Asintió en silencio y finalmente se permitió olvidarse de la presentación de aquella tarde, al menos durante un rato.
……
Después de asearse y prepararse, las hermanas se dirigieron a los dormitorios de la Unidad de Dragones Adultos.
Las normas de la Academia Saint Heath eran bastante flexibles: los estudiantes de diferentes cursos podían entrar libremente en los dormitorios de los demás.
Por supuesto, siempre que fueran dormitorios del mismo sexo.
Por el camino se cruzaron con varios estudiantes, y Aurora se acercó inconscientemente a Moon.
Moon lo notó, pero no preguntó nada. Simplemente redujo el paso para que su hermana menor pudiera caminar junto a ella.
Cuando llegaron a la habitación de Noa, la puerta estaba ligeramente entreabierta.
Moon la empujó un poco más e inmediatamente miró hacia la cama de su hermana mayor.
Había supuesto que, a aquellas horas, incluso si Noa todavía no había salido, sin duda llevaría mucho tiempo preparada para comenzar el día.
Pero ¿quién habría imaginado que la famosa adicta al trabajo, que nunca se quedaba holgazaneando en la cama hasta tarde, todavía estaría escondida bajo la manta, dejando ver apenas la mitad de su rostro mientras dormía plácidamente?
La mano de Moon quedó inmóvil sobre la puerta.
Miró hacia el otro lado de la habitación.
Helena estaba cómodamente recostada contra la cabecera de su cama, con una novela apoyada sobre las rodillas. Estaba tan absorta en la lectura que ni siquiera apartó los ojos del libro cuando Noa se dio la vuelta y apartó de una patada una esquina de la manta.
—Buenos días, hermana mayor, Helena.
A pesar de lo extraña que resultaba la situación, Moon las saludó como de costumbre y entró en la habitación.
Al escuchar su voz, Helena simplemente levantó los ojos durante un instante antes de volver a bajarlos hacia la novela.
Ninguna respuesta.
Ninguna de sus familiares sonrisas amables.
La sonrisa todavía permanecía en el rostro de Moon, y ahora no sabía si debía borrarla.
Miró a Helena con incertidumbre. Al principio, Moon supuso que simplemente había llegado a un pasaje especialmente interesante y que sin duda levantaría la cabeza cuando terminara el párrafo.
Pero Helena ya había pasado la página.
Aurora se escondió cautelosamente detrás de Moon y preguntó en voz baja:
—Segunda hermana, ¿hiciste algo sin querer que enojara a Helena?
—No —respondió Moon, confundida.
—¿Entonces por qué nos está ignorando?
Moon se encogió de hombros, pero esta vez no consiguió reírse como de costumbre.
Por el momento, dejó de lado aquella rareza y se acercó a la cama de Noa. Después de todo, le preocupaba más que su hermana mayor siguiera dormida.
Noa dormía profundamente. Una mano descansaba junto a la almohada y la manta estaba enrollada desordenadamente alrededor de su cuerpo. Su postura difícilmente podía considerarse elegante; más bien demostraba lo poco que deseaba despertarse.
—Hermana mayor, despierta. Hace muchísimo que salió el sol.
Moon la sacudió cuidadosamente por el hombro.
Noa emitió un sonido indistinto, frunció el ceño durante un momento y luego se dio la vuelta, hundiendo todavía más el rostro en la almohada.
Moon colocó las manos sobre sus caderas y esperó un rato.
Pero, en lugar de abrir los ojos, Noa simplemente volvió a respirar de manera uniforme.
—Hermana mayor, ya dormiste suficiente. ¿Estás enferma?
Ahora la sonrisa desapareció por completo del rostro de Moon.
Se inclinó, apartó el cabello de la frente de Noa y apoyó sobre ella el dorso de la mano. Después de mantenerla allí durante varios instantes, se tocó su propia frente con la otra mano y comparó cuidadosamente las temperaturas.
—No parece tener fiebre… Entonces, ¿qué demonios está pasando?
—¿Podrían bajar la voz?
La pregunta cortante llegó repentinamente desde el otro lado de la habitación.
Moon todavía tenía la mano apoyada sobre la frente de Noa, pero se quedó paralizada.
Aurora encogió instintivamente los hombros y se acercó otro medio paso a su hermana.
Ambas se dieron la vuelta.
Helena ya había apartado el libro.
Todavía mantenía un dedo entre sus páginas para no perder el lugar, pero tenía las cejas profundamente fruncidas. Su mirada pasó de Moon a Aurora, y la irritación que reflejaba era completamente evidente.
—Entran en la habitación de otra persona a primera hora de la mañana, saludan y luego se meten como si nada. Ahora están haciendo ruido como si no hubiera nadie más aquí. ¿Pueden dejar de gritar? Son realmente insoportables.
Las palabras salieron tan rápidas y cortantes que Moon ni siquiera tuvo tiempo de explicar nada. Aquel tono desconocido de Helena simplemente la dejó sin palabras.
¿Qué demonios está pasando hoy?
¿Helena, a quien todos conocían por ser amable y tener tan buen carácter, acababa de hablarles de aquella manera?
No era el tipo de persona que perdonaría absolutamente cualquier cosa, pero su paciencia siempre había parecido casi ilimitada. Incluso a la pequeña Noa, que apenas hablaba y solo pensaba en entrenar, Helena le había enseñado pacientemente a relacionarse con los demás, paso a paso, hasta que poco a poco se volvieron cercanas.
Moon podía comprender perfectamente que una visita demasiado temprana pudiera molestar a alguien.
Pero jamás habría esperado escuchar aquellas palabras precisamente de Helena.
Aurora bajó la cabeza y sujetó discretamente entre los dedos el borde de la ropa de Moon. La tensión que apenas había conseguido aliviar volvió a reflejarse en su rostro.
Al notarlo, Moon se desplazó instintivamente hacia un lado, protegiendo a su hermana menor de la mirada de Helena.
Había llevado a Aurora hasta allí para pedirle consejo a su hermana mayor.
Pero su hermana mayor seguía durmiendo con la manta sobre la cabeza, mientras que Helena se había vuelto repentinamente tan intimidante que daba miedo acercarse a ella.
Y ahora, de pie en medio de aquella habitación tan familiar, Moon se dio cuenta de repente de que no tenía la menor idea de a quién debía acudir.
Se mordió el labio y apretó inconscientemente la mano que tenía libre.
Todos se están comportando de manera extraña esta mañana… ¿Qué demonios ha ocurrido?
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